LA CORRUPTA SOMBRA DE UN INEXISTENTE

Autor: LOBO FANTASMA / Añadido: 19.06.18, 16:00:02

  Apenas se ve nada de aquel cuartucho. La luz tan sólo alumbra una zona de ese pequeño habitáculo; hay tanta oscuridad y tan poco mobiliario que uno no puede evitar fijarse en el sonido de la vieja—y ya defectuosa— instalación eléctrica recorriendo esa pequeña estancia. Quizás esa era la intención de quien la construyó así, conocedor de la manía que tenemos los seres humanos de catalogar y querer controlarlo todo, para sentirnos a salvo, dentro del cubículo de nuestras convicciones.

  Hay alguien sentado en la «zona oscura» de la habitación, quizás también movido por la necesidad de tener que controlarlo todo, quizás con la intenciónde poner a prueba a su visitante. Nadie le había visitado o contactado en años, por eso debe mantener el control total de la situación. Fue avisado de que esa persona quería citarle desde hacía dos semanastiene contactos por toda la ciudad, e incluso se atrevería a presumir que por todo el globo terráqueo—, esta visita es alguien a quien le gusta no solo mantener el control, sino observar cada mínimo detalle, ese ha sido siempre su secreto para llegar hasta donde había llegado.

  La puerta se abre con un fuerte quejido otra forma más deponer a prueba la moral del visitante, a la mujer que la rebasa se le nota que pasa horas en el gimnasio, clara evidencia de que quiere gustara los hombres, ergo, tiene un defecto de autoestima a tener en cuenta; su vestido rojo resalta y conjunta muy bien con el verde de sus ojos, que son coronados por el rubio de su largo pelo rizado. Se acerca con paso firme, el taconeo y la fuerza de sus pisadas pretenden demostrar una arrogancia salida incluso de los guiones establecidos por la sociedad, otro signo más que revela su falta de autoestima.

  A pesar de estar nerviosa, interpreta muy bien su papel de no estarlo, parece que sus años de terapia psicológica han sido bien aprovechados al menos es lo quepiensa la persona que se guarece en la penumbra del otro lado de la habitación.

            Yevgeny, he de suponer —dice ella con tono seco y tajante.

  El hombre oculto tras la sombra de la habitación sonríe con malicia y un gesto torcido en el mohín de sus labios.

            —Ese es uno de mis nombres, aunqueprefiero que te refieras a mí como Nayden, ¿estás de acuerdo Elena? —puntualiza el hombre, revelando por fin su acento de los países del Este.

  La mujer se sobresalta un poco, hasta tal punto que casi pierde por completo su máscara de mujer fuerte y arrogante —otro signo más que revela a Nayden la poca autoestima de su interlocutora—.

            —¡Vaya! Me advirtieron que es usted un hombre que tiene control sobre mucha información, ¿pero hasta tal punto? —señala ella en un burdo intento de conseguir tiempo suficiente, para recomponerse y volver a calzarse su máscara de mujer implacable.

            —¡Por favor! ¡Tutéame! Si no tenemos la misma edad es muy posible que seas incluso mayor que yo —espeta con una leve risa.

  Elena se remueve un poco, elinsulto oculto en esa afirmación le ha dolido, mucho. Ahora Yevgeny está seguro de que ejerce un control completo sobre la situación y la invita a sentarse, señalándole la silla que tiene frente a sí, con una mano y una sonrisa sardónica en el rostro.

            —¿Cómo has dado conmigo? —pregunta Yevgeny con un tono de voz tan duro, que muestra la molestia en su gesto, aun estando oculto tras la sombra.

   Elena se siente inquieta, nota el poder y el dominio que ese hombre ejerce sobre ella, la tiene contra las cuerdas. Pero tiene que seguir fingiendo que se siente segura, si se derrumba puede echarlo todo a perder.

            —No ha sido nada fácil, ¿para qué te voy a mentir?

            —¡Oh! Te descubriría si lo hicieras y no me gusta que me mientan —esputa Yevgeny casi con asco.

   A pesar de que su voz ha recobrado su tono jocoso, no queda duda de que hay una más que clara amenaza en sus palabras —al menos así lo siente Elena—, a la mujer le ha quedado bastante claro que esa situación no es un juego y que debe tomar muy en serio a Yevgeny.

            —Han sido años de investigación conjunta con un miembro del grupo nueve del Cuerpo Nacional de la Policía —comienza a explicar ella.

            —¿Cómo está el inspectorPeláez? —pregunta Yevgeny jocoso.

  Elena vuelve a quedarse perpleja ante el dominio del control de su interlocutor, pero decide no dejarse aplastar tan fácilmente y demostrar que es una mujer fuerte.

            —Está genial, después de cerrar el caso más duro de su carrera. Fue poco después de unir fuerzas conmigo cuando las pistas se revelaron una tras otra —responde ella, presumiendo con aire de superioridad.

  A Yevgeny se le escapa una corta carcajada.

            —¿Y quién crees que hizo llegar esas pruebas a vuestras manos como por arte de magia? —pregunta divertido.

  Elena vuelve a sentir ese latigazo por saberse dominada por este sujeto.

            —¡Claro!, ahora vas a decirme que fuiste tú —escupe ella claramente ofendida.

            —Por supuesto que no, fueron mis colaboradores.

  Elena arquea una ceja.

            —¿Colaboradores? ¿Acaso te traicionaron?

            —No. Todo esto formaba parte de un plan.

            —¿Qué plan?

            —El que ha demostrado que vuestro sistema político, legislativo y judicial es una patraña; cualquieracon dos dedos de frente podría haber logrado lo que yo.

            —¿Y qué has logrado?

            —¿Estás dispuesta a escuchar con la mente abierta?

            —Sí, por supuesto.

            —¿Qué hacen un yugoslavo cuya madre fue violada por los cascos azules, un africano huérfano y un español militar que ha perdido a su mujer e hijo árabes, por daños colaterales en la guerra?

            —¿Es el comienzo de un mal chiste?

  Yevgeny sonríe satisfecho.

            —Deja que te cuente el mal chiste…

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