“Angel cautivo”: un amor condenado por Dios

Autor: Luisa Conejo / Añadido: 28.05.19, 07:45:00

"Wolf había despertado hacía ya rato, pero estaba intentando no moverse, no queriendo despertar a Ángel.

Su ángel. 

Mordió su lengua ante el pensamiento, como si con ese simple gesto la idea fuera a desaparecer.

Suyo.

Dios, se sentía tan suyo. 

Extendió su mano, sintiendo como su corazón se llenaba con el sentimiento. De verdad se sentía suyo. Apenas se permitió tocarlo, la punta de sus dedos casi flotando sobre la piel suave y sonrosada de sus mejillas. Las yemas bailando en una caricia suave, tan tan suave como el aleteo de una mariposa... Cálido, su pecho se llenó de una calidez que nunca antes de Ángel sintió.

Su mirada recorrió aquel rostro perfecto. No había otra palabra para definir a un ángel y mucho menos al suyo –siempre lo pensaría como suyo–: perfecto. Simplemente, Ángel era perfecto, físicamente perfecto. 

Aun cuando estuviera lleno de imperfecciones, Wolf se encontró amando cada una de ellas: porque ellas lo habían traído hasta él. Fue el mayor defecto de Ángel –creerse superior y dueño del destino de sus hermanos– lo que unió sus destinos aquella noche en la subasta de ‘Deseos de ángeles’.

Su cuerpo se encontró moviéndose más cerca de Ángel. Todavía sin llegar a tocarse, simplemente atraído por él. Últimamente no podía obtener suficiente de él, se sentía como un adicto necesitando una dosis diaria. Ángel lo hacía sentir vivo; tanto que sin él no sabía cómo viviría, tanto que llegó a considerar pedirle quedarse mientras viviera...de cualquier manera ya no sería mucho. 

Pero la idea de ser rechazado lo detenía. Simplemente imaginarse que, incluso después de saber todo, Ángel pudiera decir “No”, dolía... 

Su mano se movió de su rostro hacia su cuello, tocó más de lo esperado cuando Ángel se movió entre sueños, sintió su pulso acelerarse bajo su pulgar. Wolf acarició y Ángel se quejó hasta que sus murmullos se convirtieron en suaves gemidos entrecortados. Sus labios se separaron y él se removió, arqueándose, buscando más...

El movimiento provocó que las delgadas sábanas cayeran más allá de sus caderas. Los oscuros ojos de Wolf se fijaron en el hueso afilado, la marcada línea de esa sexy V, el abdomen plano... Él quería aferrarlo con sus manos hasta probar cada centímetro de él, porque sí, todavía lo deseaba; pero también quería aferrarlo para no soltarlo nunca, porque... 

Wolf cerró los ojos y sacudió la cabeza; como si así pudiera sacudirse la idea, sacársela del corazón.

Amor. 

No podía ser amor. No podía. No cuando precisamente por amor estaba así. No cuando Ángel se iría... 

Aunque que había dicho aquella hermosa heroína de sus libros, Tessa, "¿amores merecen el dolor de perderlos?" 

¿Lo hacían? ¿De verdad?

Wolf suspiró y alejó su mano que había estado a punto de arrastrarse a través de esa tentadora cadera. Ángel se quejó todavía dormido, como si incluso en ese estado sintiera la pérdida de una caricia que nunca llegó. 

Wolf miró la línea que iba desde las costillas de Ángel hasta sus caderas, siguiendo la curva que descendía por sus piernas... Era perfecto. Ángel no era nada como Stella y, sin embargo, era perfecto. Perfecto, puramente perfecto. 

Había pensado que ella lo era... Hoy sabía que no fue así, él se había equivocado. La perfección estaba hoy frente a él.

“Si tuviera alma —Wolf pensó—, con gusto te la daría, mi hermoso ángel rebelde. Ángel necio”. 

Se acercó una última vez. Un poco más en esta ocasión. Su nariz se arrastró sobre el pecho de Ángel, sintió el roce de piel contra piel, inhaló el aroma dulce y celestial que juraría que llenaba sus pulmones de vida, sintió el latir del corazón que ahí habitaba y que en otras circunstancias habría luchado por llamar suyo..."

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