Alas de Cenizas

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Prologo

Valle Del Tuy, Venezuela

Enero 1501

            El hijo de Samyaza era un ser oscuro, alguien que solo buscaba dañar a otros. Seguía los pasos de su padre, y eso lo demostraba con solo el andar. Acababa de fraternizar forzosamente con la hija de un comerciante de la zona; podía hacer lo que quisiera, nadie podía juzgarlo y él lo sabía; lo conocía mejor que nadie desde que comenzó la guerra de la que nadie estaba enterado.

            No tenía más que sus pies para andar, su caballo lo abandonó al percibir el aura oscura de su ser, y aunque podía llegar a cualquier lugar con solo mover las cenizas, decidió prevalecer con sus sentidos mundanos. Se colocó bien las botas y salió camino a la nada con las manos en los bolsillos. Podía andar por cualquier lugar de la tierra con la oscuridad cerniéndose sobre ellos debido a la familiaridad que poseía con ellas, aunque la soledad que lo embargaba solía jugarle unas muy malas jugadas.

            El sujeto percibió un movimiento por el rabillo del ojo, y giró de repente deteniendo su andar centrándose en la figura temblorosa que notaba a escasos seis metros de él. Lo que a simple vista parecía una joven delicada y de facciones fantasmales resultó ser un gran ejemplar de su enemigo. Un ángel, ni de piedra, mármol o cualquier manifestación que los mundanos podían llegar a hacerle, la niña frente a él tenía todas las facciones de los habitantes de esa zona. Aunque tenía un claro deje de conservación hacía su persona.

– ¿Quién te ha enviado?

            El cuerpo de la niña dio un respingo de miedo ante tales palabras y temerosa lo miró con esas esferas tan azules como lo era el cielo que los cubría con su manto.

 – ¿A qué categoría perteneces? – preguntó el chico agotándose lentamente su paciencia.

– ¿De qué me estás hablando?

            El chico sacudió la cabeza de forma pesarosa, dio dos pasos hacía ella y con el ceño fruncido evaluó cada una de sus facciones. Era todo un ángel, de eso no tenía dudas, incluso su vocabulario la delataba, pero ¿Por qué no le temía como muchos otros?

– ¿Quién eres tú?

            No le temía. Parecía estar absorta de todo lo que su mundo representaba.

– Soy el hijo de Samyaza – respondió el chico con firmeza buscando el respeto que ella no le estaba dando – Pertenezco a los terrenos del diablo mismo.

            Ella no trastabilló, solo lo observó con mayor admiración y ladeo una sonrisa. Era inocente y podía matarla en un golpe, pero algo en ella le decía que no era lo correcto  y no era el aura que su alma despedía. El chico pasó una mano por su oscuro cabello y miró a los lados en busca del enemigo; en cualquier momento podrían atacarlo si lo que él piensa se hace realidad.

– ¿Qué nombre te han dado para llegar a este mundo? – Dijo el chico tomándola de los hombros y mostrándole el color extraño de sus ojos en busca de hacer que corriera despavorida de él.

– Claribel.

            Un escalofrío que no era exactamente de repulsión se extendió a través del cuerpo del chico. La soltó dando la vuelta para evitarse más problemas de los que ya tenía y guardó las manos en sus bolsillos.

– Deberías volver con tus padres, ángel – ordenó el chico con voz ronca recibiendo de forma gustosa la tormenta que cayó sobre ellos.

– No tengo padres.

            Abrió los ojos sorprendido por tal falta de conocimiento, y aunque quería ir a preguntarle todo sobre su enemigo, no era capaz de callar ese órgano del que alguna vez pensó que era prescindible y sin sentido, se giró hacía ella parpadeando a través de la lluvia, vio su vestido blanco adherirse a su piel y frunció el ceño.

– ¿Eres un Grigori?

            Era la única explicación razonable que podía conseguir ante tal asunto. La chica, ángel, caído. Quienquiera que fuera, solo se acercó a él con curiosidad iluminando sus esferas claras.



Laczuly0711

Editado: 22.11.2018

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