Amor De Madre

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AMOR DE MADRE

Verkhoyasnk, Siberia (Rusia), el lugar más frío e inhóspito de la tierra, de seguro lo habrán escuchado mencionar, ya que es el único lugar del mundo donde se ha registrado una temperatura  que ha descendido hasta los - 69,8°C. Dentro de los 1500 habitantes que lo constituyen tuvimos la mala fortuna de ser parte de ellos, corría el año 2009; hacía seis meses había perdido a mi padre debido a las crueles temperaturas que aquí se presentaron al inicio del año, yo era el mayor de seis hermanos y vivíamos con mi madre en una pequeña pero confortable cabaña que mi padre había construido a su vez dentro de una especie de iglú cuyo interior estaba revestido con piel de animales para proporcionarnos calor y seguridad en este apartado lugar. Nos dedicabamos a la cría de carcayus (glotones) que allí aprovechabamos

para alimentación y por su valiosa y apreciada piel muy apta para sobrellevar estos penosos climas.

Eran tiempos difíciles, los peores que mi mente infantil pudiera recordar, el alimento escaseaba y habíamos perdido la mayor parte de nuestros carcayus porque no podíamos brindarles la carne que era su principal fuente de alimentación ;
Recuerdo que solíamos esperar que murieran de hambre para luego poder alimentarnos de sus cadáveres, los cuales mi madre preparaba adobados con sal y especias que era lo único que todavía se encontraba en nuestra alacena.  Su carne era gris y almizclosa pero la recibíamos como el mejor manjar ya que llegábamos a pasar hasta cuatro días sin comer algo distinto a nieve e insectos que mamá nos enviaba a recolectar en una panadería abandonada a pocos kilómetros de nuestra cabaña.
Con el tiempo, la escasez y la horrible hambruna que se vivió en la región hizo que terminarán por robarnos los últimos tres carcayus que nos quedaban.  Después de ser los comerciantes más ávidos de la región, ahora no eramos más que un montón de muchachitos hambrientos, esqueléticos y desarrapados que acompañaban a una madre angustiada, acongojada y enferma por no poderles brindar ni lo  más básico a sus hijos.

Además de los insectos que solíamos recolectar, la nieve y una que otra baya silvestre, recuerdo a mi madre utilizar los zapatos de cuero y correas de mi padre para preparar un potaje que tardaba el día entero en cocinarse para que pudiéramos consumirlo. A mi hermano menor que en ese entonces contaba con dos años mamá le daba el agua de la nieve derretida con un poco de miel o de azúcar que mi madrina solía conseguir en los restaurantes del centro de Moscú donde alguna vez trabajó.  Recuerdo tristemente la noche que mi hermanito nos dejó, lloró y lloró toda la noche mientras yo acariciaba su ensortijada cabellera; el hambre, la desidratacion y el cansancio hicieron mella en su infantil y reducida figura hasta que terminaron llevándoselo de nuestro lado, 
de seguro a un mejor lugar... un lugar donde seguramente no pasaría por tantas penurias ni tendría que soportar el frío del que tanto se quejaba. 

Extrañamente con la muerte de mi hermanito, le siguieron unos días en los que mamá consiguió hacer que pudiéramos ir a dormir con nuestros estómagos llenos.... ¡ Si tan solo Alexander hubiera resistido un día más.!.. hubiera podido disfrutar de un sudado de carne como no lo pudimos disfrutar en meses.  A pesar de contar esa semana con carne suficiente para llenar nuestras panzas, mi mamá se mostraba visiblemente afectada, llorosa y me atrevería a decir que atormentada, pues solo la escuchábamos como lloraba y se quejaba en su habitación sin probar bocado alguno. De seguro era por el dolor que le causaba la temprana muerte de su hijo.  Al final de la semana nuestra reserva de carne empezaba de nuevo a escasear y mi madre se vio abocada a vender el único objeto de valor que nos quedara de mi padre: su viejo reloj de bolsillo, el cual conservaba en su mesita de noche en una pequeña bolsita de terciopelo rojo.
Yo estaba aterrado de que mi mamá 
justamente buscará ese reloj puesto que un día jugando  con mis hermanitos alguno lo dejo caer y yo en mi carrera lo pise por accidente y terminé por arruinarlo, sólo lo guarde de nuevo y decidí olvidar el asunto.

Mamá encontró el reloj y al verlo en ese estado lloró amargamente... me sentí tan culpable que terminé por contarle la verdad.  Ella con la ternura que la caracterizaba acarició mi rostro, beso mi fente y me aseguró que lo repararia y aunque no le darían lo mismo que si estuviera nuevo sería lo suficiente para que pudiéramos comer por un buen tiempo.  Esa noche la pasó en vela tratando de recomponerlo, lo sé porque pude escuchar sus quejas y la manera como rogaba a Dios para poder hacerlo y así no tuviéramos que correr la misma suerte que su bebé... se me hizo un nudo en la garganta y decidí entonces que costará lo que costará no iba a permitir que mis demás hermanos y mi mamá corrieran la misma suerte que mi hermanito menor.

Cuando desperté al día siguiente recuerdo que mamá estaba ya arreglada para partir...
- amor, no te preocupes!! .. Ya pude reparar el reloj y viajaré a la ciudad para venderlo, y en cuanto pueda llegare con mucha, mucha comida y ya nunca más pasaremos necesidades.
Ese día partió, no sin antes pedirme que le agregara algunos insectos que recolectara al potaje que había elaborado con el último pedazo de zuela de los zapatos de mi padre ; también me pidió que tuviéramos la mesa decorada para su regreso ya que festejariamos que las vacas flacas terminarían y nunca más pasaríamos necesidades.



Eider Abamka

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En el texto hay: sacrificio, amor de madre fortaleza dolor, sobreviviencia

Editado: 13.01.2019

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