Arcanum I: secretum arboris celticae ab vitae

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Historias druídicas

Aquella noche vacía de estrellas, la luna alumbraba llena de candidez en el pequeño bosque ubicado al final del gran valle de Eilsídhe. Bajo su lumbre se encontraba un grupo de varones con distintas edades que vestían ropajes verdes que cubrían la mayoría de su cuerpo. Todos ellos eran druidas que luego de varios días recolectando las maderas de los trece árboles sagrados, por fin tenían lo necesario para entablar comunicación con ese enigmático ser de poder más grande que cualquier divinidad conocida.

Ellos se acomodaron en un gran círculo, cada uno representaba un árbol; siendo el roble el de mayor importancia, a este se le asignó el mejor druida.

La calma en el sitio era impotente. Ni el menor de los ruidos se notaba. Excepto por las respiraciones humanas.

« ¿Cuánto tiempo más habremos de esperar por una señal?», se quejó Blaine; uno de los druidas con mediana edad. Sus pensamientos eran intranquilidad pura y su concentración inadecuada, le impedían estar en paz. Él quería apartarse, pero no sólo de su sitio; también de su condición como druida. Él anhelaba formar una familia para tener un nuevo comienzo en su vida. Varios de sus compañeros lo sabían, pero decidió asistir al evento porque conocía su importancia.

Asentó su respiración. Miró a Cinne cuya concentración le sorprendía, pues este, a pesar de estar medio día esperando, su postura continuaba intacta y firme sobre aquella gran vara hecha de maderas de fresno.

— ¡Dejad la desesperación de lado que en nada os servirá! —gritó Driskoll; el druida más sabio, aquel que representaba al sagrado árbol del roble—. Reconozco a los impacientes sin verles la cara porque sus pensamientos se cuelan entre nosotros e impiden que la magia funcione. Una vez más os digo: esperad, concentraros al máximo y veréis los resultados —soltó sapiencia pura mientras hacía chocar su vara contra el suelo verde.

Sus palabras fueron tan potentes que aquellos desesperados, calmaron sus pensamientos. Gracias a él, Blaine se templó sumergiéndose en su mente; pensando en el poder que en sus adentros tenía. Una invisible aura empezaba por envolverle. Con el resto pasó igual.

De repente, una inusual ráfaga de viento impactó el rostro de los trece presentes. Driskoll se sorprendió que por poco botó su vara mágica, él no esperaba una señal tan fuerte.

—Rápido, ¡repetid siete veces el nombre de su árbol! ¡Siete veces! ¿escucharon? —ordenó con voz potente. Los demás cerraron sus ojos.

«Coll», repitió Blaine siete veces en sus adentros.

Entonces, la ráfaga volvió a presentarse girando alrededor del círculo de druidas y obteniendo la energía correspondiente a cada árbol sagrado. Tras hacerlo se transformó en una poderosa luz blanca que a más de uno hizo recorrer por su esplendor.

«Druidas de las tierras de Eilsídhe, he visto su acto y mi sorpresa fue grata al ver que ustedes tienen un gran conocimiento mágico sobre la amada naturaleza. Obviando lo anterior, dejadme presentar. Mi nombre es Gran Ente; la criatura creadora del universo en su basta totalidad. Yo soy masculino y femenino a la vez; día y noche; bien y mal; vida y muerte; y soy todavía más cosas. Yo vi el nacimiento de la Gran Madre y sus hijos; además de las invasiones y también conozco a todas sus divinidades.

Yo he venido para informarles sobre un secreto místico que las druidesas ya conocen. Verán, debido a la maldad y la vileza de los humanos, he decidido que alrededor del mundo, nacerían seres mágicos llamados zodiacos; todo con el objetivo de poder rectificar a los hombres y mujeres o hacer que entren en paz. Esto pasó en tierras desconocidas para su pueblo.

Zodiacos nacieron, crecieron y cuando creí tener la situación bajo control, sucedió lo contrario. Mis propios hijos me traicionaron empezando a pelear entre sí. Sus acciones me decepcionaron, pero me hicieron entrar en razón a la vez. Gracias a ellos, yo creé a los "arcanos" seres que se encargarían de vigilarlos.

Hasta ahora, entre su pueblo, ningún zodiaco nació, mas el tiempo se acerca. Estos nacerán bajo el seno de un clan poderoso. Estense atentos que ellos y ellas tendrán relación directa con el Crann Bethhadh custodiado por la diosa Fand.

Yo os recomiendo grabar mis enseñanzas en piedra. De esa manera, solo druidas o druidesas podrán saber su significado».

Tras dar advertencia, Gran Ente desapareció en forma de un humo blanco que ascendió al cielo.

Los druidas estaban admirados y confiados en las palabras del ser. Sin perder su tiempo cogieron sus herramientas, utilizando el alfabeto de Ogmios, grabaron en piedras lo dicho por el superior.

Cuando llegó el amanecer, las escrituras estaban completas.

—Nuestro deber aquí terminó. Los normales no sabrán que está escrito. Podemos volver a los asuntos de la corte o a ver cómo va la labor de los ovates —inquirió Driskoll viendo al resto.



Kalú Santa Cruz

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En el texto hay: personajes poderosos, heroes, zodiacos

Editado: 30.05.2018

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