Blody (un Crimen Perfecto)

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Prólogo

Todo alrededor era muy raro y confuso, Marlene no sabía dónde se encontraba y el miedo se apoderaba de ella a cada momento, los segundos parecían eternos, envueltos en un minutero aterrador lleno de oscuridad, la cual, hacía que cada fibra su piel, sintiera la confusión extrema a lo desconocido. Intentó moverse, reuniendo toda su fuerza, pero al poco tiempo se dio cuenta que aquello le resultaría imposible, solo miraba a su alrededor para tratar de ver y comprender aquello que le impedía escapar de tan terrible pesadilla. Aún traía puesto el uniforme del colegio, y eso la tranquilizó, también pudo notar que no estaba atada a nada, solo se encontraba arriba de una camilla de operaciones que usan los médicos.

Era fría, demasiado helada, lo que provocaba que un ligero escalofrío recorriera su espalda, y acrecentara el miedo. No podía moverse, pero aún podía sentir algo, y eso era algo bueno, pensó. Sentía todo su ser entumecido, su cuerpo recibía los estragos de leves mareos, cada poro de su piel se encontraba congelado, ya que hacía frío en aquella habitación que tanto le daba pánico. Pero una pregunta le rondaba por la mente una y otra vez, la cual atormentaba su ser con cada segundo que transcurría, ¿Qué demonios hacía ahí?

 

Marlene no era una chica tonta, sabía que si entraba en pánico no lograría nada, así que se tranquilizó pero no lo suficiente como para presentir que algo malo iba a suceder. Miró por segunda vez aquella habitación escalofriante tratando de analizar la situación en la que se encontraba. Se dio cuenta que olía a algún químico que no lograba descifrar, pero que era parecido al de las sustancias mezcladas que usan en los salones de belleza cuando sacan o aplican productos para el cabello. Todo en aquel lugar le parecía algo familiar, era como si hubiera estado ahí antes, pero por más esfuerzos que hacía, no lograba recordar. En un intento desesperado quiso cerrar los ojos pero aquello le asustaba, pensaba que si lo hacía no volvería a despertar nunca más, así que pronto descartó esa idea.

 

— ¡Intenta recordar Marlene! —se dijo a sí misma, como un grito de silencio para sus adentros.

 

De pronto, algo le llamó la atención, ¿Cómo había sido tan estúpida? No podía hablar, algo se lo impedía y eso ya lo sabía, lo que la hizo reaccionar era el gran hormigueo que sentía en la lengua y que llegaba hasta la garganta. Sentía toda su boca adormecida, estaba mal. Marlene hizo un intento por recordar cómo es que había llegado hasta ahí, no quería entrar en pánico, después de todo ella era del tipo de personas que piensan con la cabeza fría, no dejándose influenciar ni dominar por la situación que se les presente. Entonces recordó que el profesor de literatura inglesa les había dejado bastante tarea, pero a ella se le había olvidado ir a la biblioteca para buscar un libro con la suficiente información que requería, aquel era un colegio muy estricto, por lo que no tenían permiso de usar computadoras, a menos que sea en el horario correspondiente que las reglas de la institución establecía, y bajo la supervisión de un maestro, pero ya era demasiado tarde, eran las once de la noche, la hora exacta en que el colegio cerraba sus puertas, incluyendo todas las aulas, laboratorios e incluso la cocina. Así que decidió arriesgarse, ya que no quería defraudar a nadie, ella era una de las alumnas más inteligentes del colegio, y le había costado bastante entrar en una Universidad con tanto prestigio, y más le costó desprenderse de su madre. Tomó el suficiente valor y salió sigilosamente de su dormitorio, la biblioteca se encontraba en el primer piso, y ella estaba en el octavo piso, sabía que si la atrapaban todo acabaría, era una misión nocturna y suicida, pero en esos momentos para ella valía todo, no quería perder la beca que con tantos sacrificios había logrado obtener. Caminó despacio y a pasos seguros pero silenciosos por el octavo piso, tratando de no despertar a ninguna de sus compañeras, ya que si lograban verla irían con la directora para acusarla, ella no era muy querida pero si era muy envidiada entre todas por sus altas notas.

 

Cuando llegó al ascensor se detuvo, y prefirió bajar por las escaleras para no hacer nada de ruido. Hacía frío pero era soportable, estaba muy nerviosa pero era todo o nada, al llegar al primer piso se sintió aliviada ya que llevaba algo de ventaja en su plan. A pesar de lo oscuro de su alrededor, podía ver debido a la luz de la luna que se filtraba por las ventanas, eso le era de gran ayuda. Al llegar a su destino y estando frente a la biblioteca algo le llamó la atención, y es que la puerta se encontraba abierta, sintió que le quitaron un peso de encima ya que no tendría que acudir a las mañas que aprendió en la calle cuando era niña de abrir puertas con dos alambres. Pensó que quizá el encargado de la biblioteca aún se encontraba adentro, así que decidió entrar pero no había nadie, se encontraba completamente oscuro y no había señales del encargado.

 

— ¿Hay alguien aquí? —preguntó adentrándose más y más.



Monika Bennett

Editado: 27.10.2018

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