Cartas al Viento

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Prólogo

10 años después 

Querido Lucas:

Aún recuerdo como mis mejillas se sonrojaban cuando, por coincidencia o no, nuestras miradas se cruzaban en el medio de la clase.

También recuerdo, con suma claridad, aquel momento cuando tus labios pronunciaron las palabras más bonitas que jamás había escuchado.

“Yo te quiero, nunca lo dudes”, susurraste con encanto, pero cuando me volví para verte el destino te había arrancado de mi lado.

La lluvia de abril presagió la eterna desolación que se apoderaría de mi vida, y aquel sitio donde te amé, ese que fue testigo del final de nuestra historia y del principio de mis lamentos, se convirtió desde entonces en el único faro de esperanza.

He de confesar que regresé a nuestra cápsula sellada de los recuerdos una infinidad de veces, y aunque soy amargamente consciente de que las posibilidades de encontrarte allí son nulas, nunca dejaré de buscarte.

Ni siquiera los sueños más realistas son capaces de ofrecer tanto consuelo como aquel sitio, donde las imágenes borrosas que guarda la mente se aclaran y cobran vida, alzándose entre las tinieblas con el vigor necesario para apaciguar la agonía.

Regresaré a tus brazos cada noche, en cada sueño; sólo de ese modo encontraré el consuelo para seguir resistiendo.



Julina Hessen

Editado: 03.05.2019

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