Despertar

Tamaño de fuente: - +

1. Despertar

Respiro. Abro los ojos. Luz. Sombras. Los vuelvo a cerrar. Respiro.

Abro los ojos. Oscuridad. Todo está borroso. Respiro. No veo nada. Los cierro. Respiro.

Respiro. Respiro. Tiemblo. Abro los ojos. Algo se mueve de un lado a otro. Lo sigo con la mirada, pero sigo sin distinguir qué es. No oigo nada, pero sé que hay ruido. Alguien grita. Respiro. Cierro los ojos. Estoy cansada.

Abro los ojos. Alguien me habla. Hay mucha luz. No oigo nada. Veo una persona, sus facciones siguen siendo borrosas. Consigo mover mi cabeza. Sigo desorientada. No entiendo nada. Estoy agotada. Cierro los ojos y respiro.

Abro, una vez más, mis ojos. Hay menos luz. Siento el tacto en mi mano. Oigo ruido. Oigo una palabra. AlbaAlba... ¿Quién es Alba? ¿Dónde está Alba? ¿Qué pasa? Siento mi boca seca. Quiero hablar. Abro mis labios. Sólo respiro. Quiero hablar. Es una mujer. Habla. Es ella la que me coge la mano. Es ella la que habla. Me gusta su pelo, es bonito, es rubio. Quiero hablar, y no puedo. Quiero decir "hola", no quiero ser antipática. No quiero que se vaya. Soy incapaz. Sólo, cierro los ojos. Otra vez.

Los abro, respiro; no quiero quedarme sin fuerzas. Hay luz, poca. Siento un peso sobre mi abdomen. Es ella, la mujer rubia. Está echada sobre mí. Tengo que reunir fuerzas, he de hablar, no puede irse. No quiero estar sola. He de hablar.

—Ho..hola... —consigo decir, por fin.

La mujer se estremece. Despierta. Ahora. No puedo dejar que se vaya, tengo que hablar.

—¿Dó...dón..de es... —respiro— ...toy?

La mujer me mira, es mi oportunidad. No puedo dejar que se marche. ¿Por qué me mira así? ¿He hecho algo malo? Le brillan los ojos. No quiero que se vaya. Volveré a intentarlo.

—¿Dónde... estoy...? —repito con todas mis fuerzas.

La mujer tiene los ojos húmedos. ¿Por qué llora? ¿He dicho algo malo? Estoy muy cansada. Voy a cerrar mis ojos. No quiero. Los cierro pero los vuelvo abrir. No quiero que se vaya. Oigo Alba de nuevo. Más fuerte. Siento su abrazo. Huele a lilas. Es muy agradable. Es cálido. No quiero que se separe. Está temblando. Está gritando. Está llorando. ¿Está triste? ¿Por qué está triste? ¿Le desagrada que haya hablado? Hay algo que va mal... No puedo más. Y vuelvo a cerrar los ojos envuelta en su abrazo.

Cuando los vuelvo abrir, ella sigue conmigo. No se ha ido. Esta vez puedo verla mejor. Tiene lágrimas en los ojos, entonces ¿por qué sonríe? Sigo sin entender nada. Tiene unos ojos bonitos, pero parece cansada, se recalca una sombra debajo de ellos. No deja de mirarme, de sonreír, de llorar. No entiendo qué sucede, ni dónde estoy, ni por qué estoy tan cansada, ni por qué me cuesta hablar, moverme. Consigo oír su voz.

—Hola, cariño —dice sollozando. Sorbe por la nariz y continúa con su sonrisa—. ¿Sabes quién soy? Soy mamá.

Mamá... Mamá... me gusta esa palabra. Me gustan sus ojos, parece que ya los había visto antes. Me resultan familiares. Su rostro, sus cabellos. Por fin puedo ver bien sus facciones. Es muy guapa. A pesar de tener ese aspecto de agotada. No hablo. Quiero recordar cada parte de ella, su cara, sus labios agrietados, su cabello despeinado, sus ojos verdes que no dejan de llorar. La observo, no quiero dejar de mirarla. No hablo, tal vez eso la moleste. Mamá... ¿Mamá? ¿Ella es mamá? ¿Quién soy yo? Ella me mira. No deja de mirarme. Muevo la cabeza. Hay más sonidos aquí. Paseo la mirada. Entra luz por un rectángulo a mi izquierda, todo es blanco, casi todo. Hay cosas que se mueven, grises, oscuras. Cada vez oigo más ruido. No me gusta. Estoy echada, no tengo frío. Estoy bien, pero apenas puedo moverme. Siento algo alargado en mis fosas nasales, es incómodo, está por dentro. Ella sigue mirándome. Está esperando. ¿Quiere que hable? Estoy cansada, pero no quiero que llore, ni que se vaya.

—Mamá... —digo sin ser consciente del todo del significado de esa palabra. No quiero que se vaya.

La mujer llora más. ¿Será mamá su nombre? Pero sonríe, mucho más. Coge mi mano, con fuerza. Me hace daño. Pero no le digo que pare, estoy cansada. Tampoco quiero que me suelte. Me gusta.

Alguien más entra donde estamos. Va vestido de blanco. Habla con ella. Con mamá. Lo hace muy rápido. Apenas entiendo nada. Se acerca a mí. Saca algo de su vestido blanco. Lo mueve ante mis ojos, me deslumbra, tiene mucha luz. Se apaga, lo aleja de mí. Vuelve hablar con mamá, sigo sin comprender. Ella está contenta, pero continúa llorando. No me gusta que llore. Es triste. Me mira. Me gusta que me mire. Parece que todo está bien. Ahora puedo volver a cerrar los ojos. Estoy tranquila. Sé que ella no se irá. A pesar de no entender nada, hay algo que sí sé. Algo que me han proporcionado ella y ese hombre. Por fin lo comprendo.



Cuervo Blanco

#3219 en Novela romántica
#1212 en Joven Adulto

En el texto hay: adolecente, bullying

Editado: 12.03.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar




Books language: