El Relojero

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A Tiempo con el Tiempo

En el tercer local de la plaza central justo delante de la vendedora de flores, entre la panadería y la vinatería se encontraba la humilde pero excelsamente organizada relojería de Don Agustín, aquel local representaba toda su fortuna y orgulloso repetía a cada cliente y curioso que “sus relojes siempre estaban a tiempo con el tiempo” solía pasar horas enteras limpiando con esmero y dedicación cada pequeño engrane, puliendo las más delicadas piezas y pese a que sus manos ya presentaban los inconscientes temblores propios de la vejez aún era capaz de manipular los más pequeños y delicados mecanismos. Salía de casa en cuando aclaraba el alba y su local era siempre el primero en abrir las puertas al público, le gustaba llegar antes que todos porque así podía contemplar con detenimiento el inicio del nuevo día; aspiraba el delicioso aroma del pan al hornearse y contemplaba la frescura de las flores cuando doña Inés las acomodaba en sus cestos, veía a la plaza despertar con todos y cada uno de los hombres y mujeres que le daban vida, de pie tras su mostrador apreciaba la calma que precedía al bullicio, por las tardes se encerraba en su taller a arreglar y poner en sincronía a aquellos marcadores temporales que sus clientes le confiaban, algunas piezas eran maravillosas, bañadas en oro y decoradas con las más preciosas joyas, otros en cambio eran de lo más humilde así que en su ingenio él solía bromear comparando a su trabajo con la muerte ya que no importando la riqueza o apariencia trataba a todos por igual.



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En el texto hay: relatocorto, amor desamor

Editado: 03.01.2019

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