Escribiendo de amor

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Capítulo 1

Mi vida es demasiado básica.

Tengo pocos amigos a los que amo con mi vida.

Una bonita familia.

Y estabilidad.

Mucha estabilidad.

A veces quiero que algo extraordinario ocurra, pero al fin y al cabo nunca hago que eso pase. Siempre estoy abrigada en mis libros, series, películas, o aquellas historias que escribo esporádicamente pero que nunca termino.

¡Oh! Esa es otra cosa que tengo que agregar: soy demasiado inconstante. Muchas veces paso horas y horas tecleando mi computadora y escribo un mar de palabras que parecen nunca cobrar sentido, y es porque nunca he vivido.

No sé cómo se siente el amor.

Puedo imaginar la sensación pero nunca me ha tocado experimentarla en carne propia. Supongo que debe ser una mezcla bastante extraña entre lindo y tormentoso. Sin embargo, pienso que mis libros y series me han dejado altas expectativas de lo que quiero en una pareja. No hablo de expectativas físicas, porque ¡Vamos! Si tengo que calificarme soy un seis con cinco. Bastante promedio. Lo suficiente normal como para pasar desapercibida. Pero en personalidad me encantan un millón de cosas, por eso supongo que es tan difícil encontrar a alguien que maneje y cumpla todos mis requerimientos.

Así que aquí estoy, a los dieciocho años comiendo una pizza en mi habitación mientras veo una de las tantas series en mi lista de espera.

Estoy a punto de iniciar el semestre universitario y aprovecho mis últimas horas de descanso. Estudio psicología y amo mi carrera, pero absorbe mucho en cuanto a lecturas, por lo que tomo energía de mis “novelas chinas” para prepararme antes de empezar a luchar por mantener el promedio.

-Hora de dormir-entra mamá a mi habitación. Entorno los ojos. Soy una bebita, a decir verdad, mis padres me controlan tanto como si aún fuese una niña en lugar de parecer toda una adulta responsable.

-En cuanto acabe el capítulo voy a dormir-le digo haciendo puchero. Lo recalco, soy una bebita.

-Más te vale-contesta en tono severo, pero obviamente no está molesta, yo río un poco y luego ella se marcha. Me termino mi porción de pizza al terminar y al acabar el capítulo, apago el televisor. Mañana comenzarían nuevamente las clases y me reencontraría con mi grupo de amigas. Digamos que en vacaciones tomamos descanso incluso de nosotras mismas, ya que nos comunicamos muy poco; sin embargo, nos amamos.

Me recuesto en mi cama con intención de dormir, pero la luna llena se asoma por la ventana de mi habitación y la quedo mirando fijamente. Debo admitir que tengo una fascinación extraña hacia aquel astro y quedo hipnotizada gracias a ella, con una sensación inexplicable de plenitud.

“Luces tan hermosa esta noche”. Pienso y cierro los ojos, para así quedar dormida.

***

-¿No supiste quienes terminaron?- escucho a mis amigas cuchichear antes de siquiera acercarme. Me saludan de forma distraída, supongo que el chisme es lo suficiente relevante para ignorarme o quizá, solo quizá debería conseguirme otro grupo de amigas.

-¿Quiénes?-pregunto. Si no puedes con el enemigo, únete a él, de igual forma también me causa bastante curiosidad conocer la situación.

-¿En serio no se dieron cuenta de quiénes eliminaron todas las fotos juntos en sus redes sociales?-dice Ángela bastante indignada de que ninguna esté al tanto de las noticias de nuestros compañeros.

-La verdad es que no- suelto una risita.

-Gabi, te amo, pero es obvio que casi no revisas redes y ¿Las demás? ¡Me sorprenden!-continúa indignada.

-¡Ya dinos quienes!-suelta Bianca desesperada.

-La pareja de la vida- continúa Ángela, está disfrutando de nuestra expectación.

-¿Son los que yo estoy pensando?-pregunta Melissa y no tengo ni idea de cómo estas mujeres pueden leerse las mentes, pero de alguna manera, de hecho, todas parecen pensar absolutamente lo mismo. Una que otra pareja se me aparece por la mente, pero ninguna en concreta.

De pronto se abre la puerta del salón, todas voltean y de pronto la respuesta me golpea y no lo puedo creer.

Esteban y Karla.

Tan fusionados que parecían no existir el uno sin el otro.

Esteban recorre la mirada por todo el salón y no parece seguro de dónde sentarse, mira hacia donde estoy y al encontrarse con un puesto vacío a mi derecha toma asiento enseguida, notándose bastante incómodo.

La tensión se instala en el salón de clases y las chicas se remueven incómodas en sus asientos ya que Karla se encuentra a unos escasos metros de nosotras y podemos sentir su afilada mirada atravesando el espacio, así que cambian la dirección de la conversación a cualquier cosa que hicieron durante las vacaciones.

Todavía la profesora no ha llegado y ya tengo mi cuaderno y lapiceros sobre la mesa de la silla. Se siente todo tan extraño, como si de alguna forma el mundo hubiese abandonado su orden habitual y hubiese dado lugar a un caos tremendo. Esteban y Karla estaban destinados a permanecer juntos la vida entera.

No es para nada mentira cuando dije que no se podía concebir al uno sin el otro.

¿Entonces dónde queda mi ideal de amor?

¿Ni siquiera una pareja tan estable iba a permanecer unida?

Volteo un segundo y le veo deslizando en las redes sociales de su teléfono, sin fijar su atención en ninguna cosa en particular.



Andrea

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En el texto hay: primer amor

Editado: 12.04.2019

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