La profecía: El secreto de Horus

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PROLOGO

Caminé por la colosal sala que dirigía al salón principal. Las columnas de mármol verde Tikal conformaban un largo pasillo que conducía hacia dos puertas negras de madera con figuras muy extrañas talladas a mano. El piso de alabastro verde y blanco hacía juego con el color de las columnas que resplandecían debido a la luz que se filtraba por un tragaluz que ocupaba parte del techo y que iluminaba casi la totalidad del salón.
Había pasado toda mi niñez jugando entre esas columnas, viendo pasar a brujos y brujas que, luego de años de entrenamiento, tenían una misión que cumplir. Hoy, era mi turno. Había entrenado durante mucho tiempo, esperando ansiosa a que el día de asignación llegara.

Me paré frente a las puertas y antes de que pudiera tocarlas, se abrieron de par en par. Entré con la cabeza en alto, simulando calma y disciplina, aunque por dentro, me estaba muriendo de nervios. Llegué hasta el centro de la sala, que estaba decorada con el mismo verde que predominaba en el salón anterior. Lentamente me paré en el círculo blanco que se encontraba en el medio y esperé a que Asgan, el brujo absoluto, se presentara.

Solo unos segundos después, las puertas volvieron a abrirse, y un hombre flaco, con cabellos grises y pequeñas arrugas en su rostro, se acercó hacia mí y seguido de él, mi padre, quien permaneció fuera del círculo para observar la pequeña ceremonia.
Asgan me miró con seriedad y comenzó su pequeño discurso:
-Astarté, Hoy deberás salir a la tierra de los mundanos para cumplir  tu misión. Para ello cuentas con todo lo que se te ha enseñado. Tu padre procederá a asignarte tu nuevo nombre y seguido de esto, te daré a conocer tu tarea- Asgan miro a mi padre y con un gesto, lo invitó a hablar.

-A partir de ahora, tu nombre mundano será Emma Miller- dijo mi querido padre, y Asgan anotó el nombre con una pluma en una pequeña ficha con mis datos personales, que luego sería guardada en los archiveros de la biblioteca. Cuando el gran brujo terminó de escribir, me observó con detenimiento y con un leve movimiento de su mano izquierda transformó la hoja con mis datos, en una foto.

-Tu misión es esta persona- me dijo Asgan mientras me tendía la pequeña imagen y yo la agarraba delicadamente -supongo que ya has oído hablar sobre su historia- soltó y la expresión de seguridad y confianza que tanto había querido sostener, se desvaneció en un segundo, transformándose en una expresión de incredulidad, dejando que mis nervios saltaran a la vista.

-Esto es mucha responsabilidad- dije con un hilo de voz, ya que no podía creer lo que estaba viendo. 

-Por eso es que decidimos darte la misión, cariño. Eres la bruja más responsable y persistente de todas- me reconfortó mi padre brindándome una cálida sonrisa.
-Estas preparada para esto, Astarté. Pero recuerda que siempre estamos aquí para ayudarte- Asgan tomó la fotografía, la lanzó hacia arriba y está se prendió en llamas desapareciendo lentamente sin dejar ni una sola ceniza.

- A partir de ahora, tu información está perfectamente guardada en la biblioteca, cuando la necesites no dudes en pedírmela. Mucha suerte, Astarté - dicho esto, el viejo brujo se despidió con un leve gesto y salió por las enormes puertas de madera junto con mi padre dejándome sola y petrificada.



E.R. Danón

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En el texto hay: amor, brujos, elegido

Editado: 11.01.2019

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