La sirena

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La sirena.

La sirena

Desde hacía ya tiempo el negocio de la pesca había bajado de manera considerable. Por tal motivo, Jason vio como su economía había descendido, pues aquellos que habían sido sus clientes de planta, optaron por cerrar sus restaurantes y dedicarse a la venta de joyas y artesanías, las cuales eran traídas por tipos que se dedicaban a la venta ilícita de casi cualquier clase de artículos.

La situación era tal, que Jason sabía la dificultad que tendría al querer vender el pez espada que había capturado aquella mañana. No le quedó otro remedio que llevarlo a casa para comerlo. Pero – mierda - todo ese tiempo comiendo pescado empalagaría a cualquiera. Y no quería que Dian, su esposa, volviera a guisar filetes ni nada que se le pareciera.

El problema del pescado y que tuviera que comerlo de nueva cuenta pasaba a segundo término, ya que lo verdaderamente importante era pensar en una nueva forma de ganarse la vida. Tenía que buscar la manera de generar dinero.

Jason meditó un poco. Y recordó entonces las historias que se decían en el puerto; algunas personas contaban que se habían visto sirenas deambulando cerca de la playa. No obstante, nadie había podido capturar una y demostrar de tal manera la existencia de dichos seres. Eso despertó la curiosidad de quienes gobernaban en el lugar, los cuales prometieron una fuerte suma de dinero a quien fuese capaz de capturar a una sirena, ya sea viva o muerta y mostrarla a todos los que ahí habitaban.

Pensando en esto, Jason miró el pez espada que había colocado sobre la mesa donde solía cortar algunos de los ejemplares que pescaba. Tomó el cuchillo y lo cortó justo por la mitad. Después, con cuchillo en mano se dirigió hacia donde se encontraba su esposa, esperando que nadie en el puerto la reconociera.

 

Fin



Beto Vázquez

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En el texto hay: un asesinato

Editado: 10.01.2019

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