Lo inevitable

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Capitulo 1: Confesión De Amor

 

Mañana será mi día, el primer día de mi nueva vida, que espere con tantas ansias todo el verano. Les contare por qué.

Justamente antes de salir de vacaciones y anunciar el ciclo escolar por terminado, decidí y le prometí a mi mejor amiga que le confesaría a Demond Evans Cambar Domine, el típico chico perfecto del cual todas las alumnas de la escuela estaban enamoradas y se desvivían por él, que estaba perdidamente enamorada de él.

Aunque no era algo de que sorprenderse, debido a que él era el más popular de la escuela, y no existía algo que no supiera hacer, incluso era la envidia de aquellos hombres que no eran sus amigos. Eso sin mencionar que es el más inteligente de la escuela, y créeme que no estaba en cualquier escuela, él estudiaba en la NDIHS. Notre-Dame International High School.

Era perfecto de pies a cabeza, alto, cabello rubio, ojos verdes Esmeralda, simplemente era todo un ken.

Era por ese motivo que quería declararle mi amor, para pasar el último año de la preparatoria a su lado. Como cualquier estudiante que quiere que su último año sea inolvidable.

En aquel entonces era muy tonta y pensaba que se enamoraría de mí tan pronto me declarara, pero como era de esperarse, los tipos como él no se fijan en chicas como yo, por eso al declararle mis sentimientos me rechazo, aparte de burlarse de mí. Aún recuerdo aquel despreciable día...

Dos meses atrás

Me encontraba con mi única y mejor amiga sentada en el comedor de la escuela, era el último día de clases, y mis nervios estaban a flor de piel. Hoy le confesaría a Demond mi amor, y mi mente no dejaba de delirar, imaginándome cómo reaccionaría ante ello, mientras ignoraba a Amira y sus consejos sobre que era mejor no hacerlo, porque posiblemente se burlaría de mí.

Es típico de mí no querer escuchar ciertas cosas que muy a fondo de mi ser sé que son verdad, pero por esta vez no quería que mis inseguridades hicieran su presencia, por lo que hice lo que mejor se hacer, no escuchar a Amira, porque por alguna extraña razón ella nunca se equivocaba con sus presentimientos.

—­­Por favor Anik, no lo hagas —me toma de la mano —te lo ruego.

—Amira, no puedo seguir escondiendo lo que siento— digo, mirando entrar a Demond al comedor.

—Sí, si puedes, solo plantéatelo —niego.

—Ya ha llegado la hora, deseame suerte —murmuré, mientras alejaba su mano de la mía.

Con nerviosismo me levanté de mi lugar y empecé a caminar hacia Demond, escuchando a Amira mascullar mi nombre, intentando hacerme regresar. Ignorando sus llamados, me concentre en las palabras que le diría al amor de mi vida.

Atravesándome en su camino, espere a que se detuviera y me mirara, pero lo único que hizo fue esquivarme. Ante aquel acto, dude en volverlo a intentar, dejándome manipular por las razones que me había dado Amira. Pero no podía darme por vencida tan fácilmente, me había dicho a mí misma siempre cumplir mis promesas, tanto las que me hacía a mí misma como las que hacía a los demás.

Saliendo de mis pensamientos, me di cuenta que con los dedos de mi mano masajeaba mi labio, señal de mi nerviosismo. Tomando valor de nuevo, me acerque a él.

—Hola —me forcé en mantener mi sonrisa, dejando a un lado el nerviosismo.

Él simplemente me miró por un segundo, para después ignorarme, como siempre solía hacer cuando una chica se le acercaba, aunque parecía que mi presencia le irritaba más que otra. Pero aun así no me daría por vencida tan fácilmente.

—Oye —di palmaditas en su hombro para llamar su atención.

—¿Qué quieres? —me miró con irritación.

—Puedo hablar contigo —contemplo a sus amigos detrás de él —.A solas —agrego.

—No, lo que me tengas que decir dímelo aquí —dice sin interés.

—Pero todos escucharan y nos miraran —dije en voz baja.

—Ellos ya nos están mirando, que tiene de malo que nos escuchen.

Mirando a mí alrededor, descubrí que tenía razón, todo nos estaban observando en total silencio. Los nervios volvieron a mí al instante, provocando que mordiera mi labio. Diablos, en que me he metido.

Bajando la mirada al suelo, deducí que había escogido un mal lugar para confesarme.

—Habla, me estás haciendo perder mi tiempo —su irritación me comenzaba a incomodar.

—Yo...y...yo —tartamudeo. ¡Maldición!.

Creo que mi mejor opción en este momento era irme y no pasar vergüenza.

¡Al diablo con mi promesa!, esto era demasiado para mí.

Sin pensarlo dos veces, comencé a retroceder, pero alguien me tomó de los hombros, impidiéndome huir.

—Ella te quiere confesar que está enamorada de ti —escuche decir quien me sostenía.

No necesitaba voltear a ver de quién se trataba, sabía perfectamente a quien le pertenecía aquella tonta e irritable voz.

Sarah Dupant, la chica que me ha hecho la vida imposible desde que llegué a la NDIHS. Y por supuesto, otra chica enamorada de Demond. Ni siquiera sabía si existía alguien en la NDIHS que no estuviera enamorada de él.



Ana Santiago

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En el texto hay: humor, novelajuvenil, romace

Editado: 13.01.2019

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