Mi esposa y su príncipe azul

Tamaño de fuente: - +

La vida de mi esposa

Desde la secundaria, Ana María estaba enamorada de un chico de un grado superior de nombre Leandro José, le decía que él era su príncipe azul de los cuentos, y que ella deseaba ser la princesa que rescata en su brioso corcel. Al llegar a la universidad se reencuentran, él estaba estudiando Contaduría Pública y ella estaba comenzando sus estudios en Economía. A lo largo de sus carreras se conocieron más, ayudándose en sus asignaturas, y él finalmente se enamoró de ella, Leandro José al fin se había convertido en su príncipe azul, su verdadero amor.

Leandro José terminó sus estudios y comenzó a trabajar en una gran empresa, mientras esperaba que Ana María terminara los suyos. Ella era una estudiante destacada y al obtener su título, le ofrecieron trabajo en una importante empresa en los Estados Unidos. Él la animó a aceptar ese empleo, y que luego que ella se estabilizara y obtuviera su residencia, lo reclamara como su prometido.

Un sábado por la tarde se despedían en el aeropuerto entre besos y llantos, y se prometieron amor eterno. Siempre se mantenían comunicados pese a la distancia. Ella lo amaba igual que el primer día que lo vio, cuándo él simplemente la ignoraba por su edad en la secundaria, y Ana María se sentía dichosa por haberse comprometido con su príncipe azul, su único y verdadero amor.

La talentosa economista logró que la empresa le pagara un posgrado que la ayudaría. Cada vez que los enamorados hablaban, hacían planes sobre su futuro, él era contador y podría fácilmente encontrarle un buen puesto en la empresa. A pesar de la distancia, eran felices, hasta un día donde Leandro José ya no se comunicó más con ella. Ana María desesperada, habló con todos sus amigos para que lo encontraran, y ellos fueron a buscarlo en la empresa donde trabajaba. Leandro José había renunciado unos meses atrás y se había regresado con su familia, que vivía en el otro extremo del país.

La familia de Leandro José le decía que no sabían nada de él, que había desaparecido de la faz de la tierra. Los amigos de Ana María trataron de localizarlo, y uno de ellos encontró algo que destruiría a Ana María. El nombre de su verdadero amor, su príncipe azul Leandro Gutiérrez aparecía en un Obituario, y la fecha era de dos días antes de su última llamada. Quiso comunicarse con la familia de él, pero ya ni siquiera le contestaban, y con el corazón en la mano lloró por su desgracia.

Poco a poco se fue recuperando, y siguió trabajando y estudiando, sin embargo ya sus amigos se estaban acostumbrando a la historia del príncipe azul, cada vez que se reunían para divertirse. En una de esas reuniones, le presentaron un Ingeniero de nombre Adriano Antonio Gómez Polanco, le pareció un hombre simpático y muy atento, y como era de esperarse le contó su historia de amor y tragedia. Él la oyó cortésmente y le dio el apoyo que pensó que ella necesitaba, y poco a poco fueron enamorándose cuando él la encontraba saliendo del trabajo, y ella de vez en cuando soltaba una lágrima por Leandro José, su primer amor. El amor de Adriano fue tomando cada vez más fuerza, hasta que aquella trágica historia de amor pasó a ser un triste recuerdo.

Una hermosa tarde de octubre, se casaron en una iglesia pequeña, que le encantaba a Ana María, y desde allí comenzaron a forjar una familia. Tuvieron a su primer bebé, una hermosa niña a la que ellos llamaron Valentina. La carrera de Ana María iba muy rápido, y el nivel financiero de la familia mejoraba día a día. La empresa donde ella trabajaba le ofreció un ascenso que le exigiría mucho tiempo, así que los esposos hablaron, y el Ingeniero aceptó dejar de trabajar para hacerse cargo de la casa y de la niña. Cuando Valentina cumplió los seis años, sin planificarlo, Ana María estaba embarazada de un niño, al que ella decidió llamar Leandro, como tributo a su primer amor.

Con sus altas y bajas, la familia era perfecta. Un mes después que el niño cumpliera un año, en el trabajo de Ana María, alguien preguntaba por ella en la recepción de la empresa, y se enfureció al escuchar el nombre, Leandro Gutiérrez. Se dirigió a la recepción a abofetear al bromista, y al llegar, en el rostro de Ana María podía verse la expresión de sorpresa y terror, y luego se desmayó.

Al despertar y abrir sus ojos, allí estaba él, el propio Leandro José Gutiérrez Pérez. Sin poder hablar, se levantó del suelo, lo abrazó y comenzó a llorar en su hombro. Lo miró de nuevo y lo besó en la boca. Leandro José la separó y le pidió que se calmara. Ella se limpió las lágrimas y lo invitó a hablar en la cafetería del frente. Fueron hasta una mesa y se sentaron en ella.

—¿Qué fue lo que te pasó? Me dijeron que estabas muerto.

—El que murió fue mi papá, recuerda que él también se llamaba Leandro Gutiérrez.

—Toda tu familia me dijo que habías desaparecido, y ninguno de mis amigos pudo encontrarte.

—Lo que pasó es que mi padre y yo íbamos en el auto cuando ocurrió el accidente. Mi padre murió y yo estuve en coma durante 3 años, y al despertar tuve una amnesia que me duró un poco más de 4 años. Hace poco lo recordé todo y lo primero que hice fue buscarte.



M.R.Fernandez

#819 en Otros
#232 en Relatos cortos

En el texto hay: divorcio, hijos matrimonio, infidelidad

Editado: 23.03.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar