Relatos de muertes impredecibles

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Muerte #1

POR MI CULPA

 

Mi hijo de 14 años edad estaba en el patio trasero jugando con su hermana de 5 años aquel domingo a las 8. 30 am y mi esposo decidió ayudarme con los quehaceres de la casa; entonces se dirigió al segundo piso a limpiar los cuartos y lavar el baño. Yo recordé que debía  lavar la nevera antes de ir a comprar los alimentos de esa semana. Ese día estaba feliz porque estábamos en víspera del cumpleaños N° 40 de Fader, mi esposo. Mientras sacaba las vasijas y comidas y verduras que había en la nevera, escuchaba aquella música que provenía de la casa de nuestros vecinos. Comencé a bailar y a disfrutar de la alegría que se respiraba en la casa.

Me detuve un momento y cerré la nevera para anotar lo que iba a comprar antes de que se me olvidaras algunas cosas: harina de trigo, -dije-, filete de pollo, queso mozzarella, pan tajado, vino, lechuga, huevos de codorniz, carne de cerdo, papa amarilla, salsa BBQ… recuerdo que la lista se extendió por motivos de los productos que utilizaría para la fiesta de cumpleaños que celebraríamos el martes de esa semana. Cuando terminé de escribir la lista, me pareció buena idea dejar algo adelantado para el almuerzo antes de salir al supermercado, así que, limpié ligeramente la nevera, metí los accesorios y las verduras que quedaban. Me percaté de que me faltaba un poco más de tomate para hacer la salsa que tanto amaba mi esposo y mis hijos para aderezar los espaguetis.

Pensé en ir a la tienda de la esquina para comprar los tomates, pero antes, quité la piel de la cebolla, los ajos, piqué la zanahoria en julianas y, volví a la nevera para sacar un poco de espinacas. Mientras realizaba esto, llamé a mi hijo Richard para que fuera a la tienda a comprar los tomates para poder ganar tiempo en la cocina. -¡Richard, Richard! –Exclamé.

 Él estaba tan concentrado jugando con su hermana Paloma que, no escuchó mi llamado. Yo no insistí, entonces continué picando las verduras y con el cuchillo en la mano abrí la nevera para buscar  la bolsa de champiñones mientras disfrutaba de la buena música de mis vecinos, me agaché  un poco para terminar de ubicar algunas cosas que se me quedaron afuera y puse mi mano en la tapa de la nevera y escuche el correr de mis hijos jugando;  y en segundos sentí un fuerte golpe en la puerta de la nevera. Alcé mis ojos y vi mi mano ensangrentada. Grité, y cuando me levanté vi el cuello de Richard atravesado por el cuchillo con el que estaba picando las verduras para el almuerzo.

Richard corriò velozmente hacia la cocina para no dejarse alcanzar por su hermana y el cuchillo que yo descuidadamente sostuve hacia la parte de afuera de la puerta de la nevera, lo recibió. Cuando llegamos al hospital, ya Richard estaba sin signos vitales. En nuestra casa nunca más comimos espaguetis, y cada vez que pensaba en la salsa con la que los aderezaba, veía la sangre de Richard que se deslizó en mi mano por mi culpa.

 

 



KirellaPino

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En el texto hay: familia, muerte y sangre, tristeza dolor

Editado: 28.05.2019

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