Soy tuya

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Capítulo 1

Todo el mundo sabe que, por desgracia, todavía hay lugares de trabajo que se creen sólo para hombres. Mi padre es el propietario de uno de los mejores gimnasios de toda la ciudad, pero ha decidido que ya es hora de retirarse y yo, como buena hija única que ha estudiado empresariales y siempre ha practicado boxeo, soy su heredera del local. Él siempre se ha fiado de mí, pero como no sabía cómo responderían los chicos, llevo dos meses dirigiendo el gimnasio; pero ellos se pensaban que todo lo hacia mi padre. Y hoy es el día en que se anunciaría. Mis nervios están a flor de piel, no solo por tener que hacerme respetar, sino por estar en una sala llena de testosterona, que una no es de piedra y no quiero acabar babeando. Sería lo peor que me podría pasar, eso y caerme al entrar.

Me miré en el retrovisor de mi auto que mi pelo moreno lacio estuviese recogido perfectamente en una trenza. He pasado de utilizar maquillaje y mis ojos grises oscuros me devuelven la mirada. Abro la puerta del conductor y bajo. Miro la fachada negra del gimnasio y la puerta plateada de entrada. Intento relajarme respirando profundamente mientras me dirijo a la entrada. Lo bueno es que las playeras hacían más fácil que no me cayese. La recepción es un espacio pequeño con un mostrador y sentado detrás de él un señor de 60 años, muy concentrado en la pantalla del ordenador.

-Buenos días, Bob - le saludo con una sonrisa. El aludido me mira y sonríe.

-¡Qué bueno volverte a ver, Alex! - dijo contento y haciéndome sonreír más - Tú padre está en el despacho.

-Gracias - dije antes de irme.

Bob es el único que trabajador que me conoce porque ya trabajaba aquí cuando yo venía de pequeña y antes de marcharme a estudiar a un internado en otra ciudad. Y me alegro, porque fue el internado que yo elegí y pude conocer a mis mejores amigas. Y aunque a la gente le cueste creerlo, elegí un internado sólo femenino, ya estaba harta de tantos hombres y quería potenciar mi parte femenina, ya que no conocí a mi madre y mi padre siempre quiso un niño; y me educo como uno. Hasta me llamo Alexa, para poder llamarme Alex, en fin, él es un buen padre que intenta hacerlo lo mejor posible y le quiero. Además tampoco podía pedir mucho de un hombre que siempre ha estado dentro de un cuadrilátero y entre pesas para educar a una mujer. Bob es el único que sabe que soy mujer, porque para los demás soy Alex, el hijo del gran Vamdeim.

Para llegar al despacho de mi padre había que atravesar todo el gimnasio. Entré como lo he hecho muchas veces de pequeña Las cosas habían cambiado dentro, las máquinas eran lo último del mercado y habían cambiado el suelo y dado una mano de pintura a las paredes, pero el ambiente que se podía respirar no había cambiado. Cuando la puerta se cerró detrás de mí, todos los hombres de la sala me miraron. Pocos con cara de desaprobación por estar en un sitio sagrado para ellos y otros esperando a ver que hacía. Yo les eché una ojeada rápida y todos eran hombres grandes, excepto dos o tres más pequeños y uno que era como cuatro veces yo a lo ancho; con cuerpos de infartos y aire de tipo duro. Seguí mi camino al despacho de mi padre.

-No sabía que Van tuviese tan buen gusto - grito uno intentando hacerse el gracioso. Yo sólo eleve mi dedo corazón hacia dónde provenía la voz, haciendo que todos se riesen.

Entré sin llamar al despacho para encontrar a mi padre rodeado de los recuerdos de sus años de gloria en el ring. Posters, trofeos , fotos...

-Pa - dije para llamar su atención sobre la revista que estaba leyendo detrás de su gran escritorio de caoba.

-¡Ya estás aquí! - dijo después de mirarme y levantarse - ¿Preparada?

-Por supuesto, -dije mientras que me daba un abrazo de oso, aún con sus 65 años, todavía mantenía algo de forma de sus tiempos más jóvenes; y todavía me sacaba una cabeza. Su metro ochenta y ocho contra mi metro setenta.

-Tu madre estaría muy orgullosa - dijo mientras que un velo de tristeza y añoranza teñían sus ojos azules.

-Lo sé - dije deseando haber conocido a mi madre y no saber de ella a través de historias y fotos.

Sin decir nada más seguí a mi padre de vuelta al gym.

-¡MUCHACHOS, ACERCAOS! - gritó con voz potente, haciendo que todos dejasen lo que estuviesen haciendo y se acercaron. Era un grupo muy variopinto, y debo decir que casi todos estaban para morirse. - Bien, ahora que estamos casi todos, os quiero anunciar que llevo dos mes sin ser el dueño del gimnasio - dijo produciendo miradas de desconcierto por parte de los deportistas -. Y sólo vengo a sentarme en mi despacho y pasar las horas. El nuevo dueño es Alex, mi hija - dijo mientras que me presentaba y me dirigía una mirada. - Ha sido ella quien ha estado llevando El Tártaro desde ese tiempo, sin que yo metiese mis narices en ello. Con eso quiero dejar claro de que os tenéis que preocupar, sino alegrarnos de que alguien como ella sea mi sucesora. - cuando deja de hablar muchos murmullos llenaron la sala. Me aclaré la voz.

-Hola, como os ha dicho mi padre, soy Alexa, pero todos me conocen como Alex. Todo con respecto a El Tártaro va a seguir como ahora. Eso sí, si tenéis algún problema de que lo dirija una mujer, ya sabéis dónde está la puerta - dije seria, evitando mostrar lo cagada que estaba por so todos abandonaban el local -. Y si no tenéis nada que preguntar, podéis volver a entrenar - sonreí para relajar el ambiente.



EstherR4

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En el texto hay: boxeo, historia corta, gym

Editado: 18.05.2018

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