Susurros Sepultados

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Prólogo

Era de noche, la lluvia caía sobre el parabrisas con sonidos estridentes y las luces de las farolas se contorsionaba por el agua. Cuando Nora quiso ver más allá del tráfico tuvo que entrecerrar los ojos, pero ni eso la ayudó. A su lado, su esposo Rick parecía furioso por la extensa fila de vehículos frente a ellos así que tomó su mano y le sonrió de forma tranquilizadora. 
El hombre a su lado, su compañero de hace años, relajó su semblante tenso.
-Ya deberíamos estar en casa, las niñas deben estar ansiosas por el pastel de cumpleaños.- Comentó él con voz preocupada.
Nora sonrió al notar el cariño que emanaba de él. 
Era el cumpleaños de Alisha, su segunda y hermosa hija, cumplía al fin sus dieciocho años y todos en la casa estaban organizando una fiesta sorpresa para ella, era tarde y la noche se arruinó hasta cierto punto por la lluvia, sin embargo, no se preocupaba por tener a los gemelos en casa ya que Scarleth, su hija mayor de diecinueve años estaba cuidándolos. No es que fuera la mejor opción, por su actitud rebelde, palabras groseras y temperamento difícil la hacen la hija más problemática, sin embargo, cuando se trata de sus hermanos, ella deja toda su actitud rebelde y les dedica el tiempo que cada uno necesita.
Una amarga sensación la invadió, al recordar a Lidia y sin evitarlo, su piel se erizó. 
Tragando saliva decidió dejar esos pensamientos atrás y contestarle a su esposo con una falsa sonrisa que no se preocupara tanto por el asunto y de inmediato le cambió el tema.

Media hora más tarde la carretera estaba bastante despejada, lo suficiente como para aumentar la velocidad del auto. Con cada kilómetro, con cada giro o bache, Nora se metía más en su mente, dejándose llevar por sus pensamientos, tratando de no pensar en la sensación tan extraña que llenaba el espacio alrededor de ella.
Su respiración se volvió irregular al darse cuenta de que no había sentido esos escalofríos en varios años, hasta ahora. 
-¿Dijiste algo?- La voz de Rick la sacó de sus pensamientos, parpadeando giró su cabeza hacia él.
-¿Qué?
-Mi nombre, te escuché decirlo.- Le explica él con el ceño fruncido y mirándola confundido.
 

 Nora estuvo a punto de abrir la boca pero una luz cegadora la hizo ver hacia adelante, por unos segundos, vio por el espejo retrovisor la silueta de una mujer sentada en el asiento trasero, y su rostro la hizo gritar, o tal vez fue el impacto que recibió segundos después.

Ella no lo supo, pero un camión se impactó contra el auto de ambos.
Nora se escuchó gritar, o quizá fueron los gritos de su esposo Rick.
 

 Sintió vidrio incrustarse en sus brazos, rostro y cuello, su cabeza impactó contra la ventana y la hizo astillar, sintió el auto dar vueltas, sintió su sangre correr por las varias heridas en su cuerpo, sin embargo, incluso a través de sus ojos cerrados no dejaba de ver la silueta de aquella mujer, aquella mujer que reconoció al instante, transmitiéndole miedo, horror.

Y cuando el auto paró de girar y quedó quieto volcado al lado derecho, Nora supo que moriría.
 

 El pecho le ardía, con cada respiración, sentía que algo dentro de ella se rompía.

 

A como pudo abrió sus ojos, sólo para encontrarse con Rick muerto a su lado, sus ojos abiertos, su cabeza inclinada hacia un lado sangrante y la mano con el anillo de bodas en él, caído y colgando cerca del brazo de ella. Se tragó sus sollozos mientras se estiraba dolorosamente para tomar la mano de su difunto amor. 

Gritó de dolor cuando sintió las punzadas en su hombro y cuello. La sangre le nublaba la visión, eso y las lágrimas pero eso no importaba, porque sus dedos al fin tomaron los de él. No hubo ese familiar apretón en su mano, Rick ya no podía regresarle el gesto, no podía tranquilizarla, mirarla de manera sanadora. No, él no podría porque estaba muerto.
 

 Los ojos de Nora empezaron a cerrarse, eso no detuvo a las lágrimas.

Los segundos pasaron y se convirtieron en minutos, a lo lejos ella escuchó murmullos, bocinas y pasos. Pero sus ojos ya no podían abrirse más, estaba más del otro lado que de este.

Y unos segundos antes de que ella diera su último suspiro, fue capaz de escuchar esa voz femenina tan conocida para ella.
-Dulces sueños querida Nora.
Y así ella murió, con pánico en sus venas y dolor en el corazón. 

Cuando la policía llegó al lugar de los hechos y las ambulancias con ellos y abrieron las puertas de los autos de manera forzada, sólo encontraron dos cuerpos muertos y la huella de una mano ensangrentada en la ventana de atrás. 
 



Abby Conrad

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En el texto hay: fantasmas, muerte, traicion

Editado: 03.04.2018

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