Tiempo, Amor, Muerte

Tamaño de fuente: - +

Prólogo

Siglo XIV

 

Ver el cielo desde abajo era extraño para Mortem, nunca antes había estado por debajo de las nubes, y al observar lo que los humanos veían cada vez que alzaban sus cabezas, encontró uno de los lugares más hermosos. Un oscuro infinito lleno de piedras que se encontraban a millones de años y a pesar de eso, almas desesperadas pedían sus deseos. Era un vacío que no se podía tocar, y sin embargo ahí estaba. Después de lo que para Mortem fueron horas, pero en realidad eran apenas unos minutos contemplando el cielo nocturno, una oleada de preguntas la atravesaron, simplemente no recordaba mucho sobre el día anterior.

Recordó entonces que la mañana antes había estado con sus hermanos en la reunión semanal.

  • Blaz, Maciel su deber de cuidar a Leticia esta oficialmente concluida continúo hablando Custos el Guardián- Como ángeles custodios su siguiente misión ya está en sus cuartos

Después de lo que fue una eternidad dando misiones a los custodios, a los nocturnos, arcángeles, guerreros y demás, Custos se fijó en los hermanos Aluim: Mortem, Tempus y Deligetis, por lo general los parientes tenían similares funciones y deberes sin embargo cuando estos aparecieron por error, sus cualidades no las daban para las mismas misiones lo cual se convirtió en un peligro.

  • Hmm empezó el Guardián- Hable con el señor, cada uno cumplió bien con su deber la última vez y por el momento no necesitamos más de sus servicios pueden marcharse.
  • Pero Mortem con su extraña manera de pensar no podía soportar que a ellos por una falla de creación no tuvieran valor ante los ojos de los demás ángeles.

Custos ya se había marchado antes de que pudiera continuar con sus quejas que de nada servían. Los Aluim regresaron a sus habitaciones, al entrar en cada una, había una caja pequeña que después de abrirla cada uno olvido el resto del día.

Cuando Mortem intento abrir los ojos, después de a ver recordado el ultimo día que paso en lo que muchos llamaban hogar, sus ojos se quedaron a medio camino y se volvieron a cerrar de golpe al escuchar el bosque por primera vez; oír las melodías de las hojas al chocar contra el aire y a los grillos formando una sinfonía con los lobos que aullaban por la luna.

Sintió una mano en su hombro que la hizo volverse de golpe adoptando la postura guerrera y llevando su mano a la daga que no se encontraba en su vaina, al rato se relajó después de ver el rostro que tan bien conocía de su hermano Tempus, estaba adornado por la misma expresión perdida y unos mechones plateados estorbaban que su frente. Sin decir palabra ambos se abrazaron.

  • ¿Recuerdas algo?
  • No al ver su rostro Mortem no tuvo que preguntar para saber la respuesta

Al mirar a su alrededor en busca de respuestas, encontraron a Deligetis igual de perdida que ellos, cuando estuvieron juntos alzaron la vista al cielo, preguntándose porque después de tantos años, recién decidieron desterrarlos.

Sentados bajo un árbol con Deligetis intentando crear fuego y Tempus sin dejar de mirar al cielo apareció el Guardián envuelto en su túnica azul, con ese rostro perfilado que no mostraba emoción alguna. Al verlo los Aluim se levantaron a toda prisa como el protocolo mandaba.

  • ¿Custos?
  • No me digas no sabía que ese era mi nombre respondió sarcástico- antes que me ataquen con sus preguntas solo vine a dar indicaciones y a entregar su material.

De una bolsa que colgaba en su brazo Custos empezó a sacar primero una cadena plateada con un minúsculo reloj de arena a dentro, se la entregó a Tempus que con solo una mirada entendió que debía ponerse. Continuo con Deligetis, se puso el collar que tenía un dije del mar, al voltearse hacia Mortem extendió el brazo y le dio un collar de un árbol sin hojas.

  • Termine aquí Chasqueo sus dedos y una llama se encendió. Custos se había marchado con la misma rapidez con la que había llegado.

Al instante el fuego se puso a bailar y la historia empezó a narrar.



Amelia Montalvo

Editado: 03.09.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar