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2008

AZUL

Key West, julio 2008

Esa mañana el ambiente se sentía muy tenso en la cocina, Azul a duras penas tomo su desayuno, a base de cereal, como todas las mañanas.

—Hoy estás muy callada hija ¿te duele algo? —pregunto su abuelita con mucha preocupación, mientras le besaba la cabeza, pero ella solo contesto que no tenía hambre y partió a la escuela, no quería que su abuelita se diera cuenta que le había mentido. Sentía un enorme nudo en el estómago y un dolor sordo en el corazón, porque la noche anterior ella había escuchado a sus abuelos discutir con su madre por teléfono.

Después de colgar el aparato, cayó un pesado silencio en la pequeña casa. Azul curiosa, interrogo a su abuelita, pero ella no quiso hablar del asunto y la envío a dormir, pero no podía por más que lo intentara. Una hora después escucho a sus abuelos discutir, así que se dio a la tarea de espiarlos, estaba segura que la llamada por teléfono era el origen de esa pelea y ella quería saber.

Cerró con mucho cuidado la puerta de su habitación, caminó sigilosa por el oscuro pasillo, procuró no hacer ruido cuando esquivo el escalón que crujía cada que lo pisaban y bajo de puntitas la escalera. Se escondió tras los barrotes de la misma y trato de escuchar lo que sus abuelos hablaban.

—Mira Carmen –decía el abuelo, con ese tono que usaba con ella cada que quería convencerla de que se tomara la leche o hiciera la tarea —yo entiendo que Emma quiera formar una familia e incluir a Azul en ella, nosotros ya estamos viejos y ella está a punto de entrar a una etapa en la que necesitara vigilancia y tal vez mano dura, y nosotros no podemos criarla.

—Pero es que se me hace un cambio muy fuerte para la niña Will, ten en cuenta que aquí está su vida, si se va con Emma le costara adaptarse, llegara a una nueva escuela, nuevos amigos, otro ambiente, y por si fuera poco, tendrá un padrastro y una hermanastra —Sollozaba la abuela —si al menos Emma hubiera introducido a esas personas en la vida de Azul poco a poco, ella resentiría menos el cambio.

—Tienes razón amor, pero Azul debe vivir con su madre, tú no eres su madre, eres su abuela, aunque la hayas criado y consentido como si fuera tu hija, ella debe vivir con su madre. La abuela sollozaba inconsolable cuando dijo —tienes razón.

Azul sintió que el mundo como lo conocía se derrumbaba poco a poco, lo único que pudo pensar al escucharlos hablar, era que ya no la amaban.

Ella nunca había tenido una familia normal. Hija de madre adolescente, fue criada prácticamente por sus abuelos mientras su madre estudiaba la universidad y posteriormente mientras se abría camino en el duro mercado laboral. No había espacio para Azul en la vida de su madre, pero no había necesitado de su amor porque sus abuelos no habían escatimado en dárselo. Ella amaba a su mamá, pero no la sentía suya.

Cuando estaba más pequeña soñaba y le pedía a Santa Claus tener una madre presente, como todos sus amiguitos de la escuela, pero ahora, con doce años, ya se había acostumbrado a no ver a su mamá más que de vez en cuando y entendía las razones por las que sus abuelos la estaban criando. Ahora su mamá la apartaría de la única vida que ella conocía. La garganta  se le hizo un nudo. Silenciosamente empezó a llorar, se escabullo por la puerta trasera sin hacer ruido y corrió hacia el mar. Se sentó en la arena y ahí dio rienda suelta a su dolor. La noche era cálida y el viento olía a sal pero no se dio cuenta de eso. Las olas del mar hacían un ruido cadencioso y regular, relajante, al romper en la blanca arena de la playa pero no las escucho. El cielo estaba cubierto de estrellas, pero Azul no las vio. Lo único que en ese momento podía sentir, era su corazón roto.

ZACH

Londres, Inglaterra, Julio 2008.

Era el primer día de vacaciones después de haber terminado la preparatoria, el día anterior había habido una ceremonia de graduación muy elegante, y Zachary había cantado “Ave María” en la Iglesia del colegio. Le hubiera gustado mucho que sus padres asistieran, pero como siempre, ellos se encontraban de viaje. No le importó mucho, ya estaba acostumbrado, sin embargo, muy en su fuero interno, tenía la ilusión que su padre lo escuchara cantar.

Llevaba todo el año pidiéndole que lo dejara asistir al curso de verano en la famosa Juilliard School Music, en la ciudad de Nueva York, pero el solo contestaba “ya veremos cuando termine el curso escolar.”

Esa mañana los padres de Zach llegaron de su viaje y el sintió que era la última oportunidad que tenía para convencerlos. No la despreciaría. Se puso uno de los trajes que su madre le había comprado, para recibirlos. Ya sabía que a su padre le complacía que siempre estuviera bien vestido. Anunció su presencia con unos toques discretos en la puerta de la biblioteca, y su padre le indicó que pasara con un movimiento leve de cabeza. Estaba, como siempre, revisando algunos papeles que requerían de su firma.



Lu Carmona

Editado: 03.07.2019

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