Una miserable vida...

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Capítulo 1: El comienzo de mi miserable vida

Mi nombre es Natalia Valdés, recién cumplí 18 años en el mes de agosto, mi tío me acaba de comprar una pequeña casa para vivir.

—¡Tiene que ser una broma!— exclamé.

—No es ninguna broma, aquí vas a vivir ahora y tú te harás cargo de todos tus gastos, te dije que solo te cuidaría hasta que cumplieras los 18, y ya los cumpliste ¿no? Así que mi trabajo contigo ya terminó—. Respondió mi tío.

—Pero oye ¿cómo rayos puedes dejar que una bebé como yo se haga cargo de tanto? Tengo que pagar la luz, el agua, el gas, el internet, la universidad ¡es mucho señor!— dije, y él rió.

—Ya eres mayorsita, no deberías de quejarte, ya te conseguí una casa donde vivir, nos vemos y cuídate mucho hija—. Dijo él y se fue de ahí.

 

Dios, tiene que ser una broma, pero bueno ¡vamos a acomodar!.

Terminé después de tres horas y caí rendida en el sillón, dormí como una bebé.

Al siguiente día...

Eran las 8:00 am cuando oí que sonó mi celular.

—¿Qué demonios?— Dije mientras buscaba mi celular por todos lados—. Era un número desconocido, que raro, bueno debo buscar trabajo antes de entrar a la universidad, que pesado es esto.

Me duché, me arreglé y salí en busca de trabajo, ya le había echado el ojo a algunos de ellos, pensaba ir a una biblioteca, a una tienda, quizás a un restaurante o algún otro lugar. Me ponía a pensar ¿cuánto dinero iré a necesitar para poder pagar todo lo que se me venía encima? Exacto, solo tuve una respuesta, mucho, así que debía trabajar duro.

—Buenos días señorita— dije con una voz amable a la encargada de la biblioteca.

—Buenos días— respondió mi saludo amablemente—. ¿Qué se le ofrece?

—¡Ah si! Vine porque por ahí ví, que estaban contratando, y la verdad me urge un empleo en estos momentos ya que tengo una situación algo complicada ¿podría darme información sobre eso?— le pregunté a la señorita.

—No se preocupe por la información, ahorita estamos necesitando a alguien urgentemente, así que creo que usted sería perfecta para trabajar aquí ¿le gustan los libros?— preguntó.

—¡Claro!— respondí.

<<Y claro que me gustan, antes era lo que más me entretenía, los amaba con toda mi alma, adoraba poder leerlos porque me dejaban grandes enseñanzas>> pensé.

Me retiré de la biblioteca contenta porque me habían contratado cuando me dí cuenta que ya eran las 12:00 pm y me dirigí a una tienda que había visto en internet, espero que me vaya bien ahí y no se pongan exigentes. Llegué y entré a esa tienda. En la entrada se encontraba un chico joven, parecía ser más o menos de mi edad, estaba encargado de cobrar, así que me acerqué a él.

—Hola— saludé.

—Hola bella dama ¿en qué puedo ayudarte?— respondió, de una manera egocéntrica lo cual me molestó un poco.

—¿Se encuentra tu jefe?— pregunté.

—Wow ¿por qué buscas al jefe cuando puedes buscarme a mí? Soy más joven— dijo sorprendido y egocéntricamente.

—Déjate de tonterías y dime si está tu jefe o no— dije enojada.

—Oye tranquila, si vienes por el trabajo no creo que te contraten con esa actitud tan espantosa que tienes— dijo él y rió.

—No me interesa lo que pienses, ahora, dime si está o no porque solo estás haciendo que pierda mi tiempo don perfecto— dije aún más enojada y éste soltó una carcajada.

—Eres interesante. El jefe si está, al fondo a tu derecha se encuentra su oficina, por cierto, me llamo Damián ¿y tú?— preguntó.

—Gracias Damián, quizás cuando me caigas bien te diga mi nombre, adiós— dije mientras me alejaba de ahí.

—¡Oye espera! Quizá lleguemos a ser compañeros de trabajo, debo saber tu nombre— gritó y lo ignoré.

Es increíble, nunca nadie me había dicho que era interesante.

 

 



Sofía Escaiz

Editado: 27.08.2019

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