Una reunión explosiva (relato Cifi - 5 capítulos)

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1. Elia

- La fusión del núcleo permitirá abastecer a más de la mitad de la población planetaria. Las nuevas aleaciones son estables al 95% según el último estudio de Takks y Malen y...

Elia estuvo tentada de abofetearse en cuanto notó cómo sus párpados empezaban a cerrarse sin remedio. Al otro lado de la ventana, a su espalda, los rayos de la cercana estrella que abastecía de luz, calor y energía a su mundo, rozaban su espalda de una palidez inusual en aquel clima.

La criatura que estaba hablando en ese momento, un   herssiano   de tez azulada rodeada de escamas negras - pulcramente seleccionadas genéticamente para aparentar una barba al estilo de los   humains , raza derivada de la humana pero con ciertas adaptaciones genéticas - ensalzaba los beneficios de la nueva aleación de irradio y berselenio que había desarrollado su empresa. Y la reunión para presentarlo al comité de Bersecorp SL, empresa descubridora del segundo componente de la supuesta panacea y posible patrocinadora de la misma, llevaba pospuesta casi dos ciclos bilunares.

Los motivos eran de lo más variado pero, en resumen, se podía concluir que el proyecto no terminaba de convencer. De hecho, si aquel atardecer los representantes de Industrias Atom estaban allí presentes era, primero por su insistencia y segundo, por motivos totalmente ajenos a la diplomacia inter-empresarial.

Elia miró a la mujer que tenía enfrente por entre las pestañas, disimuladamente: cuello fino, ojos grandes, tez rojiza oscura, y orejas puntiagudas. Una   elfeder.   Criaturas antaño esclavizadas que ahora ocupaban la mayoría de los cargos de responsabilidad de Ferona. Irónicamente, su planeta natal.

La joven trató de reprimir un gesto sarcástico al pensar en ello, ya que ella misma, directamente, era una humana de pura cepa. La raza conquistadora, esclavista y opresora que había viajado años y años luz para ocupar otros mundos más acordes con sus necesidades.

Por suerte, la   elfeder   no se percató de sus muecas, puesto que estaba colgada de las palabras de la criatura que exponía el proyecto unos metros más allá. Y Elia sabía sumar dos y dos, por lo que agradeció en silencio su falta de interés a la vez que una sonrisa irónica curvaba la comisura de sus labios.

- Y esto es todo - finalizó el   herssiano,   haciendo un gesto elocuente hacia las gráficas tridimensionales mostradas en el monitor -. ¿Alguna pregunta?

Elia estaba a punto de abrir la boca cuando una voz grave se alzó frente a ella, reverberando en el techo abovedado.

- Todo está prefectamente claro, señor Kryke - la   elfeder   a la que Elia había estado vigilando de reojo se levantó casi con prisa, lo que no pasó desapercibido a nadie en la reunión -. Creo que es un proyecto muy interesante, y si todo el Consejo Administrativo vota a favor, en un par de días podríamos tener la firma del contrato sobre la mesa - la mujer paseó la vista sobre los asistentes. Sus ojos, de color rojo anaranjado, mostraban una fiereza que no daba lugar a dudas sobre la respuesta que esperaba -. Creo que esta reunión puede finalizar, entonces. Muchas gracias a todos.

Los butacones emitieron un tenue sonido cuando todos los asistentes se fueron levantando uno por uno. Las pantallas gráficas se apagaron progresivamente a medida que los consejeros iban abandonando la sala, y Elia y la   elfeder   fueron las últimas en salir, aparte del orador de Atom. La segunda fémina le mostró una sonrisa radiante cuando este se adelantó para cederles el paso.

- Gracias, señor Kryke - pronunció la   elfeder   con exquisita educación, excesiva para el gusto de Elia -. Me alegro de que podamos llegar a un acuerdo.

- No más que yo, Antella - respondió el otro con una amabilidad no exenta de cierto coqueteo -. Creo que este proyecto nos beneficiará a todos, sin duda.

Antella sonrió de nuevo más ampliamente, a la vez que un color violáceo subía a sus mejillas. En ese momento, Elia aprovechó para carraspear. Quería desaparecer de aquella idílica escena lo antes posible pero, al parecer, la otra mujer no tenía la misma idea porque, sin dejar de sonreír - aunque con bastante más suficiencia que antes -, se volvió hacia ella.

- Perdón, señor Kryke. Se me olvidaba presentarle a nuestra vicepresidenta: Elia Carter.

Los ojos del empresario eran de color azul mar, vestigio de sus antepasados anfibios, y mostraron una frialdad inicial que a Elia le puso los pelos de punta. No obstante, aquella fue sustituida por una repentina amabilidad que dejó a la joven un poco descolocada.

- Es un placer, señorita Carter. Por favor, llámeme Jeoh - la reacción de Antella fue evidente ante aquel alarde de cortesía, y el hombre añadió sin inmutarse -. A su jefa se lo tengo dicho también, pero no me hace caso - y acto seguido, le guiñó un ojo a la interpelada que hizo que esta bajase la cabeza para ocultar el rubor que había vuelto a ocupar su rostro.

Por su parte Elia trató de recuperarse de la sorpresa lo más rápidamente posible, tendiéndole una mano a Jeoh Kryke y respondiendo educadamente:

- El placer es mío, Jeoh.

Este sonrió.

- Espero poder llamarla Elia - contraatacó de improviso.



Paula de Vera

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En el texto hay: ciencia ficcion, amor, misterio suspense

Editado: 24.05.2018

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