1. Drama, Amor y Lágrimas

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Un nuevo comienzo

Emily

Dormí largo y sin problemas, como un bebé. Me hacía falta, no había podido hacerlo hace varias noches y estaba empezando a notarse. La cama es deliciosamente cómoda, suave y acolchonada. Además, Stitch me hizo buena compañía, dormí abrazada a él como si de una persona se tratase.

Desperté renovada, con bastante energía y algo emocionada por la salida de hoy. Lo que me dijo mi madre —la señora Montiel— ayer al llegar me tranquilizo mucho, hasta me lleno de esperanza. Las cosas estaban saliendo mejor de lo que esperaba, creí que al tener dinero y ser reconocidos serian como la típica familia rica: los papás enfrascados en el trabajo que prácticamente ignoran a sus hijos, y los chicos egocéntricos, egoísta y caprichosos que se creen mejor que los demás. Me equivoque sobremanera. De forma descomunal. Equivocación enorme, tamaño Godzilla. Y si hay algo más grande que él, así sería.

Cuando llegue me abrazó de tal forma, que me hizo sentir que me conocía desde hace mucho más tiempo, y que me quería sin importar nada. Me dijo al oído.

“—No te preocupes por nada, eres una Montiel, pero en el fondo seguirás siendo una Mendoza y eso está bien. No tengo problema con eso, todo lo contrario, estoy orgullosa por cómo has manejado la situación. Sé que encajaras bien en esta nueva vida, tengo fe.”

Puede que la preocupación se me notara, pero que supiera exactamente cuál era es admirable, hasta ahora en toda mi vida solo una persona había podido hacer algo así: mi mamá, Martha Mendoza.

Por cierto, para no confundirme mucho decidí llama “madre” a la señora Montiel y “mamá” a Martha. Y no, aún no me siento capaz de llamarla por su nombre de pila. Es muy pronto para eso.

Me levante y fui directo al baño, me lave el cabello con un Shampoo que tiene un aroma a flores sumamente delicioso y refrescante. Me relaje y el agua se llevó parte de mi estrés postmudanza, suponiendo que eso exista. Me seque el cabello, lo peiné y lo deje suelto un rato para que mis rizos se definieran por si solos.

Fui al armario aún en toalla y deje mi pijama usada en un cesto de la ropa en el baño —digo yo que es para la ropa sucia—. Elegí algo medio formal para la salida: una falda larga hasta las rodillas —bueno, tal vez un poco arriba de estas— de tiro alto color negro con algunas manchas blancas en la base, una camisilla blanca de tirantes, con una blusa encima corta hasta el pecho holgada azul oscuro, y unas sandalias cerradas azules con piedras decorativas. Sencillo pero lindo.

Eché un vistazo a los accesorios, elegí una vincha negra como de unos 2 centímetro de grosor con brillantina azul. Me la probé y efectivamente se veía bien con el resto de mi atuendo. Volví a peinarme y arreglar algunos risos sueltos, me acomode la vincha y listo, solo faltaba darme un toque de maquillaje y quedaré completa. Escuché que tocaron la puerta y fui a abrir, era mi madre.

—Buenos días —me adelante a saludar.

—Buenos días cariño —me abrazó y dio un beso en la frente —¿cómo dormiste?

—Muy bien gracias, ya estoy casi lista.

—Eso veo, buena elección se te ve muy bien —me miro detalladamente de arriba abajo— pero primero baja a desayunar, se te puede enfriar.

—En seguida voy —asintió sonriendo y fue a la habitación de Jonathan. Cerré la puerta y volví a mirarme en el espejo del tocador antes de salir.

Cuando baje ya estaba mi madre, Jonathan y Pipe en la mesa. “¿Habrá dormido aquí?” pensé. Luego recordé que se fue a casa como a las 8 y media, y vi en el reloj que eran casi las 9 así que no eran tan temprano después de todo. Salude a todos con un “buenos días”, y Melanie nos sirvió el desayuno: huevos revueltos con Bacon, pan tostado con mantequilla y jugo de naranja. Muy rico y todo, pero me hacía falta algo. Y preciso. Al terminar el desayuno, Melanie nos ofreció una taza de café caliente, al estilo cappuccino. ¡Delicia!

—Ahora que terminen —mi madre hizo una pausa para tomar un sorbo de su café —se van a terminar de alistar, salimos en 15 minutos.

Todos asentimos.

—Si señora —respondimos al unísono como buenos niños que somos.

Fui la primera en subir, detrás mí venía Jonathan. Díganme paranoica o como quieran, pero de verdad que mientras subía las escaleras sentí el peso de su mirada hasta el último momento. Porque a pesar de estar su habitación más cerca de las escaleras, entro después que yo. “Que tonterías estoy pensando!” me dije a mí misma para asegurarme que nada fuera de lo normal está pasando.



M.L. Bradley

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En el texto hay: comedia, drama, primer amor

Editado: 06.10.2019

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