17 Suspiros

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"Primer Suspiro"

 

"—No, otra vez, no —" cubro mis oídos con ambas manos. Mi abuela, la mujer más dulce y cabrona del planeta tiene el radio grabador más alto que de costumbre; perdió de nuevo los audífonos.

Desciendo por las escaleras, mi habitación es el altillo. Recuerdo con exactitud los once fracasos de pasteles de zanahoria que tuve que hacer para que mi preciosa viejita me diera su aclamado sí.

Hace ya cinco años que logre mi cometido, he transformado el altillo en mi propio pedacito de cielo.

— ¡Mierda! — me sujeto el pie, me sobo la planta del mismo; que descubrimiento, el audífono de mi abuela, sonrió al tenerlo en mi mano.

— ¡Mi niña! — la oigo llamarme desde de la cocina con su radio grabador al máximo.

El interior de mi cabeza hace eco de los compases de su maldita música.

— ¡Mira lo que encontré! — muevo los audífonos de manera pendular frente a sus ojos.

—Gracias mi amor — me deleito en esos abrillantados ojos grisáceos.

Me paseo en pijama por la alacena buscando mis cereales y algo de leche.

Algo en el horno que se cocina a fuego lento detiene mi búsqueda; me vuelvo a mi viejita, continua ajustando sus audífonos.

— ¡Carajo! ¡Que fuerte esta esto! — le baja al volumen de su radio grabador al minino, ¡Gracias a Dios!

— ¿Es lo que creo? — le señalo tentada por su delicioso aroma abrirle la puerta del horno.

— ¡Quita tus manos de ahí golosa! — se pavonea en mi dirección con ese cuerpo rechoncho y esa sonrisa autentica, pura felicidad.

Me hago a un lado y la dejo colocarse la manopla y sacarla con un cuidado extremo a en efecto mi tarta de frambuesa, la mejor tarta del mundo.

—Tendría que estar en el libro Gines, lo sabes, ¿No?

—Solo me interesa el buen visto de mi jueza favorita — pellizca mi mejilla.

—Ya lo tienes por adelantado — beso su frente, una arruga más, con el paso del tiempo esas líneas llenas de vida se han revelado con más regularidad.

—Voy por una pinza para quitar ese vello de tu mentón — hora de embellecer a esta vieja.

— ¡Detente! ¿Puedes dejar a esta abuela desearle feliz cumpleaños a su pequeña?

Asiento y me dejo cobijar por sus flácidos y cálidos brazos.

— ¡Feliz cumpleaños, hija! — me susurra al oído mientras peina mi cabello.

— ¡Gracias, Nona! — beso su mejilla y frente, se ríe a lo grande.

—Siéntate, te serviré el desayuno — me da la espalda y se pone a trabajar, ese es su modo operandi todo el tiempo, jamás descansa, nunca.

Miro por el gran ventanal hacia nuestro jardín, ese mérito es de ambas, me hizo amar las rosas y cuidar de ellas, no hay un lugar en ese prado verde que no la cubran las rosas.

—Pensaba cortarte una, pero no pude amor, lo siento. — me sonrío sin contestar. Es algo muy de las dos, ni una ni la otra corta por la agasajada una rosa; es ley.

— ¡Feliz cumple! —trae la tarta en sus manos con dos velas encendidas.

— ¿En serio, vieja?

— ¡Qué no me digas vieja en la cara! Dilo a mis espaldas, ¿No tienes táctica? — Finge enfado.

—Y tú eres mala mentirosa — la acuso sonriendo.

—Me pareció original — señala al número que arde en mi tarta.

— ¿Te pareció original colocar mi edad en mi tarta favorita?

—No todos los días cumples 25 años.

—Exacto, cinco años más y tendré 30 —resoplo alborotando mi flequillo.

—Ya, no me lo arruines, sopla que quiero comer.

Le hago caso.

—No olvides los tres deseos.

—1...2...3...— abro los ojos y soplo suave, el fuego se extiende ahora como humo alrededor de las velas.

—Dime al menos que en uno de esos deseos pediste lo importante.

—No era que el abuelo te enseño que decir los deseos en vos alta no se cumplen.

—Lo sé, pero al menos pediste sexo, por favor, ¡Alay!

— ¡Abuela! —la reprendo poniéndome del color de un tomate maduro.

Se carcajea hasta los huesos, su barriga rebota y le saltan lágrimas de los ojos.

—No exageres — mastico su exquisita tarta mientras la veo serenarse.

— ¿Qué tal esta? — logra preguntarme en cuanto pincha con el tenedor una porción.

— ¡Excelente! — limpio los restos de miga de las comisuras de mis labios con la lengua.

—Lo mejor para la mejor.

— ¿Abuela?

— ¿Sí, amor?

—...Nada...

No insiste como otras veces.

Siempre me pasa lo mismo, cada vez que quiero sacar el tema de mis padres, guardo silencio; no soporto verla tan triste, no puede hablar de ellos sin llorar, igual que yo.

— ¿Qué tienen planeado para hoy?

—No lo sé, seguro saldremos a celebrar — me incorporo llevando conmigo mi taza al lava vajillas.

— ¿Tu qué harás?

—Olga me invito al bingo, dice que hay unos guapetones — hace un gesto gracioso con los labios.



Grecia

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En el texto hay: amor, sueos, sacrificio

Editado: 24.05.2019

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