2. ¡escapa!

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Capítulo 4

 

Al llegar a la habitación se dio cuenta que nada estaba decorado como ella lo haría.
Visualizó completamente la habitación, como si sus ojos tuvieran unos rayos escaneadores.

Dejó el diario sobre la cama.

Se alejó unos centímetros para lograr obtener una perspectiva más amplia de su habitación.

Las paredes tenían un color que no se lograba distinguir, era cálido, pero sucio y aquello volvió el color a un tono frío y nuevo. Sobre aquellas paredes habían fotos, fotos familiares, de santos y demás. Muchos de aquellos no se lograban distinguir con precisión, gracias al polvo que ocultaba un pasado en cada una de esas imágenes.

¿Por qué tenía esas cosas en su habitación?

Su ceño se encontraba completamente fruncido.

Caminó hacia una de las fotos y se percató que un rayo solar impregnaba en el vidrio de uno de los portarretratos y ese mismo rayo pegó en un solo segundo al suelo, pero notó que se detuvo instantáneamente o mejor dicho casi se desvaneció debajo de las maderas del suelo.

Le pareció muy interesante a la joven.

Se agachó para observar con detenimiento.

Logró distinguir que había algo allí abajo.

La puerta de la habitación se abrió.

Emily se puso de pie inmediatamente y se limpió un poco para ver quien se encontraba en su habitación.

Era su hermano.

— ¿Qué haces ahí? —Preguntó él observándola fijamente.

—Nada. Estaba acomodando un poco la habitación ¿Por qué? —Respondió ella con una pequeña sonrisa ladina sobre sus labios.

—Muy bien. Dijo mamá que te prepares, tenemos que ir a la casa de los González.

— ¿No me puedo quedar? No quiero ir, mamá sabe que no estoy segura de ser la amiga de esas personas. No me gustan. —Dijo ella esperando que su hermano comprenda que no deseaba salir de su casa el día de hoy.

—Mamá, no dejará que te quedes.

Emily se encogió de hombros y luego negó con la cabeza tomando asiento sobre su cama, no dejó de observar a su hermano en ningún momento del proceso y se percató que los ojos del joven estaban algo rojos.

— ¿Estás bien? —Preguntó Emily.

Katashi asintió.

— ¿Eso significa que si?

—Sí.

Katashi salió por la puerta, la cerró con lentitud y se dirigió hacia su habitación.
Emily Douglas se quedó sentada cómodamente sobre su cama.

Sus ojos se posaron sobre el diario que su hermano le regaló.

Se puso de pie y lo tomó, por suerte, la pluma estaba cerca.

Hola, yo. Si soy yo otra vez, como

dije antes: “Usaré mucho mi dia-

rio” y aquí estoy, usándolo como

dije que lo haría. Me gusta mucho

debo admitir que escribir mis

palabras aquí me hace sentir no

tan sola como lo estaba antes.

Creo que ahora me siento mucho

mejor con todo lo que esta suce-

diendo al alrededor de mí.

Hoy estoy aquí mirando tonterías,

no quiero ir a la casa de los

González, ya no me gusta mucho

pasar tiempo con esa familia.

No quiero ser más amiga de

los hermanos, ya no. Siento

que esos hermanos ocultan,

oculta demasiadas cosas y

tengo mucho miedo de lo

que podrían estar ocultando.

Quizás no sea nada, quizás

estoy siendo un poco

paranoica como dice mi

madre. Ella siempre me

dice que eso es lo que soy,

supongo que no debería

creer en todo lo que oigo

o pienso, quizás mi mente

es un nuevo mundo y

nada de lo que pienso

es real…

Escribió esas pocas líneas y se vio interrumpida por el sonido de la puerta de su habitación abriéndose con lentitud. Notó las uñas pintadas con barniz rosado de su madre, bastante típico para aquella mujer.

La puerta se abrió del todo.

Era su madre.

La mujer decidió adentrarse a la habitación.

—Andando. Vístete y ponte linda. —Dijo Ivanna dirigiéndose exclusivamente al armario de su hija. — ¿Dónde ocultaste el vestido nuevo? —Preguntó hurgando la ropa.

—No lo sé y no iré. —Respondió Emily.

—Claro que irás.

La mujer alzó una ceja sutilmente al ver el vestido nuevo oculto debajo de otros vestidos usados. Ese vestido era nuevo y se encontraba en perfectas condiciones, no podía estar oculto debajo de los vestidos usados y sucios, algunos rotos y desafortunados, pero ese vestido era mucho más importante de lo que ellos creían en ese preciso instante, ese vestido era el que cambiaría la vida de toda una familia. Un simple vestido hermoso sería un arma mortal para cualquier ser humano, mucho más cuando colocan a una niña como sebo de cualquier situación inesperada.



Byther

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En el texto hay: juegos prohibidos, pantano, misterios y secretos

Editado: 02.12.2019

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