365 Días

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8. Solo di que sí

 

 


La mañana siguiente conduje con apuro a la universidad, no porque me preocupara en sobremanera mi educación, no tanto como a mamá, sino por un único asunto instalado la parte consciente, subconsciente y todas las partes existentes en mí que me dictaba ser un hombre, no, un ser humano razonable y detener lo que podría catalogarse como el peor error de todos los tiempos.

 

Yo, tomando una de las sillas y sentándome frente a Josh.

Yo: un beso.

Josh: Lo siento, Harry. No juego de ese lado.

Yo: ¡No! Quiero bajar la apuesta, un beso y gano.

Josh, con una sonrisa burlesca en el rostro: ¿Solo un beso? ¿Seguro que ya no estás del otro lado de la cancha, Cross? Te estoy dando la oportunidad de llevarte a la cama quizás a la mejor mujer que conozcas en toda tu vida y tu solo quieres llegar a un beso.

Yo: Y porque es quizá la mejor mujer que conozca en toda mi desgraciada vida no quiero que las cosas empeoren.

Josh: Lo sabía, estas enamorado de la chica Valerie.

Yo: ¡Claro que no!  No quiero lastimarla, es todo.

Sí, si lo estaba, pero aún no estaba listo para gritarlo a los cuatro vientos.

Josh: Es un engaño como sea que lo quieras ver, pero si así lo quieres… Está bien por mí: un beso y ganas; de todos modos, será igual de difícil.

 

El cambio de hora llegó, para mi suerte, más rápido de lo esperaba. Hoy saldríamos temprano gracias a una ventisca para nada sorprendentemente considerando nuestra ubicación geográfica; corrí por el pasillo principal en busca de un abrigo azul cielo, pero el de ella no era el único, el corredor estaba atestado de estudiantes todos tratando de volver a casa lo más rápido posible. ¿Recuerdan la película de buscando a Nemo, cuando al final se encuentra con Doris y muchos peces comienzan a ir en dirección contraria? Agreguen un poco de agua y eso eran los pasillos del Imperial College London.

 

Por más que busqué no encontré a ninguno de los chicos, de seguro ya estaban esperándome en el estacionamiento, pero como la terquedad viene impregnada de fábrica en mis venas quería ser yo quien la pasara a buscar a su salón de clases. Después de llevarme por delante un sin número de hombros llegué, pero como ya lo esperaba ella no estaba ahí.

— ¡Pensamos que te hiciste paleta! —gritó Erik tan pronto me acerqué. Más que paleta podría bien haberle hecho competencia a cualquier acuario y ganar la contienda.  

—Los estaba buscando —entré de golpe en el asiento trasero del auto de Peter. Yo no era lo que se dice técnicamente confiable para conducir bajo lluvia—, ¿Dónde está Valerie?

—Hoy despertó con un extraño deseo de comer pescado frito y se fue hace un rato con Nash y Louis —Erik explicó y Pete pisó a fondo el acelerador.

 

Entrar al restaurante fue como llegar al paraíso de la calefacción y ver el termómetro era una tortura. Cuando llegamos Nash, Louis y Valerie ya habían ubicado una mesa al fondo y el rubio y la americana de humor cambiante devoraban un plato de pescado frito y una orden de papas.

—Estoy llegando a pensar que estás embarazada, Vali —dijo Peter alborotando su cabello.  

—Tengo la hipótesis de que Nash la mordió transformó en una de los suyos —bromeó Louis tomando un gran sorbo de la taza con café caliente que había ordenado. Val y Nash lo miraron con reproche y la próxima hora nos dedicamos a molestarlos y meter las manos en el plato del otro… hacía ya un rato que no disfrutábamos tanto con tan poco. Sin alcohol ni música, sin luces a todo volumen solo nosotros como cuando estábamos en la escuela; nosotros y una invitada igual o más trastornada.

 

La lluvia se convirtió en nevada y el auto apenas dio para llegar hasta mi casa, no lo dije en voz alta, pero agradecí que fuese así, desde lo ocurrido con mi padre no tolero quedarme solo en casa. Supongo que es la verdadera razón por la que no he empacado las maletas y buscado al igual que los chicos un apartamento cerca del campus. No es que temiera a la soledad es un asunto que yo mismo no sé todavía cómo nombrar.

—Como en los viejos tiempo… ¡pido el control remoto! —gritó Louis saliendo disparado tan pronto el auto aparcó.

Una vez cumplimos la edad suficiente para poder llamar a los bomberos en caso de emergencia mamá accedió a dejarnos la casa, tomaba su bolso, llamaba a la abuela y salía huyendo de los proyectiles de malvavisco y los gritos frente al televisor. Para entonces utilizó a la abuela como excusa quien quería ver a Emma antes del parto. Erik, Nash y Louis jugaban en la sala un viejo video juego mientras Pete y yo preparábamos chocolate caliente para evitar terminar congelados, en realidad Pete hacía todo el trabajo y yo escaneaba la sala en busca de Valerie.

—Está por el jardín —dijo Peter.

— ¡¿Con esta temperatura?! —me alarmé.

—Está viendo al jardín no en él, tarado. ¿Ya decidiste qué vas hacer?



Angel Consoró

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En el texto hay: amor, harrystyles, emmawatson

Editado: 14.06.2019

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