365 Días

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27. Paura

Hay una primera vez para todo, incluso cuando sucede en más de dos ocasiones. Todos alcanzamos una etapa que algunos denominan “Yolo” aka “You only live once” no obstante y terriblemente importante, no todos comprendemos el significado de tan común frase. No diré que no sentí amor antes, pero, sí digo y mantengo que es la primera vez que realmente conozco y comprendo lo que siento. Y sé que sueno ridículamente cursi, que unos cuantos arcaicos me han de llamar poco hombre de escuchar como hablo de la mujer que más he amado en este mundo y de seguro volvería amar en un millón de mundos más y vidas por venir, pero ¿qué se le va hacer? Como suele decir Emma últimamente “Es uno de los pocos, pero altos precios a pagar por amar” si…, puede que lo cursi sea de familia.


Dos días después de navidad el clon de Val tocaba a nuestra puerta envuelta en un montón de abrigos, guantes y gorro. He de ser sincero, cuando abrí estiré el cuello en dirección a la sala de estar para comprobar que Valerie seguía sentada en medio de Louis y Nash comiendo esos dulces de gominola que tanto le gustaban y viendo Doctor Who. No me acostumbraba del todo a ese asunto de la hermana gemela; nunca lo hice por completo, a decir verdad.

—Algún día tendrás que superarlo, Cuñado —palmeó mi hombro y entró como lo que de por sí ya era: parte de la familia. Nuestra familia, porque, aunque ninguno de nosotros lo diga en voz alta en eso es en lo que nos convertimos: una familia. Tampoco lo decíamos muy seguido pero nos gustaba.


El año amenazaba con levantar el equipaje y largarse para no volver y con él la fiesta de Josh para año nuevo, la misma fiesta a la que aseguré ir con Valerie Thompson en mi tonta pero a la vez bendita apuesta, y no vayan a pensar mal, no me arrepiento del todo pues me guste o no fue gracias a la tan odiada apuesta que obtuve el empujón, la excusa perfecta para acercarme a ella; lo único que lamento en sí es el daño que nos hice en el proceso.

La mañana del veintiocho de diciembre, mientras Erik consiguió arrastrar a Mel —luego de asegurarse que su hermana gemela estaba en perfecta salud— junto con él a Bradford, Val no pudo hacer más que rezar para que ese par no terminara enterrado bajo nieve o desparramado por un acantilado. Nash no corrió con la misma suerte pues si bien Erik se sumergió en el tráfico, el rubio prefirió quedarse con nosotros y llamar a Irlanda que arriesgarse en un avión; él no dijo nada, pero notamos cuanto deseaba estar en casa, aunque de todas formas sin necesidad de darlo a notar nos aseguramos de hacerlo sentir como en Irlanda. Yo estaba en casa de mamá sentado de espalda al sofá viendo, o se supone que eso hacía, la televisión acurrucado bajo una gran matan azul profundo junto a mi atolondrada americana favorita. Su cuerpo cerca del mío, ella jugando con las pulseras de cerámica que bailaban en mi muñeca, esas cosas que murmuraba las cuales solo ella era capaz de decir…, como si nada hubiese cambiado.


La amo.
 


 



Fue como si simplemente volviéramos a ser ella y yo, como si nunca hubiésemos dejado de serlo. Sin embargo, ya no sólo persistía el inquietante sentimiento de que algo andaba mal en mi interior, sino que sentía la aguda, ridícula, pero al fin y al cabo preocupante necesidad de saber que éramos Val y yo, además de ser Val y yo, claro. No faltaba decirlo, pero necesitaba escucharlo, sentía la estúpida obligación de saber que estábamos bien.  

— ¿Spidey? —la llamé. Su cabeza reposaba en mi pecho, el olor a durazno endemoniadamente dulce y benditamente especial de su cabello me embobaba sin chance a evitarlo —y no es como si quisiera, de todas formas—. Ella persistía en jugar con las pulseras en mi muñeca y yo en disfrutar de aquel mundo tan diminuto como para ser notado y lo bastante infinito para albergarnos a ambos.  
— ¿Uh-uhu? —respondió.
—Te amo…—dije, y mi voz tembló como en aquella ocasión en la cafetería cuando por primera vez me disculpé por ser un gran idiota. Ella sostuvo nuestras manos juntas y, siendo muy poco de ella, me vio a los ojos. Un detalle acerca de Valerie: por más valiente que se empeñaba en parecer, siempre trabajaba en ser lo bastante fuerte como para mantener un simple par de ojos sobre ella. Hubo una vez en que le pregunté por qué entonces le era tan fácil enfrentarme y me contestó que los ojos son en verdad ventanas al alma y, a pesar de los altibajos que pudiéramos tener, de alguna u otra forma la mía le inspiraba la confianza que ella ansiaba. Luego amenazó con soltar una serpiente en mi cama si le contaba a alguien.
—¿Por qué no me llevas a la cama y hacemos oficial la reconciliación? —sonrió divertida. No tenía la mínima idea de dónde había salido esta mujer, no sé si era el resultado de leer mucho libros, ver tantas películas de Marvel o simplemente nació así pero, existía algo en la forma jovial con la que decía y hacía las cosas, en su forma de ser que sin importar si estaba enojada o simplemente bromeaba, no dejaba de verse tan natural…, tan ella.
—Isabel no despertará en un buen rato y mamá, Emma y su esposo el abogado tardarán un poco en llegar así que…
— ¡Harry! —golpeó mi hombro, sé que su intención fue mostrarse sorprendida no obstante su hermosa risa me cubrió como hace meses extrañé que lo hiciera.

Un año no parece tanto, digo, si lo piensan con detenimiento son muchas las cosas planeadas para cada año nuevo y con suerte logramos hacer si acaso una de ellas o la mayor parte del tiempo no hacemos nada sino que comenzamos a prepararnos para hacerlos quizá el próximo año. Suele pasar, pero es una maldita mentira. Sí se puede hacer mucho en trescientos sesenta y cinco días, si se quiere claro que sí. Es posible conocer a una persona en poco tiempo ¡Maldición, puedes compartir una vida en un año y sentirlo como si fueran diez años o incluso más! O sino miren mí no tan lógico ejemplo, en menos de un año quedé tan prendido de una mujer que incluso a mí me asustaba. A veces me gustaba mirar atrás, a pesar de que no se supone que lo haga, y recordar el montón de recuerdos que Valerie me brindó en tan pocos días. La tristeza y alegría por la que hemos pasado, los altos y bajos que nos han unido y separado…y todo en un año.



Angel Consoró

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En el texto hay: amor, harrystyles, emmawatson

Editado: 14.06.2019

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