365 Días

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2. Amigos


Barnes es un lugar agradable para vivir, ciertamente no es Liverpool pero lleva consigo el encanto londinense: atracciones que llenan a diario las calles de turistas, buenas escuelas y ese aire colonial futurista. De volver a nacer me gustaría vivir en la misma ciudad, a pocos pasos del Támesis y otros tantos minutos del Olimpic Sound Studios, sólo para pretender con mis amigos que somos los Beatles durante el día, y regresar a casa a tiempo para la cena. Sin embargo, aun contando con lugares por ver y escondites que descubrir, la vida que ha sabido ser caprichosa a más no poder desde el origen de los tiempos, se las arregla para convertirse en rutina con el pasar de los años mostrándose, en la más vana de las apariencias y de formas que aún no conseguía comprender, gentil. Nos permite elegir nuestra propia usanza, he llegado a pensar que, cuidándose de no ser juzgada, empero, resulta frustrante que incluso al ser arbitrariamente improvisada, se aferra hasta convertirse en lo seguro, obligándome a ser esclavo de expectativas, llevándome a poseer esperanzas sin importarle cuan desechado termine al final del camino.

 

De llevar tales palabras a la vida, han de llevar el nombre de Valerie y cargar esa endemoniada sonrisa que sin mi consentimiento me calentaba poco importándole lo frío que fuese el invierno. No fue pasado un mes de su llegada, no, fue la semana que transcurrió luego de que aprendí a admirar sus miradas e hice las paces con la chica extranjera apasionada por el café y las historias. Louis tenía razón, resultaba imposible no pasar un buen rato con ella. Lo sé, fui testigo cada mañana y al caer el sol.     

A diferencia del último mes, despertaba con más ánimo en las mañanas sabiendo que, aunque regresaría a casa con nieve en lugares que me reservo a mencionar, lo haría con la más estúpida y satisfactoria de las sonrisas pues mientras esperaba el antojo matutino de Emma, tendría veinte minutos haciendo, de alguna forma, un lugar en el mundo de Valerie donde yo pudiera encajar. Pensándolo bien, supongo que era yo el caprichoso, a fin de cuentas. Gastar horas hablando de nada e incoherencias con ella se convirtió en uno de mis pasatiempos favoritos, no frecuentaba otra chica que no fuese Valerie Marie Thompson, y aunque detenerme a pensarlo me conducía a esa demencia que solo conocí con ella, al final del día no me molestaba. Había solo una forma de descubrir con seguridad el qué motivaba en mi Valerie y por qué, y era estando a su lado.

 

Durante dos días seguidos fui forzado a interrumpir mi nueva rutina, fue entonces cuando descubrí lo dependiente que había crecido entorno a ella. Tres días antes de año nuevo, Erik y Valerie condujeron hasta el centro de Londres, las clases empezarían pronto y como era de esperarse, Erik se instalaría en un apartamento cerca de la universidad y con él, ella también. ¿Por qué no quedarse en los dormitorios del campus? Se preguntarán y he de responderles que, de los cinco, él siempre fue así, independiente. También habitaba el detalle de que, por razones que aún no tenía el privilegio de entender, no confiaba en dejar a Valerie por su cuenta, “desastre con patas” era como solía llamarla. En lo que respecta al resto de los chicos, no creíamos en eso de pasar los próximos cuatro años compartiendo habitación con un extraño ¡Los asesinos están en todas partes! Así que los demás decidieron compartir un apartamento en la misma calle que Erik y Valerie. Yo, en cambio, tenía planeado pasar dos semestres más yendo en metro de casa al centro de Londres, pasó mucho antes de que Emma regresara a casa y algo dentro de mí que no supe cómo llamar, me decía que debía estar presente para cuando el bebé naciera. Después de todo, no todos los días tu hermana mayor llega con el primero de tus sobrinos.

 

El 31 de diciembre sería la gran fiesta de fin de año en casa de Josh, todos irían para darle la bienvenida al nuevo año, ella también. Era la primera vez que me emocionaba tanto ir a una de las fiestas de Joshua y me llenaba de nervios a la vez. Aquello que los adolescentes llaman mariposas, supongo, revoloteaba dentro de mí en la más escandalosa y desastrosa de las formas posibles.

— ¿Sabes a qué hora regresa Erik? —pregunté a Peter bajando las escaleras, rumbo a la cocina.

—Ya vienen de camino.

— ¿Sabes si Val irá a la fiesta? —pregunté con el teléfono atrapado entre la mejilla y el hombro mientras saqueaba el refrigerador.

— ¿Val? ¿Se puede saber cómo es que superaste tan rápido tu aberración hacia ella?

— ¿Cuál aberración?

—Harry.

—No sé de qué me estás hablando, Pete.

—Una semana atrás no soportabas ni escuchar su nombre.



Angel Consoró

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En el texto hay: amor, harrystyles, emmawatson

Editado: 17.06.2019

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