365 Días

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3. Que empiece el juego

 

 

El rastro de nieve era ya indivisible y aunque faltaba poco para primavera el frío insistía en quedarse. Las clases iniciaron y la vida universitaria oficialmente comenzó una semana atrás. Tal vez no se pregunten qué pasó con mi querida e impredecible Valerie, no importa ya que de todos modos les contaré: nuestra relación —si es que existía algo como tal— mejoró bastante, una semana después de año nuevo consiguió que le retiraran el vendaje, no estaba del todo curada pero las vendas le estorbaban para escribir y según ella “era más llevadero el dolor de la quemadura al dolor de no poder sujetar con firmeza su lápiz”. Le pregunté qué es lo que tanto escribe en ese viejo cuaderno y resultó que no escribía nada, sino que dibujaba; Valerie nunca podía recordar sus sueños de la noche anterior por mucho tiempo por lo que todas las mañanas iba por una taza de café (que al parecer le despejaba la mente) y dibujaba lo que había soñado antes de que desapareciera para siempre de su memoria.

 

Entre clase y clase resultaba cada vez más difícil verla así que tal como ella madrugaba para tomar algo de café y unos minutos para dibujar antes de clases, yo conducía tan temprano como era posible con la excusa de llegar a tiempo a clases. Cinco días antes de iniciar las clases ella y Erik se mudaron a su nuevo hogar durante los siguientes cuatro años mientras yo me detenía treinta pasos antes del Café, hacía calmar mi respiración y entraba sin inmutarme de nada alrededor. Y sí, estaba al corriente que no podría seguir a ese ritmo por mucho tiempo. Los demás se moverían al centro dentro de poco ¿yo? Pretendía disfrutar a mi nueva sobrina un poco más. Al ser el más pequeño fui el último niño que corrió en el jardín y consiguió estancar la cabeza en las escaleras, jamás tuve un hermano menor por el cual velar, debía conformarme con celar a Emma como uno de esos cachorros de bolso; de no ser por los chicos con seguridad no hubiese alcanzado la cordura. Ahora se me deba la oportunidad sostener en mis brazos lo más cercano a una hermana menor e hija. Emma planeaba mudarse una vez más tan pronto como la bebé creciera, era mi deber enseñarle a robar dulces de la despensa y el maravilloso mundo de los videojuegos antes que fuese demasiado tarde.

 

— ¿Sabes de qué parte de América es Val? —preguntó, un compañero de clases, Marcus de la nada mientras esperaba que el profesor O’Conell decidiera que era imperante asistir a clases.

— Italia —respondí con prisa y desgano al notar que el Sr. O’Conell había llegado con la más intimidante de las caras jamás vista en un ser humano.

—Ah, Valerie…. —escuchar su nombre en boca de otro con tan condescendiente tono regresó mis sentidos y elevo la guardia.

— ¿La conoces? —inquirí en un susurro procurando no llamar la atención.

—Sí, tenemos Historia I juntos. Es muy simpática.

—Y comprometida. —dije sin pensarlo. Últimamente se me daba bastante bien hablar sin pensar, más cuando se trataba de Val.

—No sabía que Valerie tenía novio.

—Ya sabes...No es de las que hablan mucho sobre su vida privada.

 

Marcus respondió con un simple “ah…” y regresó la vista al frente donde el profesor explicaba algo respecto a los números y su importancia en la historia que poco me interesaba. ¿Por qué maldición le dije que Val tiene novio cuando no es verdad? Fácil, soy un patético egoísta.

— ¿Con que ya está ocupada? —me abordó Josh al salir de clase.

—Solo fue una mentira piadosa. Le he hecho un favor.

— ¿A ella o para ti? Si tanto te gusta la chica por qué no simplemente haces algo y dejas de alejar cada chico que intenta acercarse.

—No es tan fácil como suena, Nolacshon.

—Te complicas la vida, Cross —me siguio todo el camino hasta la facultad de leyes y se sentó a mi izquierda sobre el muro que estaba detrás del campo, donde solíamos reunirnos todos a la hora del almuerzo o cualquier otra hora libre.

—Digamos —comencé retóricamente—, que no es tan difícil como dices. ¿Qué se supone que hago? ¿Voy y le digo “oye Thompson me gustas, quieres ir por un café?

—Al menos ya aceptas que te gusta.

—De todas formas ya lo sabes. —me encogí de hombros, restándole importancia.

—Nunca pensé que llegaría el día en el que Harry Cross se convirtiera en un cobarde.



Angel Consoró

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En el texto hay: amor, harrystyles, emmawatson

Editado: 17.06.2019

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