365 Días

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6. Impostora vs. Mentiroso


Aún recuerdo su respiración chocar con la mía y sus labios… oh, sus labios tal como los había imaginado, no, mejor. También recuerdo como me echó en cuanto sintió a Erik entrar; no dijo si yo también le gustaba, no sonrió cuando nos separamos, sólo no hizo nada. Mi mente se dividía entre seguir jugando o retirarme de la partida, al final del día todo terminaba en Valerie y no sabía qué hacer. He intentado hablar con ella, sobre la otra noche. Necesitaba saber si sentía lo mismo o simplemente pasaba nada y había estado leyendo señales inexistentes tal cual adolescente en plena explosión de hormonas, pero desde entonces me ha estado evitando, es como si yo padeciera alguna clase de lepra mutante y ella fuera un peregrino huyendo con temor a contagiarse con una sola mirada.

 

Los únicos momentos que estábamos juntos era junto los demás y obviamente no podía preguntarle sobre el beso que me dio el permiso de robarle sin objeción frente a los chicos, frente a Erik, o bueno si podía, pero no estaba dispuesto hacerlo frente a ninguno de ellos. La vi a la hora del almuerzo, pero pasó la hora y media que teníamos fuera del restaurante pegada al teléfono celular mientras yo trataba de aprender a leer los labios desde nuestra mesa.

 

— ¿Algo anda mal, Erik? —preguntó Nash apuntando hacia Val.

—No lo sé, ha estado así desde ayer. Intenté preguntarle está mañana pero no quiso tocar el tema.

—Debe ser algo malo como para quitarle el apetito —comentó Louis tomando un trozo de pizza con pepperoni. Automáticamente Peter clavó de soslayo su tan aprensiva mirada de “¿qué haz hecho esta vez?” y una punzada del tamaño del puño del increíble Hulk atravesó mi pecho. Los minutos pasaban, la pizza se agotaba y la extraña ensalada que ordenó antes de salir corriendo comenzaba a marchitarse.

—Deberíamos pedirle que venga a comer —sugirió Peter.

—No. Luego hablaré con ella —fue lo último que Erik se limitó a decir. Y mientras Val iba de un lado a otro con el teléfono en la mano derecha y el dedo índice de la izquierda reposando bajo la nariz la curiosidad y preocupación ascendía en nuestra mesa.

De pronto ella entró con la cabeza gacha, susurró algo al Erik y él, cambiando de preocupado a asombrado y triste, se disculpó, tomó su chaqueta y abandonó la mesa de la mano de Valerie dejándonos más confundidos que nunca.  

 

No supimos nada de Erik hasta el día siguiente que llegó a la universidad sin su acostumbrada compañera enganchada del brazo limitándose a sacudir la mano en el más penoso intento de saludo jamás antes inventado hablando sobre un viaje de último minuto y de cómo tendría que inventar dos buenas excusas para los próximos días de clase que tanto él como Valerie iban a perder. No valió de nada seguirlo por todo el campus, él simplemente dijo que no podía contarnos, no ahora, que “eran cosas de él y Val” y en cuanto pudiera nos llamaría para ponernos al tanto. Recuerdo haber presenciado esa expresión de vacío de sus ojos junto con un cansancio que sobrepasaba lo físico, daba la impresión de ver al Erik de unos cuantos años atrás llevando al límite sus fuerzas. Haciendo su mejor intento para no derrumbarse en el funeral de su hermana pues sus padres ya estaban desolados y alguien debía mantener las fuerzas. El mismo que durante meses iba de un lado a otro: un adolescente lastimado pretendiendo ser el adulto a cargo. Veía al Erik que sin necesidad de palabra alguna nos decía lo mal que estaban las cosas.

 

Esa noche los cuatro fuimos a su apartamento solo para toparnos con un par de maletas en la puerta, Valerie con un pañuelo en las manos dando vueltas por la casa discutiendo vaya a saber Dios quien por el teléfono en un idiomas que no entendí muy parecido al español adornado con un distinguido acento italiano, tal  como el otro día en la pizzería.

 

—No tenían que molestarse, chicos —dijo Erik tan pronto entramos un tanto apagado, un tanto triste y otro tanto agradecido de que estuviéramos ahí.

—No solo somos amigos para lanzarte a la pileta —comenté mientras seguía a Valeria ir de la cocina a la habitación y de su habitación a la de Erik con la mirada.

— ¿Erik, haz visto mi pasaporte? —preguntó irrumpiendo en la sala con el teléfono colgado al hombro— Hola chicos —dijo y volvió de nuevo a Erik.

—Está en mi habitación, tercer cajón a la derecha —le indicó por encima del hombro—. Si no estoy pendiente lo pierde todo —nos explicó volviendo a terminar con su maleta.



Angel Consoró

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En el texto hay: amor, harrystyles, emmawatson

Editado: 17.06.2019

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