365 Días

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9. U.N.I


Es mía, finalmente es mía. Tres semanas y estoy a punto de romper el récord, ¿la casualidad? que todos ya se lo esperaban, Erik no se enojó, pero sin duda disfrutó decirme que nadie ha pasado de los treinta días en una relación formal con Val. Y sí, estaba preocupado y contando los días del calendario.

 

Debo admitir que nunca presté tanta atención y dedicación a una relación, pero por una solo vez quería saber cómo era tener algo serio, por primera vez sentía que estaba enamorado, no como aquella vez cuando dije que estaba enamorado del flan que preparaba la abuela de Nash o esa otra cuando juré encontrar el amor en la preparatoria, pero solo era sexo, no. Era una de esas veces en las que solo puedes pensar en una sola persona, esa en la que esperas con mucha más desesperación el final de la clase de economía y te alegras al llegar al salón de administración porque sabes que la verás; es de esas veces donde te preocupas de que mientras no estás a su lado llegue alguien mejor y la aleje de ti. Una de esas veces en las que finalmente te enamoras. Una semana más y rompería el récord.

No diré que no hacía uso de toda mi paciencia pues les estaría mintiendo, resultaba estresante compartir mi novia con la biblioteca, un montón de hombres en leotardo que salvaban el mundo a tiempo completo y las imágenes en su cabeza que pedían ser pintadas.

 

— ¿Sabes por qué la desquiciada de tu novia pasa tanto tiempo metida en la biblioteca últimamente? —preguntó Erik por sobre la música.

—Es tu mejor amiga, tu dime —pedí una cerveza al bar tender al no obtener un trago de la de Erik. La barra estaba atestada de gente y apenas se podía distinguir a alguien en particular en la pista de baile; cada segundo miraba tras la espalda del pelinegro y mis dedos tamborileaban sobre la lata de cerveza.

—Fue al baño no a la India, abandona la histeria —comentó.

— ¿No la haz notado distante?

—Harry, mi querido y ruloso Harry. Ya cumpliste el mes, no sé por qué te preocupas tanto.

—Tú más que nadie la conoces...

—Y aún me sigue sorprendiendo

—Comentarios así no son de mucha ayuda.

—Si te sirve de algo, me alegra que esté contigo y no con otro desgraciado. Solo te pido que no muestren su amor en mi presencia, todavía no me acostumbro.

 

Curioso, ella estaría mejor con cualquier otro. No habrán olvidado la apuesta ¿la prueba latente de la mala persona que soy? lo sabía, pero también era egoísta. Y si bien Erik notó que Valerie pasa la mayor parte del tiempo metida en la biblioteca estaba seguro que también se percató de sus cambios de humor y luego de la gemela sorpresa esperaba cualquier cosa de ella. La música subía y las luces parpadeaban con sutilidad, los chicos volvieron por unos tragos y a tomar un segundo aire, menos Peter que se quedó bailando un rato más con Valerie a la espera de Danielle, una chica con la que había comenzado a salir. Dos canciones después Danielle llegó y Valerie se acercó a mí.

— ¡Hey! —cruzó un brazo por mis hombros y arrebató la cerveza de mis manos.

—Suficiente —retiré la bebida de sus labios, ella resopló un "aburrido" y me besó de sorpresa. Valerie tenía la habilidad de llevarme ida y vuelta fuera del planeta con uno solo de sus besos efusivos... ya no era novedad ver la sonrisa de tonto en mi rostro.

— ¡No demostraciones de amor frente a mí! —asqueó Erik. Pidió otra bebida y se marchó en busca de los demás.

—Eso fue por todo el trauma que él y Mel dejaron en mí —dijo a carcajadas. Su risa era tan hermosa, tan única, tan de ella... si no era amor no sé entonces qué sea. Sujeté su cintura con posesión y la coloqué entre mis piernas frente a frente para poder ver sus ojos brillantes y alegres.

— ¿Qué haces? —sonrió.

—Amo tu perfume.

—Esto es extraño —dijo, pero no la entendí—, tu y yo —aclaró—. Es raro que estés tan meloso conmigo.

—Si lo miras en retrospectiva era de esperarse.

—Porque cuando te gusta una chica amenazarla con enterrar su cara en el hielo es lo primero que haces para conquistarla —rodó los ojos. Yo reí y me encogí de hombros pues decirle por qué tuve el coraje suficiente para llegar hasta donde estábamos ahora no era una opción.

—Te amo —dije sin pensar, y aunque me arrepentí y temí que se echara atrás sus ojos brillaron y su sonrisa fue más radiante que nunca antes. Besó mis labios y el resto de la noche desapareció.


 

Estar con ella no fue como lo imaginé... sino mejor, mucho mejor. Sus ocurrencias me hacían reír y la mejor cita era echarnos en el parque a media noche a ver las estrellas; sus pupilas se dilataban y su mano no soltaba la mía mientras trataba de contarlas. Nos entendíamos sin necesidad de palabras y disfrutábamos al máximo los pocos minutos entre clases que con suerte con seguíamos. Se enganchaba de mi brazo cuando estaba asustada y me provocaba pequeños ataques al corazón cada vez que se lanzaba a cruzar la calle sin mirar o brincaba de un lado a otro sobre los muebles, era torpe pero mía... era fuerte y al mismo tiempo la más frágil de las niñas,pero, sobre todo, seguía siendo mía. El primer mes dio paso al segundo, el segundo al tercero y con suerte permaneceríamos así hasta el cuarto, peleábamos por cualquier tontería, pero casi siempre olvidaba algo y volvía orgullosa a buscar su cartera o la bolsa de esos gusanos de dulce que tanto le gustaban, solo me bastaba besarla y el enojo se le pasaba.



Angel Consoró

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En el texto hay: amor, harrystyles, emmawatson

Editado: 17.06.2019

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