365 Días

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10. El lobo que pretendía ser oveja

 

 

El verano prometía ser tan fuerte como el invierno pasado posicionando el sol en su cúspide, obligándonos a pasar las tardes en el patio trasero de nuestras casas equitativamente cerca del refrigerador y la piscina. Aquella tarde turnamos ir a la casa de Nash no solo por el delicioso postre frío que su madre preparaba sino…, era por el postre en definitivo. Contábamos con unas pocas semanas libre de clases para disfrutar la temporada y acostumbrarme a la idea de Valerie usando shorts. No me jacto de decir que comprendía a Valerie en su totalidad, su humor comparable con un cachorro pequeño, pero al mismo tiempo era capaz de convertirse en una fiera, solía decirme que era porque, según su teoría, las personas pequeñas están más cerca del infierno y, al no medir más de un metro sesenta y cinco no era capaz de contener tanta ira por lo que de vez en cuando era saludable estallar y hacer de una a dos rabietas al año.

La verdad es que todos sus intentos de lucir aterradora tan solo la hacían ver adorable, como darle una moto sierra a un gatito.   

 

La primera vez que vi a Emma hacer sus maletas y partir a la universidad sentí ir una parte de mí, sentí que ella también me abandonaba. Cada acción de gracias y navidad que nos visitaba me repetía al espejo que no debía emocionarme pues de todas formas iba a marcharse al terminar las festividades, además al final todo mundo se marcha. La navidad pasada tenerla durante tanto tiempo en muchos años sin su esposo el abogado intentando empatizar conmigo. Se esforzaba demasiado. Supongo que por razones obvias era tan unido a los chicos, con ellos no quedaba tiempo para pensar o sentirme sola…, temo que Valerie se sienta igual estando tan lejos de casa.

— ¿Qué pasa con Erik? —pregunté saliendo al patio trasero. Erik había estado los últimos días más callado de lo habitual.

 

—Extraña a Mel —respondió Peter desde la piscina.

—No soy tan cursi como Harry —alegó Erik en su defensa y me hice el herido. Pero no podía contradecirlo pues desde que salgo con su mejor amiga ya no soy el mismo. Por las noches libres de clases bajaba hasta el piso donde vivían y la raptaba hasta el piso de arriba, decía siempre que estaba cansada, pero en cuanto llegaba me hacía buscar viejas películas animadas que solo tenía por ella y corría a la cocina a tratar de hacer palomitas sin quemarlas.

Muy pocas veces podía y era yo quien terminaba preparándolas. Estar con ella hacía tantas cosas en mí, como, por ejemplo, descubrí que soy celoso y me he visto aprendiendo a cocinar pues no quería que termináramos incinerados.

Valerie no malgastaba la oportunidad para llevarme la contraria y testaruda como ella no he visto otra, me espantaba a morir a cada momento, pero a pesar de todo la amaba. Y no, no era el mismo amor que tenía por el flan que preparaba la abuela de Nash, era...real, sin revolcones de una semana o aventuras de una sola noche, por primera vez en toda mi desaliñada vida había algo correcto y bueno.

 

Sabía que podía llegar a casa y estar todas las noches con la misma chica, tener citas con ella, siempre ella. Me atrevo a deducir qué era aquello a lo que Peter se refería con madurar.

— ¿Dónde está Val? —pregunté mirando a todos lados.

—Recibiendo una llamada en la cocina —dijo Nash.

—De seguro habla con Mel. Ya vuelvo —y antes de siquiera decir algo más Erik salió disparado con rumbo a la cocina. Diez minutos después ambos volvieron alegres y animados.

— ¿Todo bien?

—Hablaban por teléfono, Harry. No seas paranoico —bromeó Louis no muy lejos.

— ¡No soy paranoico!

—Lo siento rulos, pero sí lo eres. Descuida igual me agradas —le ayudó ella.

—Solo te agrado… bien —la tomé en brazos y lo único que se escuchó fue el chapuzón seguido de sus gritos.

Espero que no vayan a olvidar que poseía un master en ponerme lo nervios de punta.

— ¡Val! —recorrí toda la piscina con la mirada, pero no la vi— ¡Valeria! —y oficialmente estaba asustado.

— ¡BOO! —saltó debajo del agua y quien terminó sumergido fui yo.

— ¿En serio vamos a jugar a esto? —resopló al no verme y se dispuso a salir del agua, entonces, recordando la novia bipolar e infantil que tengo la sujeté por la cintura obligándola a sumergirse conmigo. Casi todas las mujeres desean un beso bajo la lluvia y luego estaba yo, que quería un beso bajo el agua, nada más. Y lo conseguí. Por desgracia ninguno de los dos era Aquaman  (sí, la chica me contagió sus aficiones sobre los súper héroes) y la falta de aire nos devolvió a la realidad.



Angel Consoró

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En el texto hay: amor, harrystyles, emmawatson

Editado: 17.06.2019

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