365 Días

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12. Vamos, miénteme una vez más.

 

El cine, la biblioteca, desayuno los domingos… ir en bici al parque ¡¡Ella ni siquiera sabía montar en bicicleta!! Uno de mis mejores amigos me odia y de repente mi novia prefiere pasar el poco tiempo libre que tiene con él; podrán pasar mil años y nunca comprenderé cómo funciona la mente de Valerie Thompson ¿lo peor? Todo era mi culpa. No sabía qué pensar, no tenía cómo saber si ella lo sabía y Louis comenzaba a sospechar.

 

—Escúpelo —pidió cortante y directo. Lanzó su mochila a un lado y se sentó en el respaldo de la banca donde yo estaba desde las dos últimas clases a las cuales no encontré el camino. La cabeza entre las piernas y el pasto como único paisaje, la frustración devoraba mi mente y me sentía como un claustrofóbico encerrado en un elevador atascado en el último piso de un edificio de treinta niveles.

—No sé de qué hablas, Lou —refunfuñé entre dientes y pocas ganas.

—Ya veo, quieres que sea directo… ¿Qué rayos sucede contigo y Nash?

—No lo sé.

— ¿Tengo que preguntarle a él?

Suspiré cansado y levanté la mirada. ¿En serio lo haría? Claro que sí.

—Harry…

—Me odiarás si te cuento… —arrastré las palabras y si normalmente hablo pausado en aquella ocasión, con ese tema a flote apenas y recordaba cómo articular las palabras.

—Él... él supo algo que no debí hacer, pero igual hice.

— ¿Qué tan malo?                           

—Tanto como para hacer que hasta tú me tengas asco.

— Inténtalo.

 

Cerré los ojos pues no era capaz de dar la cara como un hombre y sin más lo dije, dije lo que hasta hoy en día catalogó como mi peor error. ¿Y saben algo? siempre creí que esas cosas del Karma no eran más que locuras de Valerie para defenderse o salirse con la suya, pero esa tarde comprobé que era mucho más real de lo que pensaba cuando al levantar la vista encontré a Erik y antes de decir algo su puño estrellándose en mi cara sosteniéndome por el dobladillo del cuello de mi camisa azul a cuadros entre sus manos. Louis interponiéndose. Palabras de odio por parte de Erik…, así fue como mi mundo comenzó a caer en pedazos ¿no lo hizo hace semanas atrás? sí, pero hace semanas atrás era todavía capaz de mantener la mentira a flote.

 

Esperé durante todo el día la llamada de Valerie, pero nada, hasta que a las ocho de la noche golpeó la puerta y entró con una pizza en manos ¿no sabía la verdad? era yo quien no sabía qué esperar.

— ¿Qué haces? —le pregunté midiendo cada una de mis palabras.

— ¿Qué no es obvio? —dijo y negué sincero sin encontrar una respuesta—. Pues al parecer la única forma de ver a mi novio es llegar con comida, no creí que fuera a funcionar, pero aquí estás.

Dejó la caja en la mesa de centro y volvió a mí —que aún seguía de pie junto a la puerta— tomó el picaporte y dejó el seguro puesto, rodeó mi cuello con sus brazos y me besó como solo ella sabía hacerlo: apasionada y juguetona. No existía nadie sobre la tierra que me hiciera sentir lo mismo que ella lograba con tan solo uno de sus besos... y quizás para el día siguiente a la misma hora eran muchas las posibilidades de no tenerlos. Guardó apenas cinco centímetros de distancia y susurró cuanto me había extrañado en los últimos días, no preguntó sobre mi ojo morado y supuse que Erik ya se había adelantado, pero no era tan valiente como para preguntar qué versión ella sabía. “Pregúntale a ricitos” fue, lo que, según ella, Erik le contó.

— ¿Harry? —estaba en el sofá con las piernas cruzadas, jugaba con el collar de alas que Mel le había regalado antes de partir: ella tenía una y Mel la otra; algo de gemelas.

— ¿Sí? —dije. Dejé las latas de soda al lado de la pizza y tomé un puño de botanas del tazón al otro lado. El DVD reproducía la sexta película de Harry Potter: Harry Potter y el Príncipe Mestizo mientras yo jugaba con su cabello. Valerie era gran fanática de la saga y esa en particular era su parte favorita ¿por qué? Pues, da la casualidad que aunque mi novia nunca había dicho antes lo que ella califica como la palabra con “A”  (amor) y mucho menos se consideraba así misma del tipo romántico. Se aferraba con fuerza a su almohada favorita en cada una de las escenas entre Ginny y Harry; por más que pregonaba ser fuerte y sin sentimientos lloraba cada vez que leía Bajo la misma estrella de John Green, un dato: lo ha leído más de diez veces.



Angel Consoró

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En el texto hay: amor, harrystyles, emmawatson

Editado: 17.06.2019

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