365 Días

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21. Manual

Dos días ¿en serio quería esos dos días? ¿de verdad me quedaban fuerzas para luchar? ¿Acaso pretendo, luego de todo lo que le dije a los chicos y a ella, intentarlo una vez más antes de retirarme de la partida? Una cosa era segura y es que, a pesar de todo, no me perdonaría dejarlo al azar y preguntarme que pudo haber sido. Y fue justamente el poder de la curiosidad y la increíble habilidad que desarrollé a lo largo del año de no mantenerme lejos de ella, que me llevó a tocar su puerta un 27 de noviembre a las nueve en punto de la mañana.

— ¿Harry? — inquirió frotándose los ojos, el cabello todo enmarañado hacia un solo lado. Usando otra de esos ridículos pijamas que tanto le gustaba llevar.
— Los dos días — dije como si no fuera más que obvio. Ella pestañeó un par de veces acostumbrándose a la luz, me miró confusa en busca de una explicación.
— ¿Qué?
— Anoche dijiste que me dabas esos dos días. Vine por ellos.
— Creí que habías dicho que no somos el uno para el otro.
— La gente dices muchas cosas cuando está a un paso de la hipotermia, Valerie. Tengo una sola pregunta ¿Sabes si tu novio tiene antecedentes criminales? Porque hay una hermosa tormenta por lo que estarás atrapada aquí al menos dos días más lo que me deja un total de tres días y no pretendo jugar limpio.

—Ha…
— ¿Val? —la llamó el francés.
—Debo irme, Ricitos.

En un rápido brío que batió mi sangre como una sesión de centrifugado, la sujeté de las caderas y besé sus labios con fuerza. Aún en la mañana su aliento sabía a durazno, todavía me pregunto si dormía con mentas bajo la almohada, pero es Valerie de quien hablamos después de todo, el tipo de mujer del que se puede esperar cualquier cosa. Lástima para ella que yo era  el tipo de hombre que se había dado la misión atarla a la tierra o volar a su lado en el intento.

—Tres días, dulzura. No te preocupes en hacer las maletas.

Sus pies la devolvieron con el francés, pero su corazón y sus ojos estaban de acuerdo conmigo. Honestamente en cuanto la puerta cerró me vi a mitad del corredor notando que no tenía nada planeado…sí, estaba jodido. Tomé el camino largo al piso de arriba: escaleras. Frente a la puerta de mi apartamento fui iluminado y por primera vez en los últimos tres días feriados el montón de tarea apilado sobre la mesa de dibujos encontró un propósito.  

 


La nieve se acumula afuera, Louis y Nash jugaban en el Xbox, Erik se acaba las mini pizzas del refrigerador y Peter decidió tomarse lo de las leyes muy a pecho mientras los tortolos disfrutaban del lugar en el primer piso. .

—Anoche dijiste que no querías volver a tener nada que ver con ella —dijo Nash con los ojos fijos en la pantalla.
—Técnicamente no dije eso —alegué.
—Técnicamente quisiste dejar eso claro —dijo Louis.
—Louis tiene un punto a su favor.
—Peter, para ya de actuar como un juez —dije yendo a la cocina por una soda.
—En retrospectiva él siempre ha actuado así. Incluso ante decidir que estudiaría leyes —dijo Erik sentándose en el desayunador con todas las mini pizzas para tres días.  
—Ya sé lo que dije anoche sobre Valerie, no es como si no le hubiera dicho casi lo mismo a ella pero tanto ustedes como yo saben que hasta que me convenza de que ella no me ama no daré mi brazo a torcer.
—No le veo el gran problema —dijo Louis— ambos se quieren y Thimotée sobra ¿qué más necesitan?
—Disculpa por no tener relaciones tan sencillas como las tuyas, Lou.
—Se dan cuenta que parecemos un grupo de señoras chismosas, ¿no? —dijo Peter divertido.
—Yup —afirmamos los demás al unísono.

Sucede que en la secundaria los profesores se encargaron explícitamente de mantenernos sentados en un malditamente incómodo pupitre por casi dos horas viendo un video educativo sobre el sexo pero, también sucede que a nadie se le ocurrió enseñarnos sobre el amor y sus consecuencias. Y ahí estaba yo, tocando a su puerta por segunda vez en el día con una ridícula pero enorme sonrisa.

— ¿Y mi Spidergirl? —pregunté.
— ¿Quién?  —dijo Thimmoteé justificablemente confundido.

En ese momento Valerie apareció usando otro pijama, esta vez incluso más colorida. Como si vistiera al mismo Picasso.

—Ahí estás spidergirl —se sentía casi igual que cuando era pequeño y le alardeaba a Emma mis dulces. No, definitivamente esto se sentía mejor—. ¿Recuerdas el favor que te pedí está mañana cuando vine?
—Este…
—Ya encontré los planos y pues de todos tu eres la única con el don bendito de saber dibujar.
Giró sobre sus talones en dirección al francés.
— ¿Nos disculpas un segundo? —se excusó y me arrastró al pasillo cerrando la puerta detrás de ella.
— ¿Qué estás haciendo? —siseó realmente molesta.
—Aprovecho mis tres días y de paso hago unos planos de último minuto. Cualquiera pensaría que no tendría tanta tarea, pero los ingleses no conocen el significado de perder el tiempo.
—Bien, pero lo haremos aquí.
—No creo. No pretendo bajar la mesa de dibujos por la escalera de incendios y no estoy seguro de que quepa en el ascensor.

Me observó a ojos entrecerrados, se excusó de nuevo con su novio y me siguió rumbo al piso de abajo. No era tanto el trabajo, a decir verdad, dos planos sencillos tan sólo para verificar que tan buena era mi habilidad con el diseño. La mayor parte estaba hecha y es que no tuve la oportunidad de decírselo, pero también sabía dibujar, no también como ella solía hacerlo, pero lo suficiente para aprobar la carrera y vivir diseñando edificios por el resto de mi puta y mundana vida. Me alegré de embaucarla para que me ayudara pues estaba así de cerca de olvidar lo pasiva que se mostraba al sujetar un lápiz y he de admitir que la mera idea me aterraba. Supongo que luego de dos horas sin dar señales de vida al mundo exterior el estúpido de su novio por fin aceptó la idea de cuales eran mis intenciones y comenzó a procurarla por el celular.

— ¿El francés? —inquirí con media sonrisa altanera que iba de los labios a los ojos y todos lados.
—“El francés” tiene nombre y sí, es él.
—Se preocupa demasiado.

Yo también estaría preocupado de saber que mi novia estaba en el segundo piso con su ex a mitad de plena tormenta de nieve. Éramos Val y yo después de todo, no hemos tenido tanta historia para generar esa clase de preocupación, no duramos ese gran tiempo que marcara alguna diferencia o se convirtiera en significativo. Sólo nosotros dos, un par de extraños que compartieron pocos meses del año y gran parte de ellos fueron mentira…, o es lo que ella afirma. Por otro lado, estaba esa otra versión de la historia, aquella sobre dos tarados que no compartieron más que unos cuantos meses que lucieron años, aquellos que se aman, odian y extrañan como si de un viejo matrimonio se tratara…sí, yo también estaría preocupado de ser él. Cuando de Valerie y yo se trataba no existía un manual o alguna guía de pasos, nadie más que nosotros entendíamos lo que pasaba en el absurdo mundo que fabricamos. Funcionábamos a nuestra retorcida y exclusiva manera.  

Y mientras Thim…Como se llame, de seguro veía algún aburrido programa televisivo yo me encontraba en el sofá bebiendo cocoa con malvavisco junto a su novia, viendo la sexta película de Harry Potter pues a pesar de todo Valerie tenía razón, aquel film era cosa nuestra, una de las tantas cosas que eran sólo nuestras. Cómo discutir por quien jugaba con el control uno de la consola o luchar por no dejarla preparar los asquerosos tacos vegetarianos que echando a un lado el horrible sabor, extrañaba por la única razón de que ella era quien los preparaba; y es que amaba tanto a la loca americana. Incluso son su rara afición por los pijamas, las retorcidas ideas con las que saltaba. La amaba con todas mis fuerzas.



Angel Consoró

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En el texto hay: amor, harrystyles, emmawatson

Editado: 17.06.2019

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