365 Días

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23. De corazones y otras cosas

— ¿Debes hacerlo? — pregunté mientras sacaba el cajón de medias.

—Tengo qué, rizos.

Sonreí a medias al escucharle llamarme así, desde que rompimos no lo decía con ese tono juguetón y seductor tal como lo hizo en aquel momento. Bolsas de McDonals rondaban sobre la cómoda, los paquetes de gusanos de gominola por todos lados. Era imposible no vernos y notar lo mucho que la amaba.

— ¿Por qué tantas medias? —dije lo más animado posible en busca de callar el lamento de verla partir una vez más.  

 

En un mundo perfecto la mujer que amo estaría a mi lado saltando de un mueble a otro, tomando café a cada hora y té antes de dormir, viendo películas animadas y de superhéroes, completando mi universo no empacando para volver a Francia en seis horas. No mencionamos el tema “nosotros” desde la noche que terminó de derrumbarse en mis brazos, no pareció correcto o a tiempo, simplemente regresamos a ser los mismos amigos de siempre con uno que otro beso de polizonte. A pesar de todo no resistí la idea de permitirle marchase sin decirle lo que siento, no por segunda vez.

— ¿Por qué me miras así? ¿Acaso ya enloqueciste? —dijo.

 

La tomé en mis brazos y caímos a la cama. Su mirada, sus labios…toda ella podía conmigo, me dejaba de rodillas, doblegaba mi voluntad por completo. La acorralé entre mis brazos, uno a cada lado y juro que sus ojos me hipnotizaron. Entonces fue cuando después de mucho tiempo, sin peleas llanto ni rabietas, dije las palabras que, sin importar los siglos que pasen, pertenecían explícitamente a ella: —Te amo.

Frunció los labios y me miró de esa forma que hasta hoy en día solo he visto en su hermoso rostro.

— ¿Crees que yo no?

— ¿Por qué lo hiciste? —en cambio pregunté impulsado por las imágenes que sus ojos inyectaron en los míos de una Val sola, rota…, echa ovillo en un rincón sosteniendo una navaja afilada, derramando sangre a montones. Rehuyó a mí y no hizo falta decir que no solo las heridas en su cuerpo eran recientes.

— ¿Valerie?

— ¿Podemos olvidarlo?

— ¿Seguirás haciéndote daño?

—Puedo intentarlo.

 

Boletos de avión, sueños y Francia me han arrebatado a la mujer que amo por segunda vez. Dio media vuelta antes de abordar tan sólo para susurrar un te amo sobre mis labios, se mordía constantemente el labio inferior conteniendo las ganas de llorar como lo que ella llama una mujer débil. El veintinueve de noviembre luego de regresar del aeropuerto, cerré la puerta a penas y provocando ruido al rozar el marco, me deslicé hasta yacer en la alfombra abrazando mis piernas y la cabeza sobre las rodillas…, ya la extrañaba. Sacudí la cabeza una y otra vez en un vago y patético intento de sacar su imagen de mi mente, pero tal como sospeché fue imposible ¿si nos amamos por qué estar tan lejos? ¿por qué estaba echado con ganas de llorar si claramente corrió hacia mis brazos por la simple razón que olvidó decir te amo?

De pronto frío caló mis huesos, no el frío producto de la temperatura sino otra clase de frío; a diferencia de otros inviernos ese en especial resultó intenso aunque la tormenta cesó y el del clima prometió no más sorpresas, algo dentro de mí se retorció en formas físicamente imposibles. Alcé la vista al termómetro, fui al calentador ¿Qué maldición me estaba ocurriendo? El apartamento comenzó a moverse de un lado a otro y de súbito sudor corría por mi frente y las manos me temblaban. Como pude llegué al sillón, tanteé mis bolsillos en busca del teléfono celular y marqué el primer número que vislumbré. La falta de aire quemaba mis pulmones. No tardó para que la luz pasara a oscuridad, el mundo se apagó dejándome sumergido en lo desconocido, solo.





 

No recuerdo durante cuánto tiempo estuve inconsciente, cuatro pares de ojos me observaban preocupados, el lugar dejó de moverse, palpé mi frente y al igual el sudor paró de correr.

— ¿Estás bien? — preguntó Peter quien como los demás estaba más pálido que un papel.

— ¿Q-qué hacen aquí? —me las arreglé para preguntar.

—Tú me llamaste —dijo Nash con el móvil en manos— intenté comunicarme contigo, pero no respondías…

 



Angel Consoró

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En el texto hay: amor, harrystyles, emmawatson

Editado: 17.06.2019

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