365 Días

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24. Sperare

No comprendí lo que ocurriría, en realidad tenía la sospecha de hacerlo más estaba más aterrado que nunca de llegar a una conclusión por mí mismo. Diciembre jamás fue tan negro y lleno de desasosiego. Tres horas para la media noche y Erik iba de un extremo a otro con el teléfono al oído y el corazón dividido entre América y Londres, su novia y su mejor amiga que resultó ser la hermana gemela del amor de su vida. Algo ocurría entre Mel y Val que ni siquiera él sabía, lo cual me dejaba a mí en medio de la nada sin respuestas ni salida. Y es que mi Val era de esas mujeres que por no mostrarse débil o ver un rostro preocupado frente a ella callaba el dolor, aunque la doblara en dos.

 

Oliv dormía sobre el hombro de Peter quien repiqueteaba los dedos sobre su pierna desde que llegamos, Louis perdió el color de la piel y la sonrisa que por tantos años se empeñó en mantener sin importar lo mucho que el mundo se le viniera encima; a veces pienso que él y Valerie eran tan parecidos que de ser hermanos fueran diferentes, pues poseían un carácter disparejo sin embargo esa sonrisa intachable era justamente igual a la del otro, podías apreciarla sin importar que arrugado se encontrara su corazón. Nash estaba todo rojo, echado en un sillón con la cara entre las piernas, y yo…, yo me encontraba sin vida.

 

Las horas corrían como miel y nadie decía nada. De pronto sentí como la habitación azul muerto comenzó a girar, mi cuerpo perdió temperatura y el estómago amenazaba con vomitar el desayuno. Caí sentado al lado de Nash con pocas ganas siquiera de levantar la cabeza, llamándolo con voz rasposa y queda.

 

Los chicos se reunieron frente a mí. Los pulmones me pedían aire con desespero y de a poco la luz abandonó mis ojos dejándome sucumbido en la oscuridad. No de nuevo. De pronto quedar inconsciente luchaba por la gran atención que prestaba a la mujer unas cuantas habitaciones lejos de mí pues a pesar de que ahora tampoco sabía que me pasaba ella seguía siendo mi mayor preocupación. Quería llorar, gritar, maldecir…, todo el mismo tiempo. Necesitaba hacerme escuchar, escucharla a ella, pero simplemente no podía. ¿Qué tan malo fue lo que hice para merecer esto? Jamás pensé que ese año en especial sería tan mierda cuando lo recibí con los chicos, vale sé que lo terminamos de recibir en una clínica con mi pequeña demente en emergencia, pero ¿estábamos destinados a terminarlo de la misma manera? ¿o no estábamos destinados a terminarlo del todo? En aquel momento cuando la luz de las bombillas me quemaba los ojos dándome la bienvenida de vuelta a lo consciente incluso pensé que ni ella ni yo lo lograríamos para fin de año. Estaba asustado.

 

— ¿Estás bien, viejo? —uno de los chicos preguntó, no enlacé la voz con un quien, aún sentía como la cabeza iba de allá para acá con desgano. Hice uso de todas las fuerzas que me quedaban, si es que restaba algo en lo absoluto, y me incorporé en lo que luego noté era una camilla.

— ¿Qué ocurre? —me las arreglé para preguntar. De pronto Erik apareció entre los demás con media sonrisa que fácilmente desmentía las ojeras que cargaba bajo los ojos. Aun así no sentí que su expresión fuera sincera.

—Ey, Bello durmiente —dijo—, tengo algo que te devolverá en sí más rápido que todos los medicamentos del mundo.

Le miré expectante. De alguna forma la incertidumbre se reflejó en mi rostro y un “ya” me devolvió el aliento.

—Quiero verla.

— ¿Cómo te sientes? —preguntó Peter dando todos por ignorada mi petición.

—Estoy bien. Quiero ver a Valerie.

—Quizás deberías ir a casa y dormir un poco —intervino Nash.

—Quiero ver a Valerie —insistí.

—La enfermera dijo que se encuentra bien, puede tomar una siesta aquí, no hay ninguna diferencia —agregó Erik cruzado de brazos.

¿Qué todos se pusieron de acuerdo para ignorarme?

— ¿PUEDE ALGUIEN, MALDICIÓN SEA, DEJARME VER A VALERIE?

Ni siquiera la primera vez que la vi partir sentí tanta impotencia y angustia como aquella noche. Y es que me he dejado consumir a un nivel sorprendente. De una manera irremediable e incluso casi obsesiva; no concibo pensamiento de una vida sin ella. Ese fue mi error y mayor pecado. Sus labios ya no eran rosados, su piel se tornó pálida, más pálida de lo que jamás fue, lucía tan débil…tan…tan sin vida que por un segundo juré haberla perdido. No encontré qué decir, nadie me decía nada y actuaban como si pretendieran no decirlo jamás. Me encontraba más perdido de lo que estaba dos horas atrás cuando el aire y la luz me dijeron adiós.



Angel Consoró

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En el texto hay: amor, harrystyles, emmawatson

Editado: 17.06.2019

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