365 Días

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25. Misericordia

¿Es siquiera concebible la idea de conocer realmente a quien amas en su lecho de muerte? ¿Será que la amenaza a la inevitable desolación nos impulsa a abrir los ojos y, de ser así por qué hay que esperar ese preciso momento para hacerlo, entonces? No soy el hombre más hábil con las palabras, no se me da bien esa cosa de sincerarse, no al grado que una mujer desea lo haga un hombre, al menos. No soy poeta o el más sobresaliente de la clase, no creo ser tan importante para nadie, no para una multitud, siquiera me considero sociable, aunque quizá quienes me conozcan digan lo contrario ¿Quién sabe? Sin embargo, tal parece que sí soy un mal nacido cuyo espíritu fue atrapado por la injusticia del Karma y…Ya hasta hablo como ella. Maldición.


Una de las características que más me gustaban de Valerie y admiraba, era su capacidad de sonreír incluso cuando intentaba llorar, literal. Aquella chica en cuerpo de mujer había descubierto el secreto o lo que sea que se supone uno deba saber para simplemente ser feliz, y es que no la catalogaba como Hippie pues como muy propio es de escucharle “las etiquetas tan solo imponen fronteras” pero habitaba algo en su espíritu que quisieras o no te obligaba a verla dos veces. Me aterraba no ser capaz de contar con el tiempo suficiente para decirle todo lo que tengo por decir y solo aguarda ser escuchado por ella. Temía no tener suficientes noches a su lado, no ser bastante bueno como para tratarla como lo merece o amarla como ella necesitaba ser amada, y es que temo tantas cosas, pero no hacía nada.

Sus ojos permanecían cerrados en contra de mi voluntad, por más que rogué durante la hora y media que llevaba sentado a su lado ni siquiera sus pestañas dieron señal de vida. Ahora que me detengo a pensarlo suena como una total locura que estuviera así de colado por una mujer que apenas había conocido el invierno pasado; sucede que también me asustaba pues si me tomó un invierno y menos de trescientos sesenta y cinco días para enamorarme de tal manera ¿qué ocurriría si conseguía el tiempo que realmente quería pasar a su lado? Constantemente acariciaba su mano consolado por el débil pensamiento de que sentir su piel no propiamente caliente como debería ser pero si lo suficiente para seguir vivía, me hacía sentir mejor.


Algunos meses atrás en el verano, mientras le decía a Valerie el por qué es bueno comer carne y ella alegaba lo equivocado de mi punto de vista, Erik mencionó algo sobre gripa, ella algo más sobre que estaba bien y para cuando llegué a entender qué pasaba se aseguró de hacerme creer que no tenía de qué preocuparme, después de todo un poco de gripe es explícitamente normal y Erik exageradamente paranoico. Meses más tarde me encontraba sentado al lado de su cama en un hospital acostado lo más cerca posible y acariciando su mano rogándole abrir esos ojos marrones que me enloquecían con un solo pestañear. Según la doctora que la atendió, y por lo que pude entender, algo en la sangre de Valerie no marchaba bien. Valerie padecía Fibrosis Pulmonar ¿por qué colapsó? Su sangre dejó de recibir el oxígeno suficiente. No, no entendí mucho deba elaborada explicación que recibimos a excepción de que 1) se moría en mis brazos y 2) maldición moría en mis manos y no podía hacer nada para detenerlo.

 

Mientras yo estaba muy ocupado estando inconsciente por causa de un ataque de pánico, Val recibía una transfusión de sangre de emergencia y permanecía conectada a un tanque de oxígeno tal. A pesar de que me aseguraba que todo estaría bien, que siempre salió bien en el pasado, no evitaba pensar en que ocurría más con Valerie de lo realmente sabíamos.


— ¿Sigue sin despertar? —Erik preguntó apenas asomó la cabeza por la puerta. Sacudí la cabeza de un lado a otro en negación.
— ¿Ya pasó antes? —pregunté consciente de que permanecía a un lado, igual de preocupado.
—Solo una vez cuando estuve en América. Tenía unos diecisiete años… —silencio—, descuida, ya una vez superó esto…lo hará de nuevo.


Dios sabe cuánto necesitaba creer aquellas palabras.
Y de nuevo el fastidioso silencio.


No renuncié a permanecer trazando líneas y círculos en su brazo, a rezar por ella incluso cuando hace años no rezaba ni recordaba cómo hacerlo, prometiendo un montón de cosas sin sentido a cambio de escucharla y sentirla bien. Di una rápida mirada para comprobar que Erik siguiera allí y efectivamente lo hacía.

—Es gracioso —dijo—, y también irónico como todos se han apegado a ella en tan poco tiempo. Ella y Mel decían, bueno, dicen todo el tiempo que como son pequeñas Dios les compensó el tamaño que les faltó en gracia…

Quizá él no estaba dispuesto a quebrarse en público y no era necesario de todos modos pues para quienes realmente lo conocemos era obvio cuando dolido y preocupado se encontraba.

—No lo pongo en duda…—dije.
—Se pondrá bien, Harold —me aseguró—. Val es fuerte, dale unos días para que recupere su ritmo y estará como nueva.

Quise creerle, de verdad que quise hacerlo. Y así fue.



Angel Consoró

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En el texto hay: amor, harrystyles, emmawatson

Editado: 17.06.2019

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