365 Días

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26. Contando estrellas

Ese año a Nash le gustó llamarle el año del “se nos hizo tarde”. Se nos hizo tarde estar con nuestras familias en acción de gracia, se nos hizo tarde comprar los regalos de navidad y se le hizo tarde abordar un vuelo a casa de sus abuelos lo cual resultó ser más falta de ánimo que otra cosa ligado a los sucesos que nos obligaron a pasar la víspera de navidad en el hospital. La verdad es que por alguna razón el lugar de Erik era más cómodo y desde que yo le seguí el paso y me mudé en el segundo piso del mismo edificio nos dio una razón más para intentar ser aún más independientes. A pesar de ello el “se nos hizo tarde” no fue tan catastrófico como sonaba pues nos hizo iniciar nuevas tradiciones, me obligó a pasar más tiempo con la mujer que amo. Y de ello no me arrepiento.

Sé que no he dicho nada más que no sea lo mala persona que he sido junto a lo mucho que significa Valerie en mi vida, no está del todo bien pero tampoco está mal. Siempre me ha gustado mantener presente los detalles que complementan mi mundo, un mundo que a comienzo de año era aterrador porque no hay quien diga que comenzar la universidad no es aterrador; el simple hecho de pensar en que es hora de construir una vida y que lo que llevas haciendo los últimos años no era exactamente eso provoca que las pantorrillas tiemblen como gelatina, pero sin embargo, justo en ese momento de mi vida llegó Valerie, llegó para ponerlo todo de cabeza y me gustó. Me gustó como sus locas ideas me ponían a pensar dos veces antes de responderle, como sus ocurrencias me hacían el día, me gustó incluso lo difícil que fue llegar hasta a ella.
 

 



La nieve amenazaba con volver hacerse presente, y mientras Mamá, la abuela, Emma y Val (en contra de mi voluntad) se ocupaban de la cena Erik, Nash y yo nos empeñábamos en mantener la chimenea encendida mientras el abuelo veía la televisión en la sala de estar. A pesar del “se nos hizo tarde” Louis y Peter se las arreglaron para llegar con sus familias antes de que comenzara la nevada, no tradicionalmente a tiempo, pero lo lograron. Nash y Erik no corrieron con la misma suerte pues si conseguir un tren a Bradford era misión imposible, encontrar un vuelo libre a Irlanda resultaba peor.


Hasta el sol de hoy aquella fue la mejor navidad que tuve en años, incluso mejor que cuando tenía nueve y recibí el avión a control remoto que tanto quería. Aunque a pesar de toda aquella paz ridículamente perfecta, algo no dejaba de advertirme que confiar a ciegas en mi entorno era un error fatal. No tenía idea del por qué estaba tan asustado si las cosas comenzaban a lucir tan prometedoras. En contra de cualquier locura que estuviera nadando en mi cabeza me alejé de los chicos por un momento y fui a la cocina. No era el mejor momento, pero es que con Valerie lo más inteligente era tomar el momento y ya pues esperar uno bueno era impredecible.


—Ey, Spidergirl ¿Tienes un minuto? —pregunté reclinado sobre el desayunador.
—Mejor ve, Valerie, antes que a mi hermanito lo mate la impaciencia.

Puse mala cara aunque de hecho Emma estaba en lo correcto. Necesitaba un momento a solas con Val sin el tiempo o anestesia de por medio. La última vez que la chica Thompson estuvo en casa su abuelo había muerto junto con el brillo que tanto la caracterizaba, el cual amenazaba con no regresar y fumaba como loca compulsiva, en aquella víspera de navidad a diferencia de meses atrás ese brillo singular luchaba por mantenerse en pie y la nicotina era asunto del pasado. Atravesamos la casa de un extremo a otro justo hasta las puertas de cristal que daban a la terraza, la misma puerta de cristal donde, para mí, todo oficialmente comenzó. Ligeras marcas se mostraban en la parte posterior de su mano, debido al suero supongo, sus labios no habían recuperado su color por completo y bolsas danzaban bajo sus ojos más seguía siendo ella. Llevaba el cabello atado en esa clase de moño que nunca comprendí y las uñas pintadas de un azul metálico brilloso; me asustaba no saber a dónde íbamos ¿y si regresaba a Francia? Es de Valerie que se trataba, la mujer más testaruda que he conocido en mi puta vida.

— ¿Cómo te sientes? —maldición.
— ¿Quieres que crea que me sacaste de la cocina para preguntar cómo me siento? Eres más creativo que eso, rizos.
—Ne-necesito contar con la seguridad de que para año nuevo no harás las maletas marchándote lejos de mí.
— ¿Cuándo te volviste tan directo? —dijo, la mirada al piso y un sentimiento que no supe identificar.
— ¿Cuántas veces tengo que decir lo mucho que lo siento para que te quedes?
—No lo entiendes —dijo apenas audible—. Ya te perdoné. Pero, no quiero cometer otro error porque me guste o no me acostumbré a ti y me aterra no saber lidiar con esto, no soy buena en realidad. Sé que, aunque me quede, siempre estará la duda, el “¿y si me engaña una vez más?”
— ¿Lo dice la misma mujer que intentó subir un sofá con nada más que una cuerda a un segundo piso? ¿o la misma que intentó convencerme de saltar con paracaídas?
—Pudo ser Mel, nunca se sabe con esto de las gemelas —silencio. Por un momento concentró la atención en la alfombra que alguna vez fue beige y ahora lucía un marrón anticuado. No evitó silenciar su nariz y para cuando levantó la mirada sus ojos bailaban en un rojo doloroso—. Llámame de la vieja escuela —dijo, el aire apenas permitiéndole hablar claro—, pero quiero algo más que un novio con adicción a las apuestas y las cicatrices en mis piernas; necesito más de lo que tengo ahora, o al menos la certeza de que voy a estar bien.

—Y es lo que voy a darte.
— ¿Cómo puedes saberlo?
— ¿Cómo sabes qué no?
— ¿No fuiste tú quien en verano a las cuatro de la mañana me dijo que, y cito, lo bueno de la vida es no saber qué esperar? ¿A dónde tratas de llevar a mi Valerie?

Una vez más acorté la distancia entre ambos invadiendo el poco espacio personal que de por sí no respetaba. Y, aunque hablamos en susurros pues la casa se encontraba familiarmente minada, la tensión entre nosotros se encargó de alzar la voz y hacernos sentir pequeños en comparación, al menos lo hizo conmigo.



Angel Consoró

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En el texto hay: amor, harrystyles, emmawatson

Editado: 17.06.2019

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