365 Días

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28. Sonnecchia

Y entonces no entendí si tan sólo estaba de paso o la tendría para toda la vida. Como si desde que llegó algo a nuestro alrededor se empeñara en jugar a floja y estira con ella, conmigo. Puedo decirles que fue tal vez la tercera noche más larga del año, la cuarta incluso si contamos la ocasión en la que se marchó con Erik a América, pero no, esa en particular fue diferente y sí, aún más que la semana anterior a esa cuando a pesar del miedo de saber que posiblemente la perdía sin decirle cuánto le amaba los chicos encontraron la forma de mantener la calma, de mantenerme a mí en calma porque muy profundo ellos sabían que todo iba a salir bien, pero en aquella ocasión estaba su hermana, cuñado, hermanos que no son sus hermanos, cuñadas con las que siquiera hemos tenido el tiempo de compartir y ella postrada en una cama obligándome a temer por su vida, nuestra vida y el futuro con el que sueño desde hace un año y amenaza de la forma más torcida y silente posible con no ser real.

 

—Se te irá toda la cabeza a la sangre —dijo Nash. Palmeó mi espalda según tomó asiento junto a mí.

—Si consigue llevarme en lugar de ella entonces no hay problema —respondí de mala gana con la cabeza entre las piernas.

—No morirá, Harry.

—No lo sabes, Nash.

 

Llegado a ese punto ambos escogimos callar, no porque no hubiese nada más por decir sino porque lo que sea que hiciera falta no necesitaba ser dicho. Entonces, lleno de sentimientos que aun a dicha altura de juego eran nuevos para mí, decidí aferrarme a la sonrisa de Valerie que correteaba en mi memoria y romper el silencio porque después de todo Nash llevaba un punto a favor: no sé si moriría y Dios cuánto deseaba en mi interior que así no fuese. Echando los pensamientos, teorías y miedos pregunté quizás lo más estúpido del momento:

 

—Nash, ¿En serio pensaste en intentar algo con ella?

— ¿Qué? —elevó las cejas en desconcierto dando por sentado que únicamente yo era capaz de traer a conversación tal tema en tal momento, pero ya lo había hecho y he de ser honesto, me iba mejor recordar los absurdos celos que sentí entorno a él y Val a pensar en cómo junto a las insufribles vueltas de la vida la perdía.

—Cuando Erik se enteró de la apuesta…dijiste que de no haber sido por mi hubieses ido tras ella ¿Era cierto?

— ¿De verdad eso es lo que te preocupa justo ahora?

Ladeé la cabeza. Junté las manos en una especie tipi pero mis dedos temblaban como cosa loca terminando entrecruzados.

—No…pero es mejor a pensar cualquier otra cosa. Ya sabes lo rápida y dramática que puede ser mi cabeza ¡los peores escenarios bailan frente a mis ojos!

 

Ahora mis torpes, lánguidos y pálidos dedos agarraban con fuerza la maraña rizada que llevaba por cabello. Estaba ocurriendo de nuevo. Gracias a Dios que tengo amigos tan mentalmente desequilibrados como astutos pues de no ser así los nervios me habrían matado. Todo el asunto de andar por ahí hecho un manojo incontrolable de nervios resultaba agotador, no se daba con frecuencia, pero igual me jodía la existencia. Nash agarró con fuerza mi hombro como si de alguna forma yo estuviera a punto de salir corriendo a una velocidad supersónica y aquello fuera capaz de detenerme. Dijo varias cosas que no comprendí a causa del indeseable pitido que se acercaba a paso firme lo cual significa que de hecho en cualquier segundo saldría corriendo como Nash temía. Sentí náuseas, el aire se tornó seco y pesado, los párpados querían cerrarse de golpe, la boca al igual que el aire se secó y, aunque el cuerpo me gritaba darme por vencido el cerebro decía “recuerda que la mujer que amamos te espera, idiota, no lo arruines” Era hora de hacerle caso a la razón.

 

— ¿Sigues conmigo, rulos?

Asentí como pude y como el buen tarado que soy escogí continuar con el tema más absurdo que se ocurrió:

— ¿Y? ¿Enserio te cruzó por la mente intentar algo con mi novia?

—Sí, Harry. Se me cruzó por la mente intentar algo con Val, pero ya sabes lo que pienso sobre no dejar que una mujer interfiera con nosotros, eso y que la chica está loca.

 

Y así son mis amigos, capaces de mirarme a la cara, fingir que todo va bien y llamar loca a mi novia con tal de evitar que mi mente explote. Cada día que pasa agradezco por ellos, no miento. Tengo la teoría de que todos los hospitales del mundo están confabulados uno con otros para hacer la vida de los pacientes y familiares de los mismos sufrir como si no hubiese mañana. Algo curioso, sucede que la duda es más dolorosa que el hecho mismo pues sujetar su mano con un pulso apenas detectable sin saber por qué debía preocuparme en concreto me mataba, apuñalaba no solo mi espalda, sino que cada órgano que este saco de piel y huesos que llamo cuerpo poseía.



Angel Consoró

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En el texto hay: amor, harrystyles, emmawatson

Editado: 17.06.2019

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