365 Días

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29. Catarsis

Un año antes de terminar la preparatoria a eso de cumplir los diecisiete años, Valerie y Melanye Thompson sólo contaban con sus abuelos y uno que otro tío lejano de los que llama de cuando en vez, pero en sí no cuentan del todo pues no están para recogerte a la escuela cuando te metes en problemas o pelear por el desorden de tu habitación. Su padre…ellas no conocieron a su padre, a los quince su madre murió de cáncer por lo que, luego de saberlo, meses después por fin entendí el porqué de la depresión de Valerie al morir su abuelo.

 

Cuando Val llegó por primera vez a Londres vi muchas cosas en ella que luego descubrí no era. Y es que la creí narcisista, mimada y altanera. La vi tan cómoda en lo que califiqué como mi mundo que sin detenerme le pegué una etiqueta de invasora de buenas a primera sin plantearme la posibilidad de que tal vez, sólo y únicamente tal vez, ella era más que las conjunciones que me tomé la libertad de sacar. Valerie era todo lo contrario a lo que pensé, la chica construyó muros tan gruesos como la muralla china y tan altos como el Burj Khalifa en Dubai; no se era tan fuerte como se mostraba pero ella jamás lo comprendió.

Su deseo de no mirar atrás y ser tan libre y grande como nunca lo fue en el pasado cegaron lo que habitaba en ella, su espíritu fue más grande que la lógica, la dominó a la perfección obligándola a creer que no existe el dolor dando como resultado una Valerie imponente, traslúcidamente fuerte e increíblemente imparable pero no vayan a creer que fue malo, no, al contrario. Valerie y su hiperactivo espíritu siempre fueron buenos, sacó lo mejor de ella; y es que ese fue el verdadero problema: Val siempre se obligó a dar lo mejor de ella, a ser alegre 24/7 borrando por completo que el dolor también es parte de la felicidad.

 

Para cuando no pudo contenerlo más y el dolor explotó en su cara Val simplemente no supo manejarlo dando como resultado a la Valerie amante a la nicotina, a la cual —no tengo ni la mínima idea— conseguí traer de vuelta, cuando ocurrió lo que quedó registrado como “la mayor estupidez de mi vida” temí en la probabilidad de que aquella Val regresara, pero no fue así, una vez más, de algún modo, Valerie consiguió ser más fuerte o es lo que nos hizo creer. Y es que para entonces Val se encontraba más rota de lo que alguna vez estuvo sin embargo, llegado año nuevo se sintió diferente. Ella estaba de vuelta, más expuesta de lo que alguna vez lo fue y no es que quiera alardear, no, sino que ella misma me lo contó.

 

No es justo que luego de tanto terminara entubada en una cama con problemas que sabía eran graves, pero preferí ignorar por mi mal criado miedo. No era justo lo que nos ocurría y sé que existen problemas más grandes que nosotros, que otros lo tienen peor, pero ¡Maldición! ¿por qué debía aquello hacerme sentir mejor cuando la mujer a la que me atreví aprender amar en un puto año se me iba de las manos y era tan cobarde para ni siquiera afrontar la verdad, nuestra verdad. No era justo…la vida no era justa.

 

Sus ojos, sus ojos marrones lo bastante grandes para cautivar y perfectamente pequeños y brillantes para sembrar incertidumbre me miraban tan apagados que dolía, el brillo se fue de vacaciones y la incertidumbre dejó de ser excitante.

—Iba siendo hora de que despertaras —dije, sujetando sus manos.

—No puedes vivir sin mí, rizos.

—Dependo de ti, de nada sirve negarlo.

 

Su voz sonaba pausada, baja y un tanto rasposa, para nada suya. Sus manos se sentían frías por conjeturas que preferí no hacer. Seguían sin decir qué estaba mal con ella, de verdad, no excusas vanas y vacías, creo que debido a la abundancia de esas fue que en realidad nadie se molestaba en decir anda. Sin embargo, sus ojos me sonrieron, no alegres y vivos como de normal, pero se esforzaban y para mí era suficiente.

—Los chicos estuvieron aquí hace un rato…nos tienes preocupados.

 

Arregló mi mano y comenzó así a jugar guerra de pulgares, le gustaba jugarlo cuando no teníamos nada que hacer o no sabía qué decir. Entonces supe que sí estaba el algo de qué preocuparme y un porqué por el cual temer. No evité sentirme traicionado ante la posibilidad de que incluso ella supiera qué estaba mal, no conseguí evitar sentirme como un idiota pues de algún modo yo era el único que se negaba afrontar la inevitable verdad. Sin embargo, me gustaba más esa versión de la historia; la ignorancia acarrea sus propios males y virtudes.

 

Quisiera decir que mejoró, que milagrosamente lo que sea que estuviese haciendo tour dentro de ella decidió marcharse, pero no nada de eso ocurrió. Mel se cansó de posponer su vuelo así que simplemente se quedó, personas que no conocí, pero presunto eran familia, su familia paseaban de un lado a otro exigiendo explicaciones mientras Erik me decía sus nombres en susurros como si me importara. La verdad es que perdí el interés en un montón de cosas, al paso de dos semanas más tarde incluso perdí interés en vivir y mamá no dijo nada porque supongo supo lo que sentía tal vez por eso que llaman sexto sentido o intuición materna, no lo sé, pero lo agradecí, nadie en casa puso objeción pues era mi vida y Val se convirtió en mi vida recurriendo al más grande sentido de la teatralidad y el romanticismo, y no me importó.



Angel Consoró

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En el texto hay: amor, harrystyles, emmawatson

Editado: 17.06.2019

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