365 Días

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Epílogo

No me olvides, te lo ruego. Quizás en esta vida no fuimos predestinados, pero en una próxima prometo buscarte aunque mi corazón desfallezca y mi alma duela.

 

Nueve meses y veinte días después.

 

Presente.

 

Su cabellera desciende con gentileza sobre mi hombro y su cuerpo se siente cálido junto al mío. La observo con una mezcla de emoción y miedo que jamás supe descifrar. La luz filtrándose por la ventana, el olor a café y galletas de canela recién horneadas, nuestro playlist sonando desde la sala de estar y su risa consolando mi apaciguado corazón que luchaba por albergar la conmoción de tenerla ahí, tan cerca y tan mía..., tan bella y tan ella.

—Temí no volver a verte —digo con una sensación de dejadez en la voz.

—Eso es porque siempre fuiste muy incrédulo.

Su voz sonaba tan irreal. Su piel como algodón y ese cálido tono trigueño que enloquecía mis sentidos.

—Te extraño con locura, Spidergirl —percibo el resquebrajo en mi voz y el nudo que se aloja en mi garganta —. No sabes cuánto necesito que seas real.

—Harry —se incorpora, clavando esa mirada cálida que en tan poco supo desarmarme por completo. Sus labios rectos que me dicen estar luchando por no sonreír—, necesito que continúes —ladea la cabeza con suavidad moviendo con gracia esas hebras de cabello escurridizas—. Necesito que abras los ojos y seas feliz; es lo único que he deseado desde que te conocí.

De pronto el aire en la habitación se torna húmedo, pesado..., agotador. No he de ser un genio para saber que mi rostro denota la tristeza en la que se sumerge mi alma así que busco un punto aleatorio donde posar la vista, ni siquiera aquí soy capaz de enfrentarla.

—No tengo porque escucharte, después de todo sé que no eres real...

Y solo así, se desvanece entre mis brazos.

 

Otra vez he soñado con ella y el vacío que ha coexistido a mi lado desde su partida acrecienta con cada imagen, con cada anhelo y roce de su piel. Limpio el sudor que me empapa la frente con rapidez y salto fuera de la cama en busca de un vaso de agua; cada vez se sienten más reales, cada vez soy capaz de sentir el vello de su piel erizarse y mi corazón latir como la primera vez. Enloquezco.

 

La otra tarde la vi en la plaza cruzar la calle e incluso en el viejo café donde me tomé el tiempo de admirarla por primera vez. Con el pasar de las semanas su recuerdo crece en lugar de apagarse y temo perder por completo la cordura de seguir así.

La extraño.

 

Falta poco para año nuevo. Las luces iluminan la calle hasta la avenida donde más luces comienzan. Han pasado nueve meses y Valerie no regresó. He aquí algo curioso de la vida, aprendí a enamorarme en poco tiempo, pero, por otro lado, no consigo olvidar de la misma manera. Me siento vacío. Siento que no importa si pasan los años, conozco una linda chica e incluso formo una bella familia, el recuerdo de Valerie es y será de esos de los que no puedes librarte, de los que por un rato largo duelen y luego..., luego te hacen finalmente sonreír con nostalgia no porque así lo desees sino porque no hay más remedio que convencerte de recordar lo bueno sin llorar, pero no soy lo bastante fuerte y aludo a su presencia cada noche al caer sol.

 

Tengo claro que no conseguiré entender la muerte, no como necesito hacerlo. Tampoco negaré que aún la extraño pues no he logrado concebir vida sin ella. El día que pierdes un ser querido no es el más difícil, sino los días que llegan después en los que contemplas la vida sin esa persona; en los que levantas el teléfono, pero sabes que nadie responderá..., esos en los que sé que ella no estará en la cocina preparando té y esas extrañas combinaciones de comida que a pesar de todo resultaban deliciosas. Las charlas a las tres de la mañana junto a la ventana...me atrevo a decir que aquel año fue el mejor que he vivido, el más valioso. El año en que aprendí a amar, existe una débil parte dentro de mí que cree con firmeza que quizás era esa la misión de Valerie en mi vida, sin embargo, me niego a tal consuelo que se limita avalar su ausencia.

 

—Me gusta tu cabello corto —dijo. Me espanto al verla sobre la encimera, el vaso cae de entre mis manos y el piso brilla con trozos de vidrios.

—No, no eres real —digo insistente, temeroso incluso de su recuerdo—. No eres real.

— ¿Y por qué estoy aquí entonces? —da un paso más cerca, acorralándome entre su fantasma y la pared.



Angel Consoró

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En el texto hay: amor, harrystyles, emmawatson

Editado: 17.06.2019

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