365 noches de insomnio

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La deshumanización de la sociedad de consumo

Las calles de las grandes ciudades del mundo se han convertido en un desfile de colores y letras asociadas de manera vertiginosa, aludiendo a la felicidad y la belleza como si fuese un mantra que debe memorizarse, igual que las tablas de multiplicar. Las tiendas que proveen de artefactos tecnológicos, ropa producida en masa o cosméticos se encuentran con más frecuencia que los centros médicos o las instituciones educativas, valiéndose de una actividad frívola para la recreación permanente de las masas: el consumo. Ahora bien, ¿cómo opera este sistema en la sociedad actual?

Los anuncios publicitarios gritan el exceso, el lujo inalcanzable, la belleza femenina exacerbada e irreal. Muestra los modelos que impulsan las compras compulsivas, aludiendo a fechas de obligación para los gastos y cambiando los productos a la venta según la época del año, incluso subiendo los precios con la conciencia de que no es posible evitar la adquisición de los artículos.

Basta ver la época navideña, la cual se extiende fácilmente por un mes entero, para darse cuenta del afán consumista del mercado. En todas las tiendas reluce el árbol de navidad con sus decenas de luces y adornos, coronando el panorama nevado, copiado del norte del continente, conformado por cientos de juguetes para los infantes y el infaltable pesebre, al que todo elogian después en casa sin importar si pertenecen o no a la religión católica. El árbol es renovado casi anualmente por algunas familias, teniendo en mente el concepto de que la navidad se trata de una fecha única y que no debe ser festejada con cosas viejas. Además, se habla de una época familiar, pero incluso en la misma fecha de la celebración se ve a los comerciantes vendiendo la última esfera para ornamentar la casa o vociferando en la calle la nueva oferta del "regalo prometido" como si no tuviesen una familia, a cuyo llamado acude el padre estresado ante la presión de no tener un obsequio para su hijo. Cada lugar de la ciudad le recuerda aquello como un deber con amenaza de castigo, pues siempre hay un par de ojos mirándolo en un anuncio. 

La compras entonces se vuelven un vínculo emocional que suple las palabras, que recompensa el tiempo perdido, que renueva los lazos rotos y que se traduce en amor o arrepentimiento. Mientras más costoso sea el regalo, más expresa la emocionalidad y todos los lugares en donde se pasa el tiempo con la familia, los amigos o la pareja representan un sitio donde se debe invertir capital. La entretención y los momentos felices en colectivo se reducen en una entrada a un parque de diversiones o la cuenta de una restaurante, representando un foco de diversión irreemplazable.

Por otro lado, la movilización del capital ya no se encuentra acompañada de las cosas que son necesarias, sino de aquellas que administran comodidad, estatus y aquellas que permiten la integración de cada uno de los eslabones socioeconómicos. Los consumidores son manipulados por medio de un bombardeo de información visual que utiliza temáticas emocionales para hacer cuestionar al receptor sobre el concepto de necesidad y llevarlo de su rol de comprador de productos básicos a uno consumista.

Si gran parte de la población lo tiene, se hace necesario. Nuevamente se trata de las conexiones, pero esta vez sociales. Se produce un deseo incontenible de ser uno con el todo, de tener lo que tienen todos, de automatizarse. Hay un anhelo oculto de convertirse en un producto de mercado: somos la marca de ropa que vestimos, el local de comida rápida en el que comemos y el servicio de internet que preferimos. Dejamos de existir para dar paso a una realidad de intercambio monetario y hacemos lo que nos solicita la sociedad de consumo.

 La sociedad de consumo pide la mutilación del cuerpo para la preservación de la belleza, la compra de medicamentos para la manutención de la salud, la compra de ciertas marcas de vestimenta o de medios de transporte para mantener un nivel de acuerdo a la posición económica, o para que aquellos que no se sienten cómodos con la suya puedan escalar económicamente de manera artificial. Incluso, el sistema lo hace fácil si no se cuenta con el dinero suficiente para la adquisición de un producto o servicio en el momento, pues otorga una llave maestra de plástico que intercambia la moneda por un pago a plazos, el que hace al comprador un ente poderoso sobre sus finanzas, incluso si están arruinadas. Sin embargo, aquello es un panorama ilusorio en todo el tramado de manipulación financiera.

El ser humano ha perdido su condición humana. Se ha convertido en un instrumento de movilización de la economía y sus derechos son limitados como un bien de mercado.

Ya no es de importancia si se enferma de una extraña afección, dolorosa e invalidante, mientras no se tenga dinero para costear un tratamiento médico, el seguimiento hospitalario ni las píldoras privatizadas por las farmacias. Si se es de bajos recursos, la obligación es aguardar por largas horas en las salas de espera, con el fantasma ineludible de que la atención no está garantizada o de que, una vez diagnosticado el mal, no habrá forma de pagar por la cura. El derecho a la salud se ha transformado en un privilegio destinado a las personas que pueden costarlo.

Por otro lado, el sistema clama por profesionales y pide el título de egreso, pero no garantiza los estudios. Las carreras universitarias son sumamente costosas y el ciudadano promedio no es capaz de pagar por ellas. Sin embargo, aún cuando los estudiantes están endeudados "hasta el cuello" y apoyados en base a becas o créditos estatales, se les ofrece una tarjeta de crédito. Sin tener un empleo, se les invita a formar parte del círculos financiero, a consumir con facilidad y, bombardeados por la tecnología que rodea a la juventud del siglo XXI, no será difícil transformar al nuevo ciudadano en un código de barras antes que en el profesional que se requiere con urgencia. La deuda ya es parte del estudio, ¿por qué no añadir otras? El ciudadano debe acostumbrarse a deber dinero.



Romane Lavoie

#6109 en Otros
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En el texto hay: ensayos, pensamientos alusivos a la existencia

Editado: 03.01.2019

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