¿a cambio de que?

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Prologo.

El frío traspasa la gastada tela del abrigo haciendo que mis temblores sean constantes. Todavía faltan unas cuadras para llegar a la universidad y desearía haberme quedado en casa a cuidar a mis hermanos quienes se "tomaron" el día libre, estaba agotada.

No había logrado dormir mucho anoche, después de curar las heridas en el rostro de Tyler había pasado la madrugada consolando a mi madre quien estaba demasiado aterrada como para consolarme a mí. Y no era para menos, nos habían encontrado.

De un momento a otro, comienzo a inquietarme. Siento antes de ver que alguien me persigue. Con discreción miro sobre mi hombro y noto que un auto oscuro avanza a velocidad sospechosa a pocos metros de mí. Apresuro el paso mientras me abrazo a la mochila, quiero creer que no es nada para preocuparse, pero mujer precavida vale por mil.

Cuando llego a la esquina echo un nuevo vistazo a mi espalda para confirmar lo que sospechaba: el auto está siguiéndome. La desesperación comienza a abrirse lugar en mi pecho y decido cambiar de rumbo repentinamente doblando a la izquierda, pero al instante entiendo que fue una mala decisión cuando el vehículo acelera.

Mi corazón comienza a latir con fuerza y corro todo lo que mis piernas aterradas me permiten, logrando hacer dos cuadras antes de escuchar el chirrido de los frenos y ver cómo quien me persigue se detiene frente a mí impidiendo que cruce. Comienzo a retroceder al ver que se bajan dos hombres fornidos pero choco contra algo sólido. O alguien.

No tengo tiempo de gritar, un paño húmedo es presionado contra mi nariz y labios y aunque intento zafarme, la fuerza del sujeto desconocido es mayor a la mía. Un fuerte olor aturde mis sentidos mientras que mis brazos y piernas comienzan a adormilarse. Dejo de contener las lágrimas y les permito que corran por mis mejillas preparándome para lo inevitable. Lo último que siento antes de caer en un sueño profundo es como me cargan hasta el auto que arranca a toda velocidad.

(***)

Despierto sobresaltada al sentir un frio líquido caer en mi rostro mojando todo a su paso. Agua. La cabeza me duele horrores y al intentar mover mis manos soy consciente de que están atadas en mi espalda. Mis pies también lo están, pero a las patas de la dura silla donde me encuentro sentada.

-Pero miren quien despertó.-La voz gangosa de un hombre hace que levante la cabeza, cerrando los ojos de inmediato cuando entran en contacto con la luz artificial.

Escucho más voces apoyar su comentario pero no entiendo una sola palabra de lo que dicen ni puedo asegurar cuántos son. Estoy desorientada, mojada, con frío, sed, hambre y miedo, mucho miedo.

Intento nuevamente abrir los ojos esta vez con éxito y me tomo un minuto para observar donde me encuentro. Por desgracia, lo que veo no me deja mucho más tranquila, al contrario. Parece ser un galpón abandonado repleto de trastes, hay varias ventanas cubiertas que se encuentran prácticamente llegando al techo y una sola puerta que está obstaculizada por un mastodonte de al menos dos metros de altura y una espalda del tamaño de la madera contra la que se apoya despreocupado. Aunque quiera escapar no podría hacerlo, me encuentro atada en el medio del lugar rodeada por al menos cuatro hombres que me superan en altura, peso y sobre todo no están atados.

El sonido de una silla siendo arrastrada llama mi atención y centro mi mirada en el hombre con media cara quemada que se sienta frente a mí. No me da buena espina pero no pienso demostrar que estoy demasiado asustada, era uno de los pocos consejos que guardaba de mi padre “Nunca dejes que tus enemigos vean lo débil que eres, y mucho menos tus amigos”.

-Bien princesa, esto es bastante simple, nos dices dónde está la lacra de tu padre y una vez que lo ubiquemos, te dejamos ir.

La simpleza con la que hablaba hacía parecer su petición como algo fácil pero lejos estaba de serlo, no sabíamos nada sobre él hacía meses y eso fue lo que dije.

-Mala respuesta primor.- Respondió y sentí al instante como un puñetazo impactaba en mi mandíbula.- Es una lástima dañar tan bello rostro, pero no nos dejas otra opción.- El siguiente golpe fue en mi abdomen y deje escapar un grito ahogado.- Dinos lo que queremos saber y eres libre.

-No tengo idea donde esta.- respondí como pude, el último golpe me había dejado sin aire y sabía que al no tener la respuesta que querían vendrían más como ese.

-No no.- chasqueo la lengua y sacudió la cabeza para acentuar su negativa.- Respuesta equivocada.

Esta vez el mismo fue quien me golpeó en las costillas y no pude evitar llorar. Sabía que esto iba a pasar en algún momento pero ahora que era real solo quería estar teniendo una de mis habituales pesadillas.

Los golpes se repitieron uno tras otro de manera errática. La misma pregunta, la misma respuesta, la misma reacción. Después de un largo rato y a punto de perder la conciencia note que los golpes se detuvieron y comenzaron a desatar las cuerdas que me tenían prisionera. No era buena señal, lo sabía.

No quería ver lo que vendría, por lo que como pude cerré mis hinchados ojos y sentí como comenzaron a deshacerse de mi ropa mientras decían groserías en mi oído. Como pocas veces en mi vida comencé a rezar. Si había algún dios, tenía que ayudarme. Me lo debía.

Cuando me desataron por completo solamente conservaba mi ropa interior, era ahora o nunca. Con la poca fuerza que tenía, golpee al tipo que me sostenía ganándome un nuevo puñetazo que me dejó en el piso seguido de miles de maldiciones.

Alguien tiró de mi cabello provocando que mirara al frente donde estaba el tipo que me interrogó observándome de cuclillas con una sonrisa sádica. Antes de que pudiera decir cualquier cosa, la puerta se abrió bruscamente y el silencio llenó la habitación.

-¿Qué demonios está pasando aquí?- una profunda voz seguido de pasos apresurados se hicieron presentes, captando mi debilidad atencion. 



ChicadePapel

Editado: 05.08.2019

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