¿a cambio de que?

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6.Una parte del trato.

Envuelvo mi cabello mojado en una toalla mientras observo mi reflejo en el espejo. Las ojeras aumentaban pero los moretones de mi cuerpo iban despareciendo. Las últimas dos semanas habia repartido mi tiempo entre mi cuidar a mi hermana en casa, el trabajo y el hospital con Ty a quien por suerte le habían dado el alta ayer.

De Constantine no tenía noticas. El día después de que conociera a mi madre, Katya se presentó en mi casa para ver cómo estaba y me informo que el habia salido de viaje por cuestiones de trabajo. Aunque me resistía, le di vueltas a ese asunto durante varios días. Muy en el fondo, lo que hacía me resultaba demasiado interesante.

-Hermana, alguien está aquí para verte.

La voz de mi hermana se oyó desde el otro lado de la puerta y segundos después, sus pasos bajando la escalera apresurada. Extraño, nadie me dijo que vendría. Rápidamente me pongo el pantalón y el suéter que tenía separados y salgo del baño. Mientras bajo las escaleras secándome el cabello con la toalla pienso en quien podrá ser. No tenía demasiados amigos y si fuera alguien peligroso Thanya no me lo habrá comunicado con tanta calma. Cuando llego al último escalón, cuelgo la toalla del barandal y camino hacia la cocina desde al que provienen dos voces: La de mi hermana y de un hombre.

-¿Qué haces tú aquí?-Es todo lo que lo logro decir cuando veo a Constantine sentado tranquilamente hablando con mi hermana.

-Que grosera eres.- la voz chillona de ella responde y al verla, observo sus mejillas sonrosadas. No puede ser.

-Quería darte una sorpresa Cielo.- su sonrisa realmente brillaba mientras se ponía de pie y caminaba hacia mí.

No logre hacer ningún comentario inteligente porque ni bien llego a mi pego sus labios a los míos dejándome helada en el lugar. QUE CARAJOS. Sabía que si me apartaba levantaría sospechas y así como también que él no me hubiera saludado así. Muy a mi pesar, le respondí el beso con cautela. Cuando nos separamos, sus ojos se clavaron en los míos y mi piel se erizo. Generaba algo en mí que no estaba dispuesta a aceptar ni ahora ni nunca.

-¿Cómo has estado?- pregunto en voz baja aun sin soltarme.

-Yo me voy a mi cuarto, nos vemos lueguito.- dijo Thany para salir corriendo dejándonos solos en la cocina.

-No sabía que habías vuelto.-me zafé de su agarre y camine hasta el refrigerador para sacar agua-¿Quieres algo de beber?

-Está bien.- respondió tomando asiento nuevamente.- Vengo por dos motivos.

-Te escucho.- dije entregándole un vaso y tomando asiento a su lado.

-Primero, para que veas que habia regresado y no me habia olvidado de ti.- Lo mire con las cejas alzadas a lo que respondió rodando sus ojos.- Y segundo, he venido a buscarte.

-¿A buscarme?

-Sí, hoy por la noche tengo una cena y debes venir conmigo.

-¿Y que si no quiero, Constantine? No soy tu dama de compañía.

-No, no lo eres.-respondió respirando hondo. Estaba jugando con fuego, pero no me importaba.- Pero tenemos un acuerdo y debes cumplir tu parte del trato… al menos la parte del trato que aceptaste.

-Una cosa es aceptar fingir ser tu pareja y otra completamente distinta es casarme contigo.- El recuerdo del momento donde acepte parte de su propuesta viene a mi mente y su respuesta también: Veremos cuanto tardas en aceptar el trato por completo.

-Repito Galena, lo se.- paso las manos por su cabello y decidí que ya era momento de dejar de presionar su diminuta paciencia.- Pero mi pareja debe asistir conmigo a los eventos y el de hoy es particularmente importante. Por lo que vamos a esperar que regrese tu madre y luego nos vamos.

No podía negarme. Aunque el habia viajado, tanto sus hombres como Katya habían estado pendiente de nosotros. No habían dejado que nos pasara ni que nos faltara nada, habían corrido con todos los gastos de medicamentos de Tyler. Habia cumplido su palabra y ahora era mi turno.

-De acuerdo.- respondí resignada.- pero no tengo nada que usar.

Y era real, mi vestuario no era demasiado amplio y no creía que mis vestidos de oferta sirvieran para sus cenas nocturnas particularmente importantes.

-No debes preocuparte por eso, yo me encargo.- me miró fijamente y continuo.- te recomiendo que armes un bolso con lo que necesites, creo que lo más conveniente es que pases la noche en mi casa.-cuando quise contradecirlo, cerró los ojos y me interrumpió.- Galena, a los ojos de tu madre soy tu novio, no me parece lo mejor traerte de madrugada cuando ella estuvo trabajando todo el día y tu hermano recién salió del hospital, ambos necesitan descansar.

Tenía razón. Si mi madre sabía que iba a volver, no dormiría hasta que atravesara la puerta y confiaba plenamente en Constantine como para no poner ningún pero a que me quedara con él. Con tranquilidad asentí y subí para hacer una pequeña maleta.

Veremos que nos depara la noche.

(***)

Debía aceptar que Constantine tenía un ojo excelente. Me habia comparado un hermoso vestido verde oscuro con un profundo escote que resaltaba mis curvas sin ser grotesco. Habia dejado unos tacos y pequeña cartera a juego y su Nana me habia ayudado con el peinado y maquillaje. Ella era una encantadora mujer y tenía manos mágicas.

-Te ves increíble cielo.- su dulce voz me hizo sonreír.

Aun me sentía incomoda y preocupada. No sabía mucho sobre la cena y tampoco sobre Constantine, todo habia sido demasiado rápido y corría el riesgo de confiar demasiado en él. Pero lo hacía por la seguridad de mi familia.

Con una sonrisa, nana salió de la habitación dejándome sola y después de tomar el abrigo, la imite. La casa era realmente enorme y tenía tantas habitaciones que necesitaría un mapa para no perderme.

-Estás realmente hermosa.- la voz de Constantine se escuchó a mis espaldas justo antes de que comenzara a bajar las escaleras.

Lentamente me di vuelta para verlo y quede sin palabras. Su metro noventa estaba cubierto por un smoking negro tramado que se ajustaba a cada centímetro de su cuerpo. El moño hacia juego con mí vestido al igual que sus gemelos. Mantenía su cabello de manera rebelde como siempre y en su mano izquierda llevaba una pequeña caja.
Cuando termine la inspección observe su rostro, encontrando una expresión divertida en él y me sonroje al instante. Ofreciéndome su mano libre me pidió que lo siguiera y entramos a lo que parecía ser su despacho. Se colocó tras mi espalda y con cuidado coloco sobre mi cuello un bello pero sencillo collar de diamantes. Dándome la vuelta, coloco en mis orejas unos preciosos pendientes en forma de gotas, que se podían apreciar a la perfección gracias al recogido de mi cabello.



ChicadePapel

Editado: 05.08.2019

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