A cambio del cielo

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 1

— Tienes que obedecer mis órdenes mientras vivas en mi casa — repliqué con una voz chillona, pues minutos antes había sido obligada a entregar una pequeña bolsa con diamantes robados de una dama de sociedad. 

— Puf...estupideces, la casa ni siquiera es suya — zapateo con evidente enojo, ya estaba cansada de sus riñas y sus insultos tan solo esperaba cumplir los dieciocho para irme de ese infierno. 

Caminaba con mis manos metidas en los bolsillos de mi suéter mientras me acercaba a un callejón de mala muerte, ahí me esperaría el comprador de dicho paquete y tan solo deseaba irme a la cama ¿Tan difícil era eso? Mientras más me acercaba al lugar un frío recorrió mi cuerpo al observar una de las esquinas de la avenida, parado en la ventana de una casa estaba un hombre de radiante aura y un aro dorado sobre la cabeza. Se me olvidaba mencionarlo pero aún siento que es un dato perturbador, mientras los demás sueñan con ver fantasmas yo tengo que ver las almas de personas que han fallecido y si tengo suerte a los ángeles de la guarda, entidades que he visto desde que soy una niña y para mi desgracia es un don del cual no puedo despegarme. 

Admito que cuando fui pequeña me divertía hablando con algunos de ellos pero en cuanto crecí muchas de las almas en pena solían acosarme al salir de la escuela, era algo con lo que había lidiado desde niña y sin poder decirle a nadie lo guardé como mi secreto. En fin, yacía caminando hasta el punto acordado tenía unos quince minutos para entregarlo e irme, al llegar al oscuro sitio me removí incómoda por la soledad del lugar desde lejos de escuchó los pasos apresurados de una persona, el hombre de gabardina negra me tomó por el brazo y me arrastró hasta la mitad del pasillo volteando hacia los lados para asegurarse que nadie anduviera por ahí. 

— ¿Traes el encargo? — podía aspirar el espantoso olor a tabaco. 

— Sí — me limité a decir, saqué del bolsillo la bolsa de diamantes y el hombre me arrebató el encargo como si su vida dependiera de ello. 

— Ahí tiene su encargo, hasta nunca — volteé con dirección a la salida, estaban dispuesta a salir de ese horrible lugar pero su brazo me detuvo secamente. 

— Aquí faltan dos diamantes, esto no fue lo acordado — refunfuña, yo fruncí el ceño y me solté del agarre bruscamente. 

— Ese no es mi problema, siento no poderle ayudar — su expresión cambió, me acercó a él y dándome un beso en el cuello susurró...

— Eso podemos arreglarlo — intenté alejarme pero el hombre era por mucho más fuerte que yo, traté de gritar pero fue inútil su mano había sellado mi boca. Centro mi pierna justo en su punto más débil y tomando impulso le golpeó sus partes bajas haciéndolo retorcer. 

— Maldita — busco mi bolso por el suelo y lo tomo rápidamente intentando salir, el hombre se repone y me toma de la falda haciéndome caer, con las uñas consigo arañar su cara haciéndolo enfurecer y ya furioso posa sus manos en mi cuello tratando de ahorcarme.

Cerré mis  ojos de inmediato, posiblemente este sería mi final una chica de diecisiete años con un vida por delante asesinada por culpa e sus tíos, esperaba el momento de ya no poder respirar pero una luz proveniente del final del pasillo me asustó e inesperadamente el aro de luz hizo volar al hombre hasta el otro lado del callejón, solté un grito ahogado y como si hubiese visto al mismísimo diablo salió lo más rápido que pudo. Yo seco mis lágrimas y ya cansada tomo de la mochila y me paro del suelo también caminando hacia mi casa sin ánimo alguno, seguramente me van a retar en cuento llegue a casa. 

Paré en seco en cuanto llegué a la puerta de mi casa analizando si era conveniente entrar o mejor no volver a entrar ahí, pero en un ataque de valentía abrí la puerta y entré sigilosamente evitando que se percataran de mi llegada, subí las escaleras de dos en dos y justo en la última escalera sentí un ardor en mi mejilla y la cara volteada por el hombre que yacía furioso delante de mí, me tomó fuerte del brazo y con fuerza me empujó hacia la pared haciendo que me quejara por el dolor. 

— ¿Qué te pasa? Ese hombre es un excelente cliente y tú eres una estúpida, ¿Tienes idea de lo bien que paga? — gritó, yo entre cerré los ojos molesta mientras empezaba a rechinar los dientes. 

— No y no me importa, que viva bajo tu tutoría no significa que puedas hacerme una delincuente — de nuevo el ardor se propagó por mi cara mientras sentía mi cuerpo bastante débil deslizarse por la pared, Michael me tomó de la cara y repitió con una sonrisa...

— Sí puedo hacerlo, niña tonta — bajó las escaleras y dió un portazo saliendo de la casa, suspiré pesadamente y me levanté camino a mi habitación donde también pegué un portazo. 

¿Por qué tenía que estar así? He vivido toda mi vida bajo su maldita tutoría y siempre replico lo mismo sin conseguir algo a cambio, es inútil tratar de enfrentarlo siendo él así de imbecil solo conseguía bajarme los ánimos. Entré a la ducha con el fin de relajarme mi cuerpo estaba tenso y lleno de parches morados por mi espalda y hombros, ¡Genial Gaby! ¡Trata de inventar una buena excusa para la psicóloga del instituto! Dejé de pensar por un momento y sumerjo mi cuerpo dentro del agua tibia que me espera en la bañera hasta ya no ver nada. 

— ¿Gaby? ¿Puedo pasar? — tocaron la puerta, ni siquiera levanté la mirada de mi tarea cuando pronuncié un "adelante".

— ¿Te puedo ayudar en algo? — pregunté, Alex tenía en sus manos una bandeja con comida la cual dejó sobre la mesa de noche. 

— He traído comida, pensé que tendrías hambre — se sentó en el borde de la cama observando mi tarea. 

— Gracias — cerré el libro y lo miré realmente cansada, el hombre dejó escapar un suspiro y se levantó dejando la habitación. Alex era el hermano menor de mamá y mi tío, era distinto a su hermano mayor por mucho pero desde que soy pequeña él le ha tenido miedo a su hermano dejándole manipular a su antojo, no era malo pero tampoco tenía voz propia. 



Luna Santos

Editado: 05.12.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar