A donde quiera que hayas ido

Tamaño de fuente: - +

3. No todas las historias de amor son de color rosa

El sonido de mi móvil dentro mi bolso me despertó, intenté levantarme sin hacer mucho ruido y salí al corredor para responder, era Barto.

—He estado llamándote y no estás en casa.

—No, estoy en casa de Amanda —mentí. Era ridículo, pero estaba segura de que a Barto no le agradaría saber que segundos antes Lucas dormía a mi lado.

—¿Fuiste al funeral?

—Si.

—¿Cómo está él?

—Bastante abatido —susurré.

—Estoy seguro de que lo está, pero también creo que va a superarlo.

—Sí, Lucas tiene un enorme poder para sobreponerse de las caídas.

—¿Está todo bien en casa?

—Si, pero he estado pensando, ¿te molestaría si pinto las paredes de otro color?

Barto se echó a reír.

—¿Por qué? Pensé que te gustaba el blanco.

—Estoy un poco harta del blanco en realidad. Me gustaría arriesgarme un poco y pintar de un color más atrevido.

—Mientras no sea negro…

—¡Por supuesto que no! Pensé en pintar una pared de color verde limón o quizá naranja… Creo que le daría un toque más moderno.

—Haz lo que quieras, cariño, lo que te haga feliz, pero promete que si se ve horrible volveremos al blanco.

—Lo prometo.

—Salúdame a Amanda y a su esposito. Te quiero.

—Yo también te quiero —le di a la tecla roja para cortar la comunicación y volví a la habitación a recoger mis cosas. Me sorprendió encontrarme con Lucas, quien estaba recargado sobre el marco de la puerta.

—En casa de Amanda, ¿eh?

—¿Alguien te había dicho que es de mala educación escuchar las conversaciones ajenas? —pregunté entrando a su cuarto para ponerme los zapatos y tomar mi bolso. Me senté sobre la cama y Lucas se sentó a mi lado.

—¿Por qué le mentiste?

—Porque estoy segura de que no iba a sentirse feliz de saber que estábamos durmiendo en la misma cama, por eso.

—No quieres hacerle daño, ¿no?

—No.

—Pero no te importa hacérmelo a mí —aseveró.

—Lamento mucho si te hago daño, Lucas —respondí volviéndome hacia él para mirarlo—. Si es tan insoportable estar conmigo no tienes más que pedirme que me vaya, pero nunca lo haces, te muestras tan increíblemente fuerte que me cuesta pensar que en verdad te sientes herido por otra cosa que no sea la muerte de tu madre —de acuerdo, ahora era yo quien estaba siendo cruel, pero las palabras habían salido de mi boca sin pensar. Era demasiado impulsiva y ese era, probablemente, mi mayor defecto. Me puse de pie y luego tomé mi bolso del buró—. Lo siento, no quise decir eso —agregué acercándome a la puerta.

Lucas se quedó un par de segundos allí sentado sin mirar hacia ninguna parte.

—Descuida —respondió muy bajito.

—Lucas —susurré—, no tienes idea de cuanto te quiero y desearía que tu pudieras quererme de la misma manera, pero tal vez eso no pueda ser posible, así que lo entiendo y lo acepto. Si no quieres volver a verme, no tienes más que decirlo. Entonces, desapareceré de tu vida.

—Desearía —dijo poniéndose en pie— que me pudiesen borrar la memoria, así no podría recordar lo bien que lo pasamos cuando estamos juntos.

Lucas y yo habíamos visto una película que iba del tema y habíamos hablado mucho al respecto, en aquel entonces yo lo hubiese dado todo por borrar a Barto de la mía, pero ahora mismo pensaba que quizá lo más apropiado era que fuese Lucas quien desapareciera, así no tendría tantas preguntas sin respuesta en mi cabeza.

 Di un par de pasos más y alcancé la escalera.

—Me hubiese casado contigo sin dudarlo —dijo antes de que lo mirara con tristeza y apresurara mis pasos para salir de allí.

¿Por qué siempre tenía que llenar mi cabeza de imágenes que no debían ni siquiera ser concebidas? Me subí a mi auto y lo encendí, luego metí el acelerador a fondo y perdí de vista su casa, su calle y todo lo que me llenaba de incertidumbre.

 



Aletor

Editado: 28.11.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar