A donde quiera que hayas ido

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4. Volátil

Abrí los ojos completamente extrañada de que estuviésemos en la posición exacta en que nos habíamos acostado. Había olvidado apagar la lámpara, de manera que me moví un poco para no despertar a Lucas con mi movimiento y la apagué. Cuando me volví de nuevo, él me miraba con los ojos bien abiertos.

—Buenos días —le dije recostándome de nuevo, Lucas me atrajo hacia él y volví a acurrucarme.

—Buenos días.

—¿Dormiste bien? —pregunté aspirando su aroma a limón recién caído de un árbol.

—Mejor que nunca. Podría acostumbrarme a esto.

—Más te vale que no —me reí—, porque no soy una mujer disponible.

—Eso lo sé —respondió apretándome más fuerte contra su pecho desnudo.

—¿No pasaste frío?

—No, nada de frío, más bien algo de calor, ¿sabes? Estás muy caliente, creo que tienes un poco de fiebre.

—No lo creo, me siento bien —murmuré.

—A veces es bueno hacer algo que para los demás sería endemoniadamente perverso, ¿verdad? —preguntó después de algunos segundos de silencio.

—Tal vez. Es divertido —le sonreí y besó mi frente de nuevo, mantuvo sus labios pegados a ella por varios minutos—. ¿Tienes hambre? Puedo preparar huevos con tocino.

—Eso suena delicioso, pero no tanto como pasar otros diez minutos contigo aquí.

—De acuerdo, solo diez minutos.

Lucas sonrió y pude sentirlo, estaba siendo feliz, al menos por un momento, y con tan poco, que me sorprendió, pero Lucas siempre hallaba la manera de sorprenderme y eso no era nada nuevo. Yo también me sentí feliz por un par de segundos, hasta que comencé a desear tener aquella felicidad todos los días. A últimas fechas Barto había estado bebiendo demasiado y comenzaba a preocuparme el creciente silencio que se había instalado entre nosotros.

—Estás muy callada, ¿qué piensas? —preguntó.

—Nada en realidad —dudé un poco—. Me alegra escucharte de mejor humor —mentí.

—No te creo —dijo separándose un poco para poder mirarme—. Estás pensando algo, puedo verlo en tu cara.

—Estoy pensando en ir a preparar esos huevos porque me muero de hambre —intenté sonreír.

Lucas me tomó por la barbilla en cuanto evité su mirada.

—No, en realidad te estás preguntando si serías más feliz conmigo.

—Deja de intentar hacerme creer que puedes leer mi mente, ¿de acuerdo? —respondí tajante, mi buen humor se había ido por el caño.

—Tener dudas no es malo, Marte, es algo muy humano en realidad.

Me escurrí de sus brazos y me senté sobre la cama.

—Hora de desayunar —me puse en pie de un salto y Lucas se fue detrás de mí.

Se recargó sobre la pared mientras me veía preparar el desayuno, estaba comenzando a ponerme nerviosa.

—¿Puedes sacar un par de vasos y el jugo del refrigerador? —pregunté intentando evitar mirarlo, porque estaba allí, sin moverse, con el cabello castaño revuelto y sus ojos color azul oscuro e impenetrables, fijos en mí.

Le eché un leve vistazo. Aun así, con cinco kilos menos y solo unos jeans cubriendo su cuerpo, se seguía pareciendo a un modelo de revista.

Intenté concentrarme en revolver los huevos y voltear el tocino para que se dorara por ambos lados. Lucas suspiró y se movió para llegar al refrigerador.

—Hace mucho frío, ¿por qué no vas a ponerte algo? —le dije malhumorada.

Lucas colocó los vasos y el jugo sobre la mesa y luego, con movimientos lentos, se acercó a mí. Me quitó la espátula de las manos y me abrazó muy fuerte.

—¡Te quiero, te quiero, te quiero! —gimió con impotencia—. Y te odio al mismo tiempo, porque estoy aquí, mirándote como un idiota, deseando tener esto todos los días y no puedes culparme. Lo dejaría todo por ti, la música, la fama, el dinero, lo cambiaría todo por tenerte solo para mí.

—Por favor, Lucas —susurré.

—¿Por favor qué?

—No me hagas esto.

—No intento hacerte daño, te lo juro. Pero estoy harto de decir solo lo que debo y cuando debo.

—Tú nunca dices solo lo que debes. Todo el tiempo estás hablando de más.

—Okey, okey. Entonces estoy harto de hacer solo lo que debo —Lucas tomó mi cara con sus manos y se acercó a mí, su aliento olía a menta como lo recordaba—. Voy a besarte, y estoy siendo educado al ponerte sobre aviso.

Sus labios tibios quemaron los míos y no pude resistirme, lo besé también, con dulzura al principio, con pasión después de algunos segundos. Y lo deseé, lo deseé como hacía mucho tiempo que no deseaba a nadie, pero armándome de coraje, me separé de él. A pesar de los problemas que Barto y yo habíamos estado evitando, no podía engañarlo. Yo no era así.

Me sentí algo mareada y no supe si era por lo que acababa de suceder.

—Creo que no me siento bien —declaré vacilante y me dirigí a mi habitación.

—Te dije que estabas muy caliente —afirmó yéndose tras de mí.



Aletor

Editado: 10.12.2019

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