A donde quiera que hayas ido

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8. Lo tuyo y lo mío

Cuando desperté era casi la medianoche y Lucas dormitaba sobre el sillón, me incorporé y lo moví un poco sujetándolo por el brazo.

—Hey —le dije en cuanto abrió los ojos.

—¿Me quedé dormido?

—Creo que sí.

—¿Lograste descansar?

—Sí, pero tuve otra vez el mismo sueño —respondí moviéndome inquieta.

—¿Cuál sueño?

—Olvídalo. ¿Quieres acostarte en la cama?

—En realidad estaba más bien pensando en comer algo, nos saltamos la comida y la cena. ¿No tienes hambre?

Sí, en realidad tenía un poco, así que asentí. Aun me sentía un poco confundida por el vívido sueño, así que me puse en pie de manera lenta.

—Te traeré algo ligero, ¿pan tostado y leche te parece bien?

—Sí —abrí la puerta del baño y lo miré.

—Entonces espera aquí, te lo traeré.

—No es necesario, puedo bajar. Me siento bien, te lo prometo.

—No, quiero que te quedes aquí y descanses, que no muevas ni un dedo para que te recuperes.

No quería discutir, así que respondí que estaba bien y Lucas salió del cuarto. Al volver, asentó la charola sobre el buró.

—Estaba preocupado por ti.

—Lo sé y lo siento. Creo que eres muy joven como para desperdiciar tu vida con preocupaciones que no deberías tener —afirmé.

—¿Cuándo dijiste que me amabas, lo decías enserio? —preguntó haciendo caso omiso de mi anterior comentario.

—Si.

Lucas sonrió abiertamente.

—Por ahora eso es suficiente —respondió besando mi frente.

Después de tomar nuestros alimentos, volvimos a quedarnos dormidos.

 

***

En cuanto la constructora comenzó con la remodelación de la casa, me mudé al hotel. Barto llamaba casi todas las noches pero siempre hallaba una excusa para extender su ausencia y comencé a temer que mi fría actitud lo estuviese alejando. No había vuelto a mencionarle la palabra boda y quizá comenzaba a levantar sospechas.

Entre Lucas y yo la relación marchaba de maravilla, aunque ambos la manteníamos en un nivel puramente platónico, ya que yo le había pedido algo de tiempo para aclarar mis sentimientos. Aquella tarde de domingo nos reunimos en su casa para planear la primera gala para reunir fondos para el Orfanato, teníamos tan solo un mes para conseguir un sitio y alguna buena banda que atrajera a la mayor cantidad de gente posible. Discutíamos sobre las posibilidades cuando mi celular sonó.

—¿Bueno? —dije después de presionar la pantalla de mi móvil.

—Hola —la voz de Barto al otro lado de la línea no parecía alentadora.

—Hola —la mía no sonaba mejor.

—Te he estado llamando al hotel, pero me dijeron que has estado casi todo el día fuera.

Me puse de pie para alejarme de Lucas.

—Lo siento, he estado todo el día intentando encontrar un sitio para la cena de la que te hablé el otro día.

—El hotel tiene un salón bastante amplio.

—No está disponible para el día que tenemos planeado.

—¿No pueden cambiar la fecha?

—Sí, tal vez, pero ya tenemos casi todo listo.

Había puesto al tanto a Barto de mis actividades, era mejor de ese modo para no levantar sospechas.

—Quizá de esa manera no se me dificultaría encontrarte —su voz sonó acusadora y no pude evitar percatarme de ello.

—Lo siento mucho, en verdad, ¿pero que esperas que haga mientras tú no estás aquí? Tengo que ocuparme en algo —y ahora la mía sonaba a disculpa, o quizá, si ponía más atención, a reproche.

—No te estoy acusando de nada, comprendo que te sientas sola —agregó intentando suavizar el tono de su voz—, pero ya te dije que de una u otra manera te recompensaré.

—¿Y como piensas recompensarme? ¿Contruyéndome una mansión en la que seguiré sintiéndome sola solo que en un espacio más amplio?



Aletor

Editado: 28.11.2019

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