A donde quiera que vayas

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39. Lo que dejaste atrás

Aquella mañana el despertador sonó a las siete de la mañana y sin ánimos, le di un manotazo para apagarlo, tenía que volver al trabajo y no encontraba las fuerzas para hacerlo. No quería levantarme, el día anterior había sido muy extraño, Lucas no me había llamado y temía que ya supiera que me había encontrado con Barto. Tenía que decírselo pero no había tenido valor. Me puse de pie malhumorada y me di una ducha rápida.

Mientras iba en el autobús pensé en el auto que Lucas me había regalado, la agencia había pactado la entrega para la tarde y yo aún me debatía entre devolverlo o no. Decidí que antes de tomar cualquier decisión apresurada tenía que ver a Lucas.

—Buenos días, Luna —me saludó el señor Morán en cuanto atravesé la puerta—, no luces muy bien esta mañana.

Me miré en el pequeño espejo que estaba a un lado del recibidor y constaté lo que decía.

—Estoy un poco cansada.

—Pero si descansaste varios días —dijo sonriendo.

—Sí pero ya sabe —no iba a contarle mis desventuras amorosas.

Aunque me urgía hablar con alguien, el señor Morán no era mi primera opción.

—Bueno, entonces eres bienvenida —dijo extendiendo mi hoja de trabajo y guiñando un ojo.

—Gracias.

Subí al quinto piso para realizar mis labores y como era mi costumbre, toqué en la primera puerta, algunos huéspedes se quedaban dormidos sin poner la etiqueta en la puerta de “no molestar” pero como nadie respondió, la abrí.

En una cama perfectamente hecha, estaba Barto. Abrí la boca por la sorpresa.

—Dijiste que no querías ir a casa, entonces yo vine a ti.

—Esto se llama acoso, Barto, y puedo denunciarte —aseguré.

—No quería irme sin pedirte que me des otra oportunidad.

—Pero tú piensas que estoy loca, ¿o qué? ¿Qué tuve a tu lado? Nada, Barto, no tuve nada, quimeras… En el aire… Y nada más —gesticulé exageradamente—. Y como tu habitación está lista, saldré ahora por la puerta. Que tengas una buena vida.

Se puso de pie de un salto y se colocó frente a mí para impedirme el paso..

—Sabes que puedo gritar, ¿verdad? —pregunté.

—Lú, veo en tus ojos que aún me amas.

¡Como odiaba su arrogancia! ¿Quién demonios se creía?

—Mira, Bartolo Lizzano, podría tener enfrente a Chris Hemsworth y créeme que lo pensaría, pero tú… Eres un simple mortal —quería ofenderle para que al fin me dejara en paz.

—Pero un mortal por el que mueres.

Resoplé.

—Las cosas entre tú y yo jamás van a funcionar, yo no confío en ti y después de haber salido con Lucas, estoy segura que tú tampoco en mí.

—¿Por qué no me pones a prueba?

 

Mi pequeño localizador sonó en aquél momento y lo tomé para ver el mensaje, era de la recepción, alguien me buscaba.

—Debo irme —le dije—, alguien me necesita en recepción—. Nos vemos, Barto, regresa a tu vida, ¿de acuerdo?

Salí de ahí pero no iba a darse por vencido tan fácilmente, me siguió.

Atravesé el pasillo para llegar al ascensor, cuyas puertas cerré casi en su cara. Alcancé a verlo correr hacia las escaleras y deseé que no  fuera tan rápido, estaba en mi trabajo y no quería escenas o me pondría en aprietos.

Cuando llegué a la planta baja, Barto ya estaba ahí.

—¡Maldita sea! —maldije en voz baja.

Como si fuese obra del destino, el ascensor se había detenido en el piso dos para que subiera una señora en silla de ruedas, lo que había atrasado mi descenso.

—¡Quiero que todos me ayuden a pedirle a la señorita que regrese conmigo! —gritó desde el extremo un excitado Barto.

¿Estaba ebrio o drogado? No me lo había parecido antes pero no podía asegurarlo.

—¡Confieso que la amo y que volví por ella porque no quiero perderle!

Los empleados y los huéspedes lo miraron divertidos.



Aletor

Editado: 17.01.2019

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