A donde quiera que vayas

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Epílogo

El sábado por la tarde, fui a tomarme un respiro al parque del centro, no había vuelto a hablar con Amanda suponiendo que aún estaría enfadada por la manera en que me había ido de la cafetería, le daría un par de días antes de ir a buscarla para disculparme y que me diera detalles de la visita a la familia de su novio.

Bebía  un café sumida en mis pensamientos cuando alguien se sentó a mi lado en el banco del parque.

—¡Lucas! —exclamé sorprendida en cuanto me volví para ver al estúpido que estaba invadiendo mi espacio personal.

—Júpiter —aspiró profundamente y luego exhaló—.  Te vi aquí sentada y pensé en acercarme a saludarte, espero no incomodarte.

—Por supuesto que no —respondí sonriendo—. ¿Hace mucho que volviste?

—Apenas anoche.

—¿Cómo estás? ¿Cómo está tu madre? —me sentí un poco avergonzada, no había tenido cara para ir a visitarla durante todos aquellos meses.

—Yo bien y mi madre no tanto, pero contraté una enfermera que la cuida todos los días.

No supe qué responder, de manera que solo asentí y ambos guardamos un prudente silencio por un par de segundos.

—Sé que les va muy bien —dije intentando cambiar la conversación por una más agradable.

—Si, tenemos todo lo que queríamos pero ya no llena tanto. Vamos a tomarnos un año para descansar y estar en casa. Al disco le quedan un par de sencillos y será suficiente para mantenernos vigentes por un tiempo. Quiero pasar con mi madre sus últimos días —hizo una pausa para inhalar aire de nuevo—. El tratamiento ya no está dando resultados. ¡Por cierto! —agregó cambiando el tono lúgubre que estaba tomando la conversación—. Vamos a dar un pequeño concierto en el pueblo, ¿sabías?

Negué con la cabeza.

—A beneficio de la casa hogar —agregó complacido.

—Me parece algo hermoso, Lucas.

Levantó los hombros.

—Fue idea de Barto, ya sabes, como no tuvo padres, se identifica con los pequeños.

Sonreí.

—Espero verte por allí  —agregó.

—No lo sé, yo…—respondí dubitativa.

—Han pasado seis meses, Mercurio, es hora de que lo superemos.

—Sí, pero…

—No puedes esconderte todo el tiempo, no le hace bien a nadie.

—No intento esconderme —levanté los hombros—. Sigo aquí a pesar de que tuve intenciones de marcharme.

—Bueno, en realidad no estoy seguro de que seas la Luna que conocí, tal vez te clonaron durante mi ausencia.

Adoraba a Lucas. Sabía decir lo adecuado en el momento correcto.

—Te aseguro que soy yo.

Lucas llevó su mano derecha a mi cabello.

—No, luces distinta.

—Es solo porque me corté el cabello —respondí tocándolo por inercia.

—Es cierto, ahora lo llevas muy corto.

—Y tú mucho más largo.

—Y deberías ver el de Barto.

Lo miré con tristeza y le invité un poco de mi café, negó con la cabeza y me dijo que le apetecía más una cerveza. Apartó el flequillo de mi rostro y luego retiró la mano, la puso sobre su rodilla y dejó de mirarme.

—En verdad me gustaría que fueses al concierto.

—Haré lo posible, pero no te lo prometo.

—Hacer lo posible es suficiente para mí —se puso de pie y se despidió.

Lo miré alejarse.

 Lucía algo cansado, debía ser duro para él no haber estado en casa disfrutando el poco tiempo de vida que le quedaba a su madre. Luego de pensar un rato en ello, me dí cuenta que había dicho que iban a tomarse un año sabático, ¿eso significaba que Barto también estaría un año en casa?  Me puse de pie y casi corriendo me fui a casa de Amanda. Mi corazón latió con fuerza.

—Hey —dijo desganada cuando me abrió la puerta.

—Hola, espero que ya se te haya pasado el mal humor que te cargabas la otra tarde.

Amanda me sacó la lengua.



Aletor

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En el texto hay: romance juvenil, drama, romance amor odio

Editado: 17.01.2019

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