A donde quiera que vayas

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1. Donde todo comienza.

Al día siguiente me descubrí buscándolo con la mirada pero no había rastro alguno de él, así que llegué al colegio, asenté los útiles sobre el pupitre y esperé a que comenzara la clase. Después de pasar lista, el profesor pidió que asentáramos nuestros trabajos sobre su escritorio de manera ordenada, me quedé de una pieza, ¡había olvidado el maldito trabajo!

          —Los que no hicieron la tarea se quedarán después de clase a limpiar el aula.

          La rechifla no se hizo esperar y me moví sobre mi asiento para dejar pasar a mis compañeros que se arremolinaron alrededor del escritorio del profe. Cuando me volví un poco lo vi, ahí estaba, ¿había aparecido de la nada? El chico comenzaba realmente a molestarme o quizá no era él, sino lo que había causado al invadir mis sueños.

 Sus ojos se posaron en mí tan solo una fracción de segundo durante la cual esquivé su mirada y cuando ya todos se habían sentado el profesor lo llamó por lo que parecía ser su nombre o apellido.

 

          —¿Lizzano?

          El chico levantó la vista porque había vuelto a clavarla en su libreta.

          —¿Razón o motivo por el cual no trajiste tu trabajo? —le preguntó el profesor.

 

          Él dio una tonta excusa y todos se echaron a reír, yo ni siquiera podía moverme, su voz sonó muy lejana porque su mirada me había dejado hipnotizada. Sus ojos parecían haber cambiado de color miel a gris oscuro. ¿Era algún juego de luz o sus ojos realmente cambiaban de tono?

 

          Volví a la realidad cuando el profesor lo miró con dureza.

 

          —Mira, Barto, tal vez la escuela te importe un bledo pero aunque tu sueño sea ser músico, necesitas conocer lo básico de las matemáticas o cualquier manager de mierda te va a robar el dinero, un poco de literatura porque te abre el entendimiento para cuando tengas que analizar un contrato, de ciencias sociales porque deberás aprender a tratar con un montón de gente muy distinta a ti y algo de civismo, porque necesitarás observar ciertas reglas de conducta si quieres sobresalir de entre tanto músico mediocre —el profe hizo una pausa y lo miró—. ¡Ah! E Inglés porque tal vez sería bueno que te internacionalizaras.

          —De todo eso se encargará Lucas —fue su escueta respuesta.

 

          Lucas sí que era bien conocido, estaba a punto de graduarse del Bachillerato y arrastraba tanto un excelente promedio como una pésima actitud. A menudo era tachado de rebelde y buscapleitos por varios de sus más allegados compañeros. Teníamos una amiga en común, cuyo nombre era Amanda, a quien llamábamos cariñosamente Ama. Alguna vez ambas habíamos compartido nuestras teorías acerca de Lucas, Ama pensaba que era tan solo un imbécil y yo que su coeficiente intelectual era tan alto que no encajaba en el universo de los simples mortales.

          —Lo siento, Barto, ésta vez no vas a salvarte. Detención a la salida, ¡las aulas no se limpian solas! —el profe Martín levantó la mano mientras recorría la lista de alumnos.     

          —¡Pero perderé mi hora de comida! —se quejó Barto.

          —Eso debiste haber pensado antes de decidir no hacer la tarea… —hizo una pausa hasta que dio con mi nombre— Luna… Luna Villán, ¿qué sucedió contigo?

          —Lo siento, yo solo lo olvidé.

          —Más lo siento yo, Luna, vas a tener que quedarte a ayudar a tu compañero.

         

          Me volví hacia Barto y entorné los ojos. Solo eso me faltaba.

 

          Él volvió a mirarme y ésta vez sus ojos me parecieron de color negro, casi como la noche. Resoplé y me hice pequeña sobre mi asiento, iba a quedarme así hasta que sonara la campana. De reojo, lo vi cruzarse de brazos con obvio gesto de molestia y yo intenté concentrarme de nuevo en la pizarra, en la cual, el profesor comenzaba a listar algunos de los nombres de los mejores escritores del siglo XX.



Aletor

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En el texto hay: romance juvenil, drama, romance amor odio

Editado: 17.01.2019

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